Fútbol

Lyon, ciudad vigilada

El temor a los hinchas del Marsella hace que el efectivo de seguridad triplique al menos al habitual en cualquier partido de la Liga francesa.

Los ultras del Marsella amenazan con destrozar el estadio de Lyon
Los ultras del Marsella amenazan con destrozar el estadio de Lyon

El temor a los hinchas del Marsella hace que el efectivo de seguridad triplique al menos al habitual en cualquier partido de la Liga francesa.

Lyon era ayer todavía una ciudad tranquila, a la espera de la llegada masiva de ultras, especialmente del Marsella, que amenazan con invadir las calles, y algo más, de la ciudad. «Sabemos todo lo que ha implicado este partido, todos los movimientos extrafutbolísticos que ha habido. Ojalá salga todo bien, que sea un buen espectáculo y se hable sólo de fútbol cuando acabe. Lo importante es pasarlo bien y centrarnos en lo futbolístico», admite Godín.

Para eso la prefectura de la región, el equivalente a la delegación del Gobierno, ha preparado un dispositivo policial (más de 1.200 agentes) que «triplica o cuadruplica» el habitual en cualquier partido de la Liga francesa, explica Stephane Bouillon, el prefecto de la región Avernia-Ródano-Alpes. Las amenazas de los ultras del Marsella al presidente del Lyon, Jean Michel Aulas, no merecen menos. «Aulas, vamos a romperlo todo en tu casa», advierten los ultras del equipo marsellés. «No hay que tomárselo en serio, es una broma. Comprendo la inquietud de los lioneses por su contenido, pero cuando cantamos “La Marsellesa”, eso no significa que vaya a correr la sangre», asegura Thierry Aldebert, el responsable de seguridad del Marsella.

«Es una final, es un partido importante, pero también es un momento para disfrutar. Yo espero que todo vaya bien y que no haya problemas. Lo importante es que todo el mundo se lo pase bien, que sea una fiesta del fútbol. Las tensiones se han ido disipando», advierte Steve Mandanda, el portero del Marsella. «Iremos a romperlo todo a casa de Aulas, pero con respeto», había dicho tras clasificarse para la final el central Adil Rami.

La rivalidad entre las dos ciudades, acrecentada durante los primeros años de siglo, cuando el Lyon dominaba el fútbol francés, no ayudan a mantener la calma. Tampoco el último enfrentamiento entre los dos equipos, cuando el Lyon se impuso (2-3) en el campo del rival con un gol en el último minuto. La provocación del defensa lionés Marcelo, que señaló el número tres de su camiseta al abandonar el campo, encontró respuesta inmediata. La bronca terminó con dos partidos de sanción para los lioneses Diakhabi y Marcelo y cinco para el portero, Anthony Lopes, por abofetear a un empleado del Marsella. Rami fue castigado con tres partidos. Después de esos incidentes los presidentes de los dos clubes se enzarzaron en una discusión a través de los medios que han querido rebajar en los últimos días para mantener la calma hoy en las calles de Lyon.

La ferocidad de los hinchas marselleses, sin embargo, no tranquiliza a nadie. El Atlético ya los sufrió hace diez años, cuando los incidentes que provocaron en el Calderón terminaron con uno de sus líderes detenido, Santos Mirasierra, de origen español, y un partido de clausura para el estadio rojiblanco.

La Policía española se ha coordinado con la francesa para que pueda manejar toda la información posible sobre los aficionados españoles desplazados. Las «fan zone» han sido suprimidas y las hinchadas no se encontrarán a no ser que lo busquen de manera deliberada. Y ésa es la parte más preocupante. Los ultras del Marsella aglutinan a más de 25.000 personas, repartidas en seis grupos diferentes que comparten la ideología antifascista y antirracista, la contraria que los ultras del Atlético. Muchos de sus miembros más radicales son de origen árabe, una comunidad muy presente en Marsella. Este año ya protagonizaron incidentes en Bilbao, cuando agredieron con arma blanca a dos miembros de seguridad del Athletic.