Sergio Scariolo: «Hay personas necesitadas de ayuda a la vuelta de la esquina»

Más allá de la cancha, el seleccionador de baloncesto lidera desde hace casi diez años una institución que procura hacer la vida «más llevadera a niños y familias con enfermedades oncológicas».

Sergio Scariolo
Sergio Scariolo

Más allá de la cancha, el seleccionador de baloncesto lidera desde hace casi diez años una institución que procura hacer la vida «más llevadera a niños y familias con enfermedades oncológicas».

La muerte de su padre por leucemia hace casi 20 años llevó a Sergio Scariolo a colaborar con fundaciones vinculadas a la enfermedad. Hace casi diez le convencieron para «saltar a la cancha en primera persona y ayudar a niños y familias con enfermedades oncológicas». Ahí nace la Fundación Cesare Scariolo en honor a su padre. «El objetivo es ayudar a niños de todo el sur de España e incluso del norte de África porque existen personas necesitadas de ayuda a la vuelta de la esquina». Scariolo, que hoy dará la lista para el próximo Eurobasket, presume de «una extensa y apasionada red de voluntarios que ayudan y ven pronto reflejados los resultados de su pequeño o gran esfuerzo».

–¿Cuál es su papel en la Fundación?

–Mi contribución es tener ideas y apoyar con mi presencia los eventos e iniciativas que se lleven a cabo para lograr la financiación de los objetivos más concretos.

–Su madre es presidenta de honor, ¿qué le dijo cuando comentó la idea de crear una fundación en memoria de su padre?

–Ella es muy pragmática y muy directa. Le pareció muy bien porque, obviamente, papá no iba a volver, se hiciera lo que se hiciera, y recordarlo de una forma concreta, que fuera útil a la gente, le pareció una forma inteligente de hacerlo. Era algo que iba más allá del recuerdo y entraba dentro de la acción, que, al fin y al cabo, es lo que importa.

–¿De qué está más orgulloso?

–Es difícil hacer un ranking, como cuando te preguntan por los títulos. Cada momento en que se consigue un objetivo o se logran los fondos para poder llevar a cabo una iniciativa, cada momento en que me llega una foto de felicidad, aunque sea relativa en la mayoría de los casos, es un motivo de orgullo. A mí me llena la sensación de que hay gente que pueda vivir momentos de alegría, o cuanto menos momentos más serenos en una etapa mala de su vida, gracias al esfuerzo que hacemos. Son alegrías que incluso me llegaban cuando estaba en el extranjero, en Rusia o en Italia. Era algo gratificante cuando a veces en mi profesión me llegaba algún disgusto y esos momentos creaban una isla de alivio, de minifelicidad dentro de una noche en la que estaba cabreado por haber perdido o cosas por el estilo.

–¿A cuántos niños están ayudando ahora?

–Es una estadística complicada porque los niños entran y salen constantemente del hospital y de los pisos de acogida.

–De las actividades que organizan, ¿cuál es la que más llega a los niños?

–Nuestra ilusión es organizar viajes a parques de atracciones, además de financiar medicinas, desplazamientos, alimentos, ayuda económica directa... El objetivo principal es regalar una sonrisa a los niños y a sus familias y cuando se les tantea, la respuesta es que quieren ir a lugares como Eurodisney o el Parque Warner. Estamos muy pendientes de lo que nos pidan, somos receptores de deseos. Somos una fundación pequeña y lo que queremos es hacer lo que realmente es útil porque así lo ven los interesados.

–¿Qué siente cuando le comunican que un niño ha superado la enfermedad?

–Es un subidón de adrenalina y de motivación para seguir. No entramos tanto en la faceta científica porque nuestro ámbito de intervención es hacer la enfermedad más llevadera.

–¿Tiran los niños de los padres al conocer la enfermedad?

–Sí y por eso decimos siempre que nuestro «target» son los niños y las familias. El niño tiene una menor percepción de lo que está pasando a diferencia de los padres o los hermanos mayores. Ellos necesitan más apoyo y son los que disfrutan más de ver que durante tres días en un Parque de atracciones, con un día en el fútbol, en el baloncesto, en el cine, en el circo... donde sea, los niños sean niños como cualquier otro y no sean pequeños enfermos.

–¿Ha habido algún caso que le haya marcado especialmente?

–Me gusta que la Fundación se mueva por proyectos concretos. Hace menos de un año, un niño había perdido una pierna debido a la enfermedad y necesitaba una prótesis bastante cara. Conseguimos cumplir con el objetivo y fue una alegría grande.

–¿Es España un país solidario?

–Es complicado llegar a datos objetivos para hacer una afirmación así, pero yo he conocido a mucha gente muy solidaria.

–Hay varios jugadores de la Selección que también tienen fundaciones (Pau, Marc o Ricky), ¿se han interesado en la suya?

–En algún momento he echado mano de ellos, pero intento separarlo porque cada uno tiene su sector de ayuda. Si tú tienes un granito de arena es mejor que lo pongas en una dirección antes de enfocarlo en otras muchas y que se pierda energía. Cada uno tiene su canal de ayuda y cuando no es necesario evito pedirles favores porque bastante hacen con los sectores en los que ayudan.

–¿Son conscientes sus hijos de la existencia de la Fundación?

–Sí, aunque creo que todo tiene su momento. En un primer instante me equivoqué llevándolos al hospital para que vieran casos porque era demasiado pronto. No fue un trauma, pero no estaban preparados para tener ese contacto. Tienen que estar preparados para tomar el relevo de forma progresiva y correcta, cuando realmente les toque.