El Estado de Alarma provoca una factura de 20.000 millones

La magnitud de la caída dependerá del alcance final del Estado de Alarma y de las medidas adoptadas por ayuntamientos y comunidades autónomas

Las consecuencias económicas del Estado de Alarma, aunque dependerán de cómo se aplique, serán enormes. La factura, inevitable por otra parte, podría ascender a unos 20.000 millones si son quince días, aunque esa cifra es solo una estimación. No obstante, si el Gobierno de Sánchez debe prolongar esa situación el coste crecería bastante más y no en forma proporcional sino superior. Un cálculo apresurado, también quizá algo grosero, apunta que si el PIB de España es de 1,24 billones aproximadamente, eso supondría –sin tener en cuenta los efectos estacionales– unos 100.000 millones mensuales o 50.000 en quince días. Una reducción de la actividad del 40%, que es lo que podría ocurrir según las primera y muy provisionales estimaciones, significaría que se dejarían de generar esos 20.000 millones.

El impacto real, sin embargo, sería todavía superior. Aunque tras la crisis hubiera una recuperación espectacular y vigorosa, hay sectores que tienen posibilidades de recuperar la producción e incluso las venta, pero otros no pueden hacerlo. Seat, por ejemplo, ha anunciado que paraliza la producción en Barcelona a partir del lunes. En un momento determinado, con turnos dobles y jornadas extras, podría volver a producir lo que dejará de hacerlo estos días. No es sencillo, pero sí posible, como también es factible que los coches que no se vendan estos días sí lo hagan más adelante, aunque solo sea una hipótesis. Sin embargo, hay otras actividades irrecuperables, sobre todo en el sector de los servicios. Los turistas que dejen de venir a España mientras dure el Estado de Alarma no lo harán después. Son reservas hoteleras, de vuelos, etc, irrecuperables. Ocurre lo mismo con el negocio –la actividad– de bares, restaurantes y medios de transporte. El negocio que se deje de hacer estos días es negocio –actividad– perdido. Un hotel, por ejemplo, no puede ocupar el mes que viene las habitaciones que tiene ahora libres. Lo mismo ocurre con un restaurante o una línea aérea, de ferrocarril o de autobuses. Las comidas que no sirva esta quincena no puede recuperarlas, aunque solo sea porque en el futuro tampoco tendrá capacidad para doblar su oferta, en el caso que tuviera esa demanda. Todo eso, en la práctica, significa un retroceso del PIB. No es que la economía vaya a crecer menos. El problema –quizá inevitable en esta situación– es que va a menguar, a descender.

La magnitud de la caída en este periodo, no obstante, dependerá del alcance final del Estado de Alarma y de las medidas, más o menos complementarias y coordinadas, adoptadas por ayuntamientos y comunidades autónomas. Cuánto mas restrictivas sean, el coste económico será mayor, lo que no significa que en situaciones extremas, como puede ser una pandemia, no se deban adoptar. En cualquier caso, el impacto económico de un parón de este tipo –por ahora de 15 días, pero que sin duda se prolongará– será brutal, pero además apenas será la propina, pagada por adelantado, de una factura que será descomunal si la crisis del coronavirus se prolonga al menos durante dos meses, como apuntan los expertos más optimistas, como podría ser el mismo Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, convertido ahora en un rostro muy familiar para la mayoría de los ciudadanos. La economía española, por otra parte, más allá del Estado de Alerta, tardará tiempo en recuperarse y le costará más que a otras más industriales como la de Alemania. La vuelta a la normalidad no llegará hasta que, entre otras cosas, españoles y sobre extranjeros decidan volver a moverse y, sobre todo a viajar. La economía española era hasta ahora una de las más globales y ahora mismo la globalización está, como poco, suspendida. Algunos tendrán la tentación de liquidarla, pero eso sería letal para un país como España. De momento, el coste económico, en forma de menos PIB del Estado de Alerta va a ser la propina de la factura económica del coronavirus, eso sí, pagada por adelantado. Las medidas son, sin duda inevitables, pero los costes son los que son.