Opinión

¿Por qué se ataca a los frugales?

En lugar de atacarlos sin razón, más nos valdría seguir sus prescripciones de rigor presupuestario

European Council special summit in Brussels
Los líderes de los llamados (países frugales), durante una de las reuniones de la cumbre europea de BruselasDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

Contra el llamado bloque de los frugales –Países Bajos, Austria, Suecia, Dinamarca y a veces Finlandia– se han dirigido numerosas críticas durante los últimos días por no plegarse enteramente a los designios del Gobierno de España. Pero se trata de críticas esencialmente equivocadas.

Primero, se ha acusado a los frugales de no ser solidarios con el Sur de Europa abatido por la pandemia, pero no es así: ninguno de los cinco países frugales se ha negado a transferir dinero de sus contribuyentes a los países afectados, sino que han rechazado hacerlo sin condicionalidad asociada, esto es, sin que los receptores de sus ayudas se corresponsabilicen a volverse autosuficientes financieramente en el futuro.

Segundo, también se los ha tildado de antidemócratas, por no respetar las decisiones soberanas de los parlamentos del Sur de Europa, los cuales no quieren aplicar muchas de las medidas que los frugales les exigen. Pero de la misma manera que España es soberana para negarse a reformar su economía, los Países Bajos o Suecia son soberanos para negarse a transferir dinero a España si esta, soberanamente, no acepta sus condiciones. Que España pudiese imponer su criterio sobre el de Países Bajos o Suecia sí sería un atentado contra la democracia de esas sociedades. Tercero, asimismo se les ha querido colgar el sambenito de antieuropeos, pero semejante calificativo esconde dos trampas. Por un lado, como mucho cabría considerar a estos cinco países como contrarios a la Unión Europea, pero no a Europa: negarse a seguir las directrices de un Estado como la UE no significa oponerse a la sociedad o al mercado europeo; por otro, en realidad estos países ni siquiera se oponen a la Unión Europea (porque ninguno ha planteado que vaya a abandonarla), sino a un modelo específico de Unión Europea caracterizado por la ultracentralización política y la socialización económica de las pérdidas. Cuarto, tampoco es correcto acusar a los frugales de ser paraísos fiscales: aunque quisiéramos encasillar en esa definición a los Países Bajos (y de por sí ya resultaría bastante discutible), los otros cuatro frugales desde luego no encajan en la definición, de modo que emplear ese argumento para descalificar a los frugales in toto resulta manipulador. Y quinto, los frugales tampoco son Estados neoliberales que estén tratando de instrumentalizar la pandemia para impulsar su particular agenda ideológica: el gasto público en Austria y en Suecia es del 48% del PIB, mientras que en Dinamarca y Finlandia supera el 50%. Además, tanto Suecia como Dinamarca o Finlandia están actualmente gobernados por ejecutivos de izquierdas. El debate no es entre izquierda y derecha o entre liberalismo y socialdemocracia, sino entre rigor presupuestario e irresponsabilidad financiera. En lugar de atacarlos sin razón, más nos valdría seguir las prescripciones de los frugales.