¿Compensa más una hipoteca a tipo fijo o variable?

Hasta hace no mucho en España solo mirábamos el corto plazo, sin preocuparnos por futuras subidas de los tipos de interés

Ni el propio Shakespeare podría haber planteado una pregunta más existencial que la que encabeza esta tribuna. Quizás influya la mentalidad hispana, pero lo cierto es que en España hasta hace no mucho más del 90% de las hipotecas se firmaban a tipo variable. Mirábamos solo el corto plazo sin preocuparnos por el hecho de que, en algún momento, ese matrimonio al que nos condenábamos con nuestro banco para los próximos 30 años podría verse afectado por una subida de tipos de interés, con la consiguiente crisis matrimonial que podría suponer no tener recursos suficientes para devolver el préstamo. Es curioso que en cambio en los países anglosajones la proporción de hipotecas a tipo fijo era inversamente proporcional. Un alemán raramente firmaría una hipoteca a largo plazo a tipo variable, con el riesgo implícito de una subida de tipos de interés durante algún momento en la vida del préstamo.

En los últimos años, en España se ha invertido la tendencia y ya más de la mitad de las nuevas hipotecas que se firman hoy son a tipo fijo. Ya se pueden encontrar hipotecas en el mercado a un tipo fijo a 30 años del 1,5%. Las variables, referenciadas al euribor, se pueden contratar con un diferencial de alrededor de un 1%. Sin ser un genio de las matemáticas, está claro que a fecha de hoy el pago mensual de una hipoteca sería menor si esta es a tipo variable. Pero ¿y si los tipos suben a medio plazo otra vez a los niveles anteriores a la crisis financiera de 2008? ¡Houston, tenemos un problema!

En el futuro próximo, las cuotas mensuales de las hipotecas a tipo variable seguirán siendo más bajas que las de tipo fijo, pero a largo plazo es casi seguro que en algún momento del ciclo los tipos suban y, por qué no, a niveles máximos de 2008, cuando alcanzó el 5,393%. Dependerá del perfil de riesgo de cada uno, pero con la oferta actual de tipos a 30 años creo que vale la pena pagar algo más en el corto plazo, y a cambio dormir tranquilo el resto de nuestra vida.

Es evidente que hemos asistido a una japonización de la economía europea durante la última década de la que difícilmente vamos a poder salir. Ya antes de la pandemia el BCE era incapaz de relajar los estímulos de la política económica y navegaba en un terreno pantanoso, con tipos de interés en mínimos históricos consecuencia de que la economía europea no terminaba de arrancar. Y es que, bajo el lema de Draghi heredado por la actual presidenta Christine Lagarde, «Whatever it takes» (haremos todo lo que haga falta), el BCE ha vuelto a echar el resto ante la agravada crisis económica resultante de la pandemia. Los tipos no podrán volver a subir hasta que la economía europea no vuelva a la senda de recuperación y nadie tiene la bola de cristal para saber cuándo sucederá. Dependerá de la evolución de la pandemia, las vacunas, etc., pero en ningún caso podemos esperar que este proceso dure menos de cinco años.

Los bancos venden su ofensiva por los tipos fijos con argumentos como la mayor seguridad para el cliente, el aprovechamiento de tipos bajos a largo plazo, etc. Todo ello es cierto, pero también lo es que se trata de una forma más de materializar la huida hacia adelante que están protagonizando. Ante la perspectiva de que el euribor se mantenga mucho tiempo en negativo, la rentabilidad que obtienen las entidades de las hipotecas y préstamos a tipo variable es mínima. En el entorno actual, al menos durante los próximos años, se aseguran un diferencial más alto con operaciones a tipo fijo; una estrategia más de los bancos para sobrevivir en un entorno con tipos en negativo, con la morosidad ya empezando a subir, con falta de crédito solvente, como lo llamaba Emilio Botín, y con los nuevos competidores no bancarios apretando fuerte.

Ricardo Zion es profesor de Banca en EAE Business School