Las mujeres reivindican su papel en la economía

El número de catedráticas, directoras de tesis y decanas españolas, así como su producción científica ha crecido notablemente en el último medio siglo y son reconocidas internacionalmente

De izquierda a derecha, Ana López, María-Carmen Guisán, Amelia Pérez, Isabel Álvarez, Adoración Mozas y Carmen Marcuello
De izquierda a derecha, Ana López, María-Carmen Guisán, Amelia Pérez, Isabel Álvarez, Adoración Mozas y Carmen Marcuello FOTO: Sandra Poveda Sandra Poveda

«Anna hizo todo el trabajo y yo me llevé la mayor parte del reconocimiento», dijo en una ocasión Milton Friedman, Premio Nobel de Economía en 1976. De esta forma, se refería a Anna Schwartz, con quien Friedman investigó y escribió buena parte de su obra. Pese a ello, ni siquiera fue mencionada por el Comité que selecciona a los galardonados.

Hubo que esperar hasta 2009 para que una mujer se hiciera con el galardón, que en dicho año recayó sobre Elinor Ostrom por su «Teoría de los Comunes». El año pasado volvió a ser otorgado a otra mujer, la francesa Esther Duflo que, además, pasará a la historia por ser la premiada más joven en recibir el premio (46 años).

Aunque las mujeres han estado presentes en la economía, su visibilidad a lo largo de la historia ha sido escasa. Y es que, tradicionalmente, se ha considerado un terreno de hombres. Y como muestra de esta afirmación, un botón. Hasta la mitad del siglo XX, la relevancia de las mujeres economistas era prácticamente inexistente, como también lo era la de su producción científica. Afortunadamente, esta tendencia ha cambiado, especialmente, a partir de la década de los 70, iniciando un proceso en el que paulatinamente han ido ganando notoriedad.

María-Carmen Guisán, profesora Ad Honorem de la Universidad de Santiago de Compostela, en su artículo «Mujeres economistas investigadoras en España, Europa, América y otras áreas geográficas, 1970-2020» publicado en la revista «Información Comercial Española» (ICE), expone cómo en lo últimos 50 años ha habido un incremento espectacular de la producción científica en Economía por parte de mujeres. Actualmente, en la base Ideas/Repec, un proyecto de bases abiertas que organiza los ránking de los mejores economistas del mundo mediante el número de referencias en publicaciones académicas, hay aproximadamente 15.000 investigadoras económicas de todo el mundo, lo que representa el 24% del total de los autores. En el caso de España, en la base están registrados 2.384 investigadores de economía vinculadas a universidades y otras instituciones españolas, de los que algo más de 700 (29%) son mujeres. En cuanto a la Universidad, en 1970, no había ni una sola fémina catedrática ni directora de tesis en las facultades de Economía y Empresa. Medio siglo más tarde, en 2020, su número ascendía a 155. Además, la cifra de directoras que han dirigido cinco o más tesis ha pasado de cero antes de 1980 a 188 en 2020, mientras que la participación femenina en vicedecanatos y vicerrectorados ya alcanza el 40%.

Catedráticos y cargos académicos en las universidades
Catedráticos y cargos académicos en las universidades FOTO: T. Nieto

Llegar hasta aquí no ha sido fácil para ellas. En 1964, Gloria Bengué pasaba a la historia al convertirse en la primera mujer catedrática y, cinco años más tarde, en la primera decana de la universidad española. Una mujer que, sin duda, rompió barreras y marcó el camino a seguir por muchas otras, empezando por la propia María-Carmen Guisán, una de las economistas más relevantes de nuestro país, y la primera doctora en Economía y catedrática de Galicia. Guisán es, junto a la economista estadounidense de origen cubano, actual vicepresidenta y primera economista del Banco Mundial, Carmen Reinhart, la única mujer que se encuentra en el grupo de los cien economistas más leídos, según Ideas/Repec. Es, además, una de las pocas mujeres economistas del mundo que dirige blogs de divulgación de investigación económica internacional en la base Econ-Academics. Destaca también su función como editora fundadora de dos revistas internacionales, incluidas en la prestigiosa base Scopus. Guisán fue toda una «rara avis» en un mundo copado por hombre. Todavía recuerda cuando en 1965 abandonó su tierra natal para ir a estudiar la carrera de Economía a Bilbao. Allí , se encontró una facultad en la que las mujeres estaban en clara minoría, apenas 25 frente a un total de 500 hombres. Pese a ello, nunca se ha sentido discriminada por su condición de mujer, aunque sí como investigadora (como el resto de este colectivo en España). Se queja de las innumerables trabas que se le pone a la investigación en nuestro país y la flagrante falta de recursos que es especialmente dramática en el caso de las ciencias económicas. «Me he sentido mucho más marginada por la Administración que por el hecho de ser mujer», revela. Pese a la falta de fondos, destaca que las investigadoras españolas están al mismo nivel que las de países que cuentan con más dinero para desempeñar su labor, lo que evidencia el mucho talento que existe en nuestro país.

Carmen Marcuello es otra destacada investigadora. Catedrática en el departamento de Dirección y Organización de Empresas de la Universidad de Zaragoza, es, desde 2003, directora del grupo de investigación GESES-Universidad de Zaragoza, y directora de la Cátedra de Cooperativas y Economía Social, Caja Rural de Teruel, así como presidenta del Observatorio Iberoamericano del Empleo y la Economía OIBESCOOP, un grupo de trabajo que pretende reconocer, precisamente, el papel de las mujeres en economía social en España, Portugal e Iberoamérica. Asimismo, es vicepresidenta de CIRIEC España (Centro Internacional de Investigación sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa), cuyo fin es promover la búsqueda de información, la investigación científica y la difusión de trabajos sobre sectores y actividades que tienen como principal finalidad servir al interés general. Tras 30 años trabajando, asegura que siempre se ha sentido bastante considerada en su ámbito de actividad, aunque sí reconoce que la visibilidad de las economistas continúa siendo «mejorable». «Hoy en día, en la Universidad, el número de estudiantes mujeres y hombres es muy equilibrado, incluso, en algunas clases, la proporción de estudiantes femeninas es mayor. También hemos empezado a llegar a catedráticas como consecuencia de un lógico relevo generacional. Sin embargo, en puestos de responsabilidad el número de mujeres es todavía muy inferior», explica.

Carmen Marcuello forman tándem en la dirección de CIRIEC- España con Adoración Mozas, actual presidenta, lo que evidencia esta cada vez mayor relevancia de las mujeres economistas e investigadoras. Mozas es catedrática del Área de Organización de Empresas de la Universidad de Jaén. Ha sido durante ocho años vicerrectora de Estudiantes e Inserción Laboral y, durante cuatro años, directora de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación de la universidad jienense. Tiene en su haber 77 artículos de impacto, 19 libros y 35 capítulos. Ha publicado también «Contribución de las Cooperativas Agrarias al Cumplimiento de los objetivos de Desarrollo Sostenible: Especial referencia al cooperativismo oleícola», fruto de su intervención en Naciones Unidas, reivindicando el papel de la Economía Social y en especial del cooperativismo agrario en la consecución de los ODS.

Amelia Pérez es la decana del Colegio de Economistas de Madrid. Doctora en Ciencias Económicas y vicerrectora de Economía de la UNED, es la primera mujer en ocupar este puesto en la historia del colegio profesional más antiguo de España. Es autora y coautora de numerosas publicaciones y profesora titular de Economía Aplicada en la UNED. Imparte asignaturas de grado, máster y doctorado relacionadas con Introducción a la Economía, Economía Aplicada y Economía de los recursos naturales, del medio ambiente y del agua. Asimismo, es directora de la Cátedra Aquae de Economía del agua (Fundación Aquae-UNED), y codirectora de la Cátedra UNESCO sobre Agua y Paz.

Ana López es la vicedecana 1ª del Colegio de Economistas de Madrid. Fue la primera decana de la historia la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), rompiendo con la trayectoria de liderazgo masculino y demostrando que es posible llevar a buen término un desempeño encabezado por una mujer, abriendo las puertas a otras profesionales.

Afirma que no ha encontrado obstáculos como tales en su carrera por el hecho de ser mujer, pero sí ha percibido que no podido acceder a determinadas oportunidades por no ser tenida en cuenta. «Es una realidad histórica que los economistas están mejor conectados que las economistas y eso hace que su visibilidad sea mayor. Afortunadamente, poco a poco, se va consiguiendo revertir. Y ahí hay que reconocer el efecto positivo de todas las mujeres economistas que han dado un paso al frente y han asumido puestos de responsabilidad», señala. López también destaca que lo importante no es sexo, sino el talento. «Las mujeres forman parte de la sociedad y su talento enriquece la Economía. Sin duda, los mejores equipos están integrados por hombres y mujeres, no necesariamente en idéntica proporción. Lo verdaderamente importante en la profesión de economistas es la capacidad de atraer a las mejores mentes e ideas sin excluir a nadie por cuestión de sexo o género», concluye.

Por su parte, Isabel Álvarez es profesora titular de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid. Doctora en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid y Master en Ciencia, Tecnología y Sociedad por la European Science Society and Technology Association. Actualmente, es la directora del Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI-UCM) y coordinadora del Programa de Doctorado en Economía y Gestión de la Innovación (DEGIN) en la UCM. Considera que, si bien, hoy en día, no hay una gran desigualdad en la distribución de sexos que cursan estudios de Economía, sí la detecta en el ámbito laboral, especialmente si se observa la composición de los consejos de administración y las cúpulas directivas. «El hecho de que hasta ahora los responsables de selección haya sido hombres, unido a las mayores dificultades de las mujeres para conciliar y a la falta histórica de referentes, son algunas de las razones que explicarían la menor visibilidad femenina», añade. También manifiesta que su carrera en la universidad no ha estado exenta de dificultades (como la de otras muchas personas), y recuerda cómo, cuando comenzó su carrera en la Universidad, los departamentos estaban dirigidos fundamentalmente por hombres y eran ellos los que tomaban las decisiones. «Hoy, las agencias de acreditación a los cuerpos docentes universitarios establecen reglas y criterios objetivos para cualquier candidato o candidata. Una mayor presencia femenina nos lleva a abrir más oportunidades a las mujeres. En mi caso, más del 60% de las tesis doctorales que he dirigido estaban realizadas por jóvenes doctoradas», apostilla.

Todas ellas son un ejemplos de profesionales que han contribuido que las economistas ganen notoriedad. Y es que las mujeres en economía ya no son invisibles.

Brecha salarial del 11%
La diferencia entre hombres y mujeres en la universidad no solo tiene que ver con su representación, también con el salario. Y es que la variación entre los emolumentos que reciben asciende al 10,9% de media (a favor de los hombre), según recoge el informe «Brecha salarial de género en las universidades públicas españolas». El documento, que se ha elaborado con los datos aportados por 20 universidades públicas, en una muestra que alcanza al 55% del personal docente e investigador, tiene como objetivo conocer la brecha salarial existente en el sistema universitario, sus características y sus causas con el fin de tomar medidas para reducirla.
«Todos y todas sabemos que las brechas salariales no son sino una expresión más de las dificultades que las mujeres tienen en el desarrollo de su carrera docente e investigadora, de los numerosos obstáculos internos y externos que tienen que salvar para garantizar su estabilización y promoción profesional y de la falta, en muchos casos, de programas de conciliación laboral y familiar para ambos sexos que permitan mantener el ritmo adecuado en el ejercicio docente e investigador», subraya María Antonia Peña, rectora de la Universidad de Huelva.
El informe destaca que el grueso de esta brecha salarial procede, fundamentalmente, de los complementos salariales, donde la distancia alcanza el 16,9% de media. Los complementos constituyen la forma a través de la cual se retribuyen los méritos investigadores y de participación en proyectos o actividades de investigación, formación o gestión. Y son, precisamente, éstos los que terminan convirtiéndose en el mecanismo a través del cual se materializa la discriminación salarial entre hombres y mujeres, según el análisis. Sobre esto último, destaca la brecha del complemento por participación y liderazgo de proyectos de investigación, que es de un 41,4%. Se deduce que los varones tienen un acceso mayor al ingreso de este tipo de complementos probablemente por una menor carga de trabajo en el hogar, y así más disponibilidad para involucrarse en grupos de investigación; pero también porque el acceso a estos proyectos de investigación se facilita desde posiciones más estables y con mejores condiciones laborales.
La brecha del 25,9% generada por los sexenios de investigación, que son el complemento salarial de productividad científica, es de gran importancia para entender la desigualdad de género. Estos sexenios son la herramienta para promocionar a categorías más estables, más altas y con mayores salarios, ya que solo los pueden solicitar el funcionariado de carrera o, en aquellas universidades con convenio con ANECA, los profesores contratados doctores (incluyendo también interinos).
Más allá de este complemento por productividad científica, que en parte da cuenta de la permanencia en la institución universitaria, se añaden otros por antigüedad, como los trienios y quinquenios, que también presentan un alto índice de brecha salarial. No es desdeñable la que presenta el complemento específico asociado a cada categoría laboral, que se eleva al 19,4%, y refleja la presencia mayoritaria de varones en las categorías de catedrático o equivalente, cuyas cantidades son más sustanciosas.
El estudio muestra cómo no hay apenas diferencias salariales al inicio de la carrera del personal docente e investigador (PDI), mientras que, a medida que avanza, en concreto, entre los 30-39 años, la brecha se abre a su máximo coincidiendo con la edad de mayor acceso a la carrera docente. Coincide con la franja de edad en la que mujeres y hombres suelen iniciar proyectos familiares, pero son las primeras las que ven su carrera y sueldo afectados . Con el paso del tiempo, tiende a relajarse y estabilizarse, manteniéndose en torno al 3%. No obstante, la brecha en los complementos es la más significativa en cualquier franja de edad.