El alquimista que logró seducir a Merkel

Luis de Guindos, ante la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo

El todavía ministro de Economía tomó las riendas de un país en ruinas y al borde del rescate, y lo deja con un crecimiento sostenido del 3% y con los mejores datos de exportación y competitividad de la historia. Una hazaña que tratará de repetir como «número dos» de un BCE en plena sucesión

A Luis de Guindos nunca le ha interesado la política. Al menos no esta, la que se escribe en minúsculas. Por eso nunca ha desfilado por la calle Génova camino de uno de los sanedrines que allí se celebran de cuando en cuando. Sin carné que permita el paso a la ejecutiva popular y conocida su alergia a los mítines electoreros, De Guindos es una de esas rara avis tan necesarias y escasas en España: la de los tecnócratas. Sin embargo, De Guindos, encantador de cuna y número uno de entre todos los economistas del Estado de su oposición, ha nadado siempre a contracorriente, haciendo literalmente lo que le roncaba. Por eso, en vez de desarollar toda su vida en la administración pública para tomar luego la puerta giratoria, este madrileño metropolitano se hizo funcionario para desarrollar el primer tramo de su trayectoria profesional en el sector privado. Ni siquiera el hundimiento de Lehman Brothers, de cuya pata ibérica fue responsable con buenos resultados para la filial del banco, pudo con su prestigi,o pese a marcar el arranque de la crisis económica de la que luego se haría cargo. El buen poso que dejó al frente de la secretaría de Estado de Economía durante los dos últimos años del Gobierno de Aznar hizo el resto. Sin enemigos notables, su capacidad afable y negociadora contó otro tanto. Había que evitar el rescate de España a toda costa y para ello era necesario cautivar a Alemania. A Merkel y a alguien más rocoso aún: su teutónico ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble, a quien supo convencer de los duros sacrificios y reformas emprendidas. Cogió las riendas de un país económicamente en ruinas y lo deja creciendo al 3% tres años seguidos. Más competitivo y exportador que nunca. Pura alquimia matemática. O un milagro.