El BCE ultima el plan para retirar el billete de 500 euros

Intentará sortear mañana las reticencias de Berlín para suprimirlo en 2018

Billetes de 500 euros
Billetes de 500 euros

Mañana, el BCE decidirá si firma la sentencia de muerte del billete de 500 euros, el más valioso de la gama euro, que podría retirarse de la circulación completamente a partir de 2018.

Mañana, el Banco Central Europeo (BCE) decidirá si firma la sentencia de muerte del billete de 500 euros, el más valioso de la gama euro, que podría retirarse de la circulación completamente a partir de 2018. Casi desde su puesta en circulación, hace 14 años, este billete de color morado arrastra la mala fama de estar relacionado con actividades delictivas, tales como la financiación al terrorismo o el «blanqueo» de dinero, por las oportunidades de ser transportado y ocultado con facilidad que ofrece este pequeño papel de altísimo valor. «Es una herramienta para actividades ilegales», arguyó Mario Draghi, el presidente del BCE, dando la razón a la Comisión Europea (CE), que ya denunció en febrero la estrecha relación del billete con la criminalidad organizada.

Sin embargo, este argumento no ha convencido a todos los gobernadores de los bancos europeos y, en especial, a parte de los economistas alemanes. Es el caso del jurista Carl-Ludwig Thiele, uno de los miembros del Consejo del BCE, quien comenzó hace semanas una cruzada contra la abolición del billete. Tacha las razones esgrimidas por Draghi de «poco convincentes» y ve este «primer paso para la retirada gradual del dinero en efectivo» una seria limitación y amenaza de «la libertad del ciudadano». «En países donde ya hay un límite de dinero en efectivo, como Italia o Francia, el crimen no es proporcionalmente menor», arguyó, añadiendo que «los criminales siempre pueden recurrir a una moneda extranjera o usar medios alternativos de intercambio para sus acciones delictivas». Otro economista de peso que se muestra escéptico es el jefe del Bundesbank (Banco Central Alemán), Jens Weidmann, que advierte de que la supresión de estos billetes «podría dañar la confianza general del ciudadano en la moneda única». También políticos como el democristiano Markus Ferber muestran reticencias. «Hoy es el de 500, pero mañana habrá un proyecto de ley contra el de 200. El efectivo está amenazado», manifestó al respecto.

Costes de sustitución

Otra de las razones a favor de aquéllos que se oponen a que este billete esté viviendo sus últimas horas es de tipo económico. Aunque sólo un 3% de los billetes son de 500, todos los que están en circulación tendrían que ser sustituidos por otros de 200 y 100 euros. Estos costes de impresión, logística y distribución, según analistas germanos, supondrían un gasto no menor a 500 millones de euros, «de los cuales, Alemania tendría que asumir una cuarta parte», arguyó Thiele.

En cualquier caso, no sorprende que Alemania se muestre reacia a prescindir de este billete; históricamente, siempre ha contado con instrumentos en efectivo de gran valor, como el de 1.000 marcos (levemente superior al de 500 euros), uno de los más altos del mundo. Con la despedida del billete morado, una parte de la historia económica en Alemania desaparece.

Esta medida de retirada ha originado todo un debate en la primera potencia económica europea. Curiosamente, el influyente ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, uno de los mayores críticos con la política económica que sigue el BCE desde que Draghi está al mando, no se ha opuesto a la medida. No sólo eso, sino que ha anunciado que podría adoptar también una disposición a nivel nacional: la limitación de las transacciones en efectivo en Alemania hasta un máximo de 5.000 euros, algo que ya se lleva a cabo en países como Italia, que fija 3.000 como límite más alto.

A pesar de los opositores, todo parece indicar que este 4 de mayo se firmará la carta de despido del más importante de los siete billetes del euro. Incluso Draghi ha declarado que ya están en marcha las preparaciones técnicas para este cambio. Las decisiones sobre el euro son competencia exclusiva del BCE, por lo que, a pesar de la oposición del Bundesbank alemán, sus declaraciones no son vinculantes para actuar en contra de una prohibición, una vez sea aceptada por el Consejo central.