El saqueo de las cajas

Miguel Blesa y Gerardo Díaz Ferrán
Miguel Blesa y Gerardo Díaz Ferrán

Créditos millonarios a discreción a los intocables miembros de los consejos de administración, sus familiares y empresas vinculadas. Tarjetas de crédito personales ilimitadas y fuera de control con cargo a las cuentas de las respectivas cajas de ahorro. Ingresos desmesurados, indemnizaciones que superan los 100 millones de euros desde el inicio de la crisis, viajes exclusivos de una semana para los consejeros y sus familiares, patrocinios imposibles en regatas, torneos de golf, tenis... Villas de lujo a disposición de los directivos, familiares y «amigos», comilonas pantagruélicas con cargo a unas entidades sin dueño en las que casi todo estaba permitido.

El propio Blesa renegaba de su coche oficial, un BMW serie 7 de más de medio millón de euros. «No es lo más cómodo del mundo», llegó a decir.

Eran los tiempos de las retribuciones de hasta ocho millones de euros a los directivos de Caixa Galicia, que disfrutaban de las regatas estivales en un velero de dos millones de euros. Por entonces, sus directivos se daban el lujo de viajar por el mundo para «explorar» nuevas posibilidades de negocio y preparar la expansión internacional de la caja gallega que nunca acababa de llegar. Mientras el ladrillo estrangulaba a la entidad con un 70% de sus activos en la construcción, su consejo de administración viajaba al menos una vez al año en compañía de sus familiares a los más exclusivos hoteles de las principales capitales del mundo.

Con la fusión con Caixanova, la otra caja local, los directivos de la entidad resultante se lanzan a buscar inversores en viajes a todo tren, donde se sacan tres billetes de vuelta para dejar abierto su regreso. Pese a las dificultades que atraviesa Novacaixagalicia, sus directivos prosiguen el saqueo con ayudas de hasta 4.000 euros para el alquiler de sus casas.

Esos mismos directivos cobraron 40 millones de euros en concepto de indemnización cuando tuvieron que abandonar la entidad al tomar su control el Estado por la quiebra técnica de la caja.

Hoy la Fiscalía Anticorrupción pide penas de cárcel para cinco de sus ex directivos por apropiación indebida, el mismo delito que afronta el ex presidente de Caixanova, Julio Fernández Gayoso.

En la misma situación se encuentran tres directivos de Caixa Penedès, con su ex presidente Ricard Pagès, por cobrar más de 20 millones en concepto de pensiones e indemnizaciones.

El despilfarro de la CAM le ha costado a su ex presidente, Roberto López Abad, y a su ex directora general, María Dolores Amorós, la apertura de una investigación de la Audiencia Nacional por conducta dolosa. En los años de bonanza, la Caja de Ahorros del Mediterráneo se gastaba hasta 2,5 millones de euros en mantener su velero y su equipo de regatas, y varios millones más en los viajes con los que se «obsequiaban» sus consejeros. Sólo los gastos de representación, asesorías dudosas, informes externos, patrocinios e invitaciones a «personalidades» varias le costaban a la CAM decenas de millones al año.

Por las mismas fechas, con Juan Pedro Hernández Moltó al frente, se concedían 267 millones en préstamos a empresarios afines. La instrucción en la Audiencia Nacional contra sus directivos se prolonga ya desde hace tres años.

La ley de cajas impulsada por el Gobierno pondrá fin al saqueo que ha llevado a 100 ex directivos ante la Justicia. Las entidades deberán centrarse en prestar a los ciudadanos y pymes dentro de su ámbito territorial. Sus directivos, menos y más controlados por el Banco de España, serán nombrados por criterios profesionales.