Europa, 30.000 millones más en Defensa

Sólo cuatro países europeos alcanzan el nivel de gasto en la OTAN comprometido

La Razón
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Trump prometió en campaña reducir la aportación de Estados Unidos a la OTAN si el resto de países del bloque no aumenta sus gastos hasta el 2% del PIB.

Trump prometió en campaña reducir la aportación de Estados Unidos a la OTAN si el resto de países del bloque no aumenta sus gastos hasta el 2% del PIB. La media europea se encuentra en el 1,46%, por lo que el incremento de la inversión durante la próxima década debería ser bastante significativo.

Tras la matanza de Berlín, el atentado perpetrado en el Club Reina de Estambul y reivindicado por el Estado Islámico volvió a desatar el pánico y a poner de relieve la necesidad de incrementar la cooperación militar. Europa recibe 2017 en guerra contra el yihadismo. Y el mandato de Donald Trump podría obligar a articular una nueva política de Defensa, ya que el nuevo inquilino de la Casa Blanca se comprometió a revisar las obligaciones de Estados Unidos ante la OTAN, si el resto de miembros no aumenta sus gastos en el bloque hasta el 2% de su PIB.

Los cada vez más frecuentes ataques yihadistas y los conflictos geopolíticos que podrían originar las convulsas relaciones con Rusia suponen amenazas potencialmente graves para Europa, que debe invertir 30.000 millones de euros en Defensa durante la próxima década, a razón de un 2% de crecimiento anual de sus presupuestos para Ejército. De esta manera, la media de gasto de los países europeos que forman parte de la OTAN (actualmente en el 1,46% del PIB) iría acercándose gradualmente hasta el objetivo de forma compatible con la estabilidad presupuestaria. Impedir que el blindaje de los países europeos en materia de seguridad se resquebrajara si el presidente electo de EE UU retirara recursos para la financiación de la Alianza Atlántica constituye un desafío irrefutable.

La inversión debería destinarse a la dotación de infraestructuras militares. Y más allá de la modernización del equipamiento, uno de los puntos esenciales es el desarrollo de las redes de telecomunicaciones e inteligencia cibernética. De hecho, un informe publicado recientemente por el Instituto Español de Estudios Estratégicos señala que éstos son elementos fundamentales en la que será la nueva Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD) que en este momento está negociando la Unión Europea.

Plan de contingencia

Es una tarea que, a juicio de Sebastián Puig, economista y analista en materia de estrategia, requiere un esfuerzo cooperativo y concertado para mejorar la interoperabilidad, eficacia, eficiencia y confianza, potenciando los resultados del mero gasto. «Es el único camino para contar realmente en el panorama geoestratégico global del futuro», agrega.

Del último análisis de Naciones Unidas sobre gastos militares se desprende que la tendencia mundial es hacia el incremento de los presupuestos, tal como reflejan potencias de la talla de Japón o China. Y, en este escenario, una de las zonas clave para garantizar la seguridad mundial es el Viejo Continente, que ya ha comenzado a expandir su gasto en Defensa. Concretamente, según los datos publicados por el Centro Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), en 2015 se produjo un aumento del gasto de un 13% en Europa Central, fundamentalmente en Alemania, Austria y Polonia.

Aunque nadie sepa qué hará Trump, su elección obliga a desarrollar un plan de contingencia en Europa que recoja un aumento de la inversión en Defensa. Un mayor gasto militar en el Viejo Continente es importante para el vínculo trasatlántico, para un reparto de la carga más justo entre Europa y Estados Unidos y para una adaptación de la OTAN a un entorno de seguridad más exigente.

Fuentes consultadas por LA RAZÓN recuerdan que la seguridad de los países del bloque depende en exceso de EE UU. Máxime, en cuanto a la voluntad se refiere. Y añaden que ésta es inexistente en Europa y que debería residir en individuos o países concretos, no en comités. Asimismo, lamentan que falten medios de inteligencia, logísticos y de despliegue.

Son muchos los expertos que sostienen que para que el proyecto europeo no quede en agua de borrajas, tras la unión monetaria en la eurozona debería acometerse una unión fiscal y política. Y es que, sin ésta, la unión militar no tendría ningún sentido. Dotarse de carros de combate, barcos o aviones no merecería la pena si no existe una dirección que decida. «El Ejército sólo sirve cuando hay voluntad política de actuar», apostillan.

Europa pretende reforzar su flanco militar y pagar por su propia seguridad. Los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa de los países comunitarios se reunieron en Bruselas para estudiar la creación de un fondo y esbozar un mando único capaz de tomar iniciativas. Es más, muchos analistas instan a formar un ejército común. Y, en aras de revitalizar la cooperación en Defensa, la Comisión propuso establecer un fondo de 5.000 millones de euros y levantar las leyes que impiden que el presupuesto de la UE y su banco de desarrollo inviertan en investigación militar.

Los cinco primeros países del espacio de defensa europeo (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y España) concentraron en 2015 más del 80% del esfuerzo europeo en Defensa. Pero en materia de equipamientos, la concentración es todavía mayor, porque los cinco primeros países europeos en ese gasto (Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Polonia) concentran el 85% del gasto, que escala hasta el 94% sumando los dos países siguientes, España y Holanda.

La OTAN funciona gracias al liderazgo de Estados Unidos, que destina más de 650.000 millones de dólares anuales, más del doble que el resto de los 27 países miembros, pese a que la suma de su PIB supere al estadounidense. Y el tutelaje que en cierta medida ejercen los norteamericanos desde 1945 no sólo ha sido criticado por Trump, sino que los demócratas Hillary Clinton y Bernie Sanders también lo pusieron de relieve durante la pasada campaña electoral.

Un porcentaje significativo de los miembros del bloque ni siquiera contribuye a su financiación en la medida en que les correspondería por su peso dentro de la organización. Así, mientras que EE UU gasta el 3,61% de su PIB, España no alcanza ni el 1%. Pero es que sólo cuatro países europeos –Grecia, Polonia, Estonia y Reino Unido– cumplen sus compromisos.

La integridad territorial de Europa requiere un incremento de las inversiones en Defensa. Tal y como subraya Malcolm Knight, es el «dividendo» o precio que los países deben pagar por la paz y la seguridad, en el marco de un mundo globalizado y de una estrategia común hacia la que se encamina el bloque. En este sentido, no son pocas las voces que reclaman una independencia cada vez mayor de EE UU y un plan ajeno a lo que se pueda acordar en el seno de la Alianza Atlántica.

CIBERSEGURIDAD

El aumento de la tensión entre EE UU y Rusia por los casos de ciberespionaje se saldó con la expulsión de una treintena de diplomáticos rusos. En el seno de la UE se están tomando muchas iniciativas en esta materia, porque se ha constatado la falta de capacidades. De hecho, para 2020 Bruselas ha propuesto un fondo de 1,8 billones de euros para invertir en I+D en ciberseguridad. Guillem Colom, codirector de Thiber, afirma que, desde un punto de vista más militar, «el ciberespacio es uno de los cinco dominios, junto a tierra, mar, aire y espacio».

El ciberespacio tiene una importancia estratégica a la hora de garantizar la seguridad de un país. Si la seguridad «clásica», vinculada principalmente con la defensa territorial, se lograba defendiendo las fronteras, el espacio aéreo y las costas con medios terrestres, navales y aéreos; más adelante, con el fin de la Guerra Fría, se comprobó que para garantizar tu propia seguridad también era necesario proyectar estabilidad a las zonas limítrofes. Ahora, la dimensión espacial carece de sentido por la posibilidad de ciberatacar un país desde cualquier parte del planeta. Por ello, el ciberespacio es fundamental para garantizar la seguridad nacional, no sólo desde un punto de vista militar sino para el normal funcionamiento de la sociedad.

En España, Colom revela que los tres ejércitos han creado sus propios mandos específicos y el Mando Conjunto de Ciberdefensa (MCCD), que en 2015 contó con un presupuesto superior a los dos millones de euros, que deberían destinarse al apoyo ciber al planeamiento y conducción de operaciones conjuntas.

Internet puede ser un aliado para el Ministerio de Defensa, pero también un enemigo. Y es que si por una parte permite mejorar las comunicaciones estratégicas, clarificar las informaciones y adelantarse a los ciclos informativos de los medios de comunicación en vez de adoptar una postura reactiva; por el otro, presenta riesgos debido al mal uso que pueden hacer los militares, tanto los que se hallan en territorio nacional como los desplegados, a la hora de blindar la seguridad de las operaciones. «Lo que ponen en las redes sociales o los servicios de mensajería puede comprometer el desarrollo de las operaciones». Finalmente, el codirector de Thiber resalta que la conexión de todos los sistemas entre sí incrementa sustancialmente el potencial militar.

10.000 millones de España

La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, se ha comprometido a recuperar «músculo económico» en el departamento que dirige, tras años de ajustes presupuestarios. De hecho, su pretensión es cumplir el compromiso adquirido, hace algo más de un año, por los países aliados en la cumbre de Cardiff, de ir subiendo el gasto militar en los próximos 10 años hasta alcanzar, como mínimo, el 2% del PIB.

Las tropas españolas desempeñan un papel importante en la coalición contra el Daesh. No obstante, han sufrido una merma de los recursos destinados a su sustento de 2.100 millones de euros desde el primer plan de ajuste presupuestario de 2010.

España dedica actualmente el 0,91% de su PIB a la OTAN. Pero en esta nueva coyuntura, en la que el crecimiento económico supera el 3%, el presupuesto para Defensa podría aumentar hasta alcanzar ese 2%, acordado en reuniones previas, durante la próxima década. Así, excluyendo el gasto en pensiones, las Fuerzas Armadas españolas necesitan duplicar los 10.000 millones actuales de dotación presupuestaria para cumplir con las directrices de la Alianza Atlántica. «España debe aumentar sus presupuestos en Defensa para ser un socio fiable». Las fuentes consultadas recuerdan que otros países aportan dos y tres veces más.

A la espera del Proyecto de Presupuestos para 2017, Defensa ha visto incrementada levemente su partida de gastos generales en un 0,4% durante el último año, 494 millones de euros en inversiones y con un límite máximo mayor de tropa y marinería de 79.000 efectivos.

La partida presupuestaria de España en Defensa ha caído en los últimos años como consecuencia del necesario ajuste para intentar cuadrar las cuentas públicas. Pero ahora es probable que comiencen a verse fórmulas similares a la de Francia, que en boca de su antiguo primer ministro, Manuel Valls, pidió a la Comisión –tras los atentados terroristas de París– que el gasto militar no computara a efectos de lograr los objetivos de déficit público.