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Jerusalén, la nueva cuna de «start-ups»

  • Trabajadores de la «start-up» Screenshop en el centro tecnológico para ultraortodoxos BizMax, en Jerusalén
    Trabajadores de la «start-up» Screenshop en el centro tecnológico para ultraortodoxos BizMax, en Jerusalén

Tiempo de lectura 8 min.

30 de abril de 2018. 10:57h

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Goyo G. Maestro Madrid. 30/4/2018

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¿Puede convertirse Jerusalén en una ciudad tecnológica al estilo de Tel Aviv? Un puñado de inversores, emprendedores y diseñadores recién salidos de la Universidad lo están intentando. Quieren transformar el paisaje empresarial de esta vieja ciudad con 3.000 años de historia en un eje tecnológico para atraer a profesionales de todo el mundo. Para Jerusalén, crecer a la sombra de Tel Aviv, que alberga 2.000 «start-ups» (empresas tecnológicas emergentes) no es un reto sencillo. Dos tercios de la población jerusalemita son ultraortodoxos (centrados en el estudio de la Torá) y árabes, cuya participación en el mercado laboral es especialmente baja.

Jerusalén no tiene actualmente el gancho ni la vida social de cafés y tiendas «chic» que existe en Tel Aviv, donde se pagan sueldos astronómicos a los creativos, pero cada vez más de sus aulas salen talentos capaces de crear empresas como Mobileye, comprada el año pasado por Intel tras pagar 14.000 millones de euros. Poco a poco la ciudad está generando un ecosistema atractivo para la innovación tecnológica con ayuda de inversores, instituciones públicas y la Universidad Hebrea, de donde salen emprendedores como Zee Farbman, uno de los fundadores de Lightrick. Su compañía es la creadora de Facetune y otras aplicaciones fotográficas que están entre las más compradas en su segmento por los usuarios en Apple.

Farbman y su equipo querían un lugar tranquilo para trabajar y en Jerusalén lo encontraron. El cuartel general de esta empresa, situada junto a la universidad, huele a tomillo, hierbabuena y albahaca. Este entorno de plantas aromáticas y canales por donde fluye el agua refleja fielmente las aspiraciones de los fundadores. La Universidad de donde salió esta «start-up» creó hace años una incubadora para empresas tecnológicas con alojamientos para los estudiantes emprendedores. «Queríamos un espacio en el que pudiéramos encontrar paz mental», asegura Farbman, en cuya empresa trabajan más de 110 personas.

En Regus, una multinacional con 1.500 centros de oficina en todo el mundo, el directivo Yifat Cohen explica que la industria tecnológica está experimentando un gran crecimiento en Jerusalén, y que el ayuntamiento «está ayudando para hacer de la ciudad una nueva Tel Aviv». El centro de «co-working» de Regus en la ciudad acoge a decenas de «start-ups» como Weride, donde han desarrollado una nueva aplicación internacional que permite a los estudiantes transformar sus vehículos en servicio de transporte. «En Israel trabajamos con taxis y en España estamos empezando a contactar con estudiantes que quieran generar dinero con su coche para que se registren en esta aplicación y así otros estudiantes puedan contactarlo y usar su vehículo», explica Florencia Cabuli, de Weride.

Uno de los arquitectos del modelo que tanta fama le ha dado a Israel es Erel Margalit. En 1993 fundó Jerusalem Venture Partners (JVP), un fondo de capital riesgo que ha sido el vivero de muchas compañías tecnológicas. En la sede de JVP, situada cerca de las viejas murallas de la ciudad, Margalit argumenta con el ímpetu de un visionario y el carisma de un político, no en vano fue diputado entre 2012 y 2017. Margalit habla de abrir oportunidades para la innovación y generar puestos de trabajo impulsando la cultura y la educación. Defiende que la colaboración empresarial en la región puede ayudar a rebajar las tensiones sociales y políticas: «Si la pobreza crece, también crece el extremismo», asegura ante un grupo de periodistas europeos invitados por EIPA (Europe Israel Press Asociation). Utilizando la metáfora de Margalit, eso significa crear puentes y pone como ejemplo la sanidad: «Hay muchos trabajadores sanitarios en Israel que son árabes. La innovación contribuye a la integración», defiende este emprendedor, que sostiene que Jerusalén se sitúa entre los 28 ecosistemas más innovadores del mundo.

Uno de sus retos es reducir la brecha social en el interior del país. Según las cifras que maneja, el 21% de Israel vive en la pobreza. Si Tel Aviv alcanza una renta per capita de 44.000 dólares hay zonas en el sur del país, a tres horas en coche, donde la renta disminuye hasta a 27.000 dólares. Por eso, su sueño actual es crear siete zonas de excelencia. Pone como ejemplo Galilea, donde alimentación, agricultura e innovación forman parte de una fórmula novedosa para desarrollar esta industria: «Hay productos locales que ayudan a curar enfermedades. Así que tenemos que desarrollar ese campo mucho más». Para Margalit, la innovación es uno de los idiomas de la diplomacia. «Si no tienes innovación los jóvenes no van hacia tí. Mira lo que pasa con Italia, tiene cosas fabulosas, pero todo es del pasado. Ahora no innova».

Jerusalén-Star ups

Uno de los fenómenos de más éxito en el campo tecnológico de Jerusalén ha sido Orcam, una «start-up» fundada en 2010 por el ingeniero informático Amnon Shashua. Su suegra tenía falta de visión y esta experiencia le empujó a desarrollar una solución para los invidentes. Shashua se unió a Ziv Aviram y reclutaron a un grupo de diseñadores que logró desarrollar en el parque tecnológico Har Hotzvim un dispositivo que lee todo tipo de textos, reconoce caras y productos.

El aparato va adherido a las gafas y transmite al usuario un mensaje de voz mediante un auricular dirigiendo la mirada hacia un punto o señalando con el dedo. A España llegó el año pasado con un coste de 3.500 euros. Para impulsar los dispositivos Orcam, Shashua y Aviram se apoyaron en la tecnología que desarrollaron en Mobileye, una empresa dedicada al estudio de la inteligencia artificial y a desarrollar software para vehículos autónomos, que fue comprada por la multinacional Intel. Aunque Tel Aviv es el centro de operaciones preferido por las firmas extranjeras, Rafi Fischer, responsable de comunicación de Orcam, asegura que su empresa «quiere atraer el talento de Tel Aviv a Jerusalén, que poco a poco se está poniendo al mismo nivel».

Actualmente, la capital de la discordia alberga dos centros tecnológicos en sus extremos norte y sur, una docena de aceleradores y centros de trabajo compartidos. De acuerdo con el buscador Start Up Nation Centraly, Jerusalén tiene 359 «start-ups». Además, dentro de poco tiempo dispondrá de un tren de alta velocidad que llegará a Tel Aviv en 28 minutos, abriendo así un corredor para conectar con el principal «hub» tecnológico del país.

Israel ha logrado generar más empresas de innovación tecnológica que otras naciones altamente industrializadas. Es el orgullo de este país que acaba de cumplir 70 años. Uno de los teóricos de este fenómeno es el periodista Saul Singer, en cuyo libro «Start Up Nation. La historia del milagro económico de Israel» diseccionó los causas de la creatividad y el éxito israelíes aplicados a la innovación tecnológica. «Al final todo el mundo tiene ideas, pero esa no es la clave», explica Singer. A su juicio, el servicio militar obligatorio de tres años, en un entorno de conflicto constante como es Oriente Medio, contribuye a educar a los jóvenes israelíes en la toma de decisiones rápidas bajo situaciones de peligro extremo. Desde que se publicara su famoso libro en 2009, la geografía de las «start-ups» ha cambiado mucho, afirma. Lo que permanece inalterable –añade– es la creatividad que hay en este pequeño país: «Israel es una fábrica de soluciones», proclama. También se refiere a las limitaciones que los gobiernos en lo tocante a la innovación tecnológica: «Los gobiernos trabajan desde arriba, y las start-ups desde abajo».

En Jerusalén, como en otras ciudades israelíes, el apoyo del Ayuntamiento y el trasvase entre la universidad y la empresa están a la orden del día. Este pujante escenario se ve complementado con el apoyo de la Autoridad para el Desarrollo de Jerusalén y varias organizaciones no gubernamentales. Tampoco escapa el hecho de que la inminente mudanza de la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv a esta urbe milenaria «tendrá efectos positivos» en términos de inversión, añade Yifat Cohen, de Regus. Para terminar, una reflexión de Jonathan Caras, fundador de Screenshop: «Jerusalén ha sido una parte esencial del pasado de Israel y ahora se está convirtiendo rápidamente en el eje de su futuro tecnológico».

Ultraortodoxos que innovan

Los israelíes ultraortodoxos, los Haredi, también se están incorporando a la industria tecnológica. Es todo un logro para una comunidad (representa el 10% de la población) que no trabaja ni hace la mili en un país donde es obligatoria. Tradicionalmente se dedican a los estudios de los textos religiosos. Desde hace más de un año, tienen un centro de formación y tecnológico en Jerusalén llamado BizMax, donde reciben formación básica de informática, cálculo e inglés. También sirve de semillero para nuevas empresas tecnológicas dirigidas por ultraortodoxos como ScreenShop, la primera aplicación que al introducir una foto o una captura de pantalla de un «look» localiza dónde se pueden comprar las prendas de la imagen. El proyecto le gustó tanto a la superestrella Kim Kardashian que se convirtió en asesora y financiadora de esta «start-up» fundada por

Jonathan Caras. Este joven diseñador está enamorado de Jerusalén: «Esta es la joya oculta de la innovación de Israel. Su escena tecnológica se apoya en muchos inmigrantes que llegaron aportando su conocimiento, experiencia y capacidades. Desde que entré a formar parte de este sector hace más de diez años he sido testigo de primera mano del increíble crecimiento y potencial de esta ciudad».

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