José Moro Espinosa: «Hay que ser abiertos y catar con los ojos cerrados»

Presidente de Bodegas Emilio Moro

De casta le viene. Su familia lleva más de un siglo dedicada al mismo negocio. Es la mejor tarjeta de presentación para entrar en la excelencia. Un objetivo que José Moro, el presidente de las Bodegas Emilio Moro, busca con pasión cada día. Es un enamorado de su oficio que, desde pequeño, ocupó el tiempo que otros dedicaban a dar patadas al balón. «Mi padre me transmitió el amor al vino. Me enseñó a podar, a trasegar... En definitiva, a aprender todos los procesos para la elaboración del vino. Desde muy pequeño. Entonces tenía envidia de los niños de mi edad que se dedicaban a otros juegos. Pero ahora se lo agradezco».

Dirige un grupo con dos bodegas, Emilio Moro y Cepa 21. Cada una con su propia personalidad. La primera, de estilo más tradicional, está en Pesquera del Duero. Cepa 21, a 17 kilómetros, en Castrillo de Duero, está más orientada al norte, con clima más frío y menos horas de sol, lo que provoca características diferentes en el producto. Cada parcela, cada cepa, se cuida con mimo, se analiza en todos sus parámetros. Se le otorga, en definitiva, un trato personalizado. Sólo así se logra un vino excepcional.

La producción se sitúa en 1,3 millones de botellas en Emilio Moro y unas 600.000 en Cepa 21. El vino estrella es Clon de Familia, que cuesta en bodega unos 200 euros botella y cuyos beneficios se dedican íntegramente a la Fundación Emilio Moro. Pero también los hay mucho más baratos, como el Finca Resalso, de unos 6 o 7 euros.

-¿La crisis ha afectado mucho a vuestro negocio?

-Actualmente estamos facturando cifras similares a las que conseguíamos en 2007, antes de la crisis. Pero esta situación nos ha servido para salir al exterior y exportar. Ahora vendemos el 30% del producto fuera de España, en más de 60 países. En Estados Unidos, donde tenemos 25 distribuidores; en Suramérica, con grandes crecimientos en México, Colombia o Perú; en Europa o en el mercado asiático. Allí no hay una tradición de beber vino entre la clase media, pero hay que estar presente porque, si cala la cultura del vino, será un mercado muy interesante.

-¿Los controles de alcoholemia están perjudicando al consumo de vino?

-Sí, mucho. Antes se bebía más alegremente y ahora se impone la moderación. No es malo. Porque el vino, en una cierta proporción, resulta muy saludable. No está catalogada como bebida alcohólica y está demostrado que un par de copas en cada comida o cena son buenas para la salud y levantan el espíritu.

-Los españoles ¿somos grandes consumidores de vino?

-No demasiado. Cada vez se bebe vino de mejor calidad, pero nuestro consumo por habitante y año se sitúa en unos 16 litros, muy por debajo de otros países, como Francia, donde está en 47 litros. Y debemos hacer un esfuerzo por llegar a ser la bebida de los más jóvenes, que hoy prefieren la cerveza u otros productos en lugar del vino. No podemos perder esta batalla.

-¿Cómo es el nivel de nuestros vinos en el panorama mundial?

-Los vinos españoles tienen un nivel muy alto. Si exceptuamos a los grandes «tops» franceses, estamos entre los mejores. A la cabeza en la relación entre calidad y precio.

-¿Cómo ha salido la cosecha 2013?

-En la Ribera del Duero ha sido una cosecha muy atípica. No he conocido otra igual. La maduración fenólica, la que se refiere al fruto, ha ido por delante del grado alcohólico, con lo cual no se ha dado el habitual equilibrio. Por ello, creo que va a salir un vino que, por su complejidad, va a resultar excitante.

-¿Rioja o Ribera?

-En ambos sitios se hacen vinos verdaderamente excepcionales. Son las dos grandes regiones vinícolas de España.

-¿Ribera o Burdeos?

-Ribera, siempre.

-¿Y de otras partes del mundo, como Suráfrica, Chile, Argentina...?

-Amo el vino por encima de todo. Y cuando un vino me demuestra su alma, me convence. No importa de dónde proceda. Hay que tener una mentalidad abierta y catar con los ojos cerrados. El paladar no entiende de nacionalidades.

-¿Siven los tapones de silicona?

-No sirven cuando estamos hablando de un vino de calidad. Un vino debe continuar su evolución en botella y, para ello, necesita filtrar micromilésimas de oxígeno. Por eso es necesario el corcho.

-¿Que opina de las denominaciones de Origen?

-De forma absoluta, ayudan, ya que debe existir una regulación para mantener la calidad. De todas formas, las normas deberían evolucionar para adaptarse a las características de cada bodega o de cada vino. Porque cada una es un mundo. Hay algunos vinos que deben estar en barrica más tiempo que otros para envejecer. Y también depende de la antigüedad de las barricas en las que se guarde. De todas formas, creo que los vinos españoles deberíamos salir a los mercados exteriores con una sola bandera, la de vinos de España, como hacen los franceses o los italianos. Ahora hacemos cada uno la guerra por nuestra cuenta y no unimos fuerzas.

-¿Quedan advenedizos en el negocio?

-Con la situación económica anterior a la crisis llegaron de otros sectores a invertir en bodegas. Era elegante, estaba de moda. Pero muchos se han quedado en el camino. El consumidor español es muy conservador y busca la tradición en las bodegas, el saber hacer, la pasión en el producto... y eso sólo se logra con años de historia. Quienes tienen esa tradición consiguen el reconocimiento del público.