Economía

La empresa: el camino para salir de la violencia de género

Los expertos coinciden en que la seguridad laboral es la manera idónea de romper la dependencia con los agresores y mejorar las vidas de las víctimas.

Los expertos coinciden en que la seguridad laboral es la manera idónea de romper la dependencia con los agresores y mejorar las vidas de las víctimas.

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El 11 de octubre de 2018, el Ministerio de Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad actualizaba las estadísticas de violencia de género en España. En lo que llevamos de año, 42.077 mujeres figuran como víctimas de violencia machista, 40 de las cuales han muerto a manos de sus parejas, aumentando así la cifra de víctimas mortales a 966 desde 2003.

La violencia de género es una realidad que abarca todos los aspectos de quien la vive. Sin embargo, se trata de mujeres, muchas veces madres, capacitadas para trabajar o que ya tienen un trabajo, pero que han vivido una situación que ha minado por completo su independencia y autoestima. «Son ellas las que tienen que rehacer de nuevo su vida, y al tener hijos esto se hace más complicado», dice Cristina Díaz-Rincón, del proyecto Rompe tu Silencio, especializado en dar atención integral a las víctimas de violencia de género. «A veces la manera en la que se dan cuenta estas mujeres de que tienen que hacer algo es por el impulso de proteger a sus hijos, y esto pasa siempre por protegerse así mismas», explica. En esta situación, el empleo es un aspecto fundamental para normalizar la vida de estas mujeres. «Tener unos ingresos es vital, ya que por mucho que se trabaje de manera social en el empoderamiento, si no se tiene el factor económico no se puede avanzar», subraya. En la misma línea, desde el Observatorio de Igualdad y Empleo de la Fundación Mujeres se señala que «la dependencia económica de las mujeres de su maltratador es el factor que más favorece a hacer crónicas las situaciones de violencia de género».

Capacidad de cambiar sus vidas

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Pilar García, terapeuta de Avanza Psicología, ha impulsado desde su gabinete un proyecto para fomentar la inclusión de las víctimas de violencia machista y en exclusión social en las empresas, opina que «al igual que muchas compañías tienen una línea medioambiental y otras iniciativas de Responsabilidad Social Corporativa, deberían hacer frente a esta gran necesidad de las mujeres». Añade que «para que se incorporen al mercado laboral o mantengan su trabajo necesitan estar muy cualificadas, ya que el mercado es muy competitivo, pero además cuando viven esta situación deben saber reinventarse, tener la capacidad de cambiar su vida». «Es posible que las empresas piensen que contratar a una persona en esta situación puede ser complicado, pero lo cierto es que hay gente que se dedica a dar este tipo de opciones, acompañar a las compañías y guiarlas si no se ven preparadas para ello», señala García. Sin embargo, el primer paso para ello, no es el acceso de las mujeres de manera única e inmediata al empleo, sino que deberían pasar también por un proceso terapéutico para mejorar su autoestima. «Consolidar un empleo es fruto de un desarrollo personal previo en todo el mundo, y con ellas hay que centrarse en la actitud y la confianza, ya que conservar ese nuevo medio de vida no solo les va a reportar independencia económica, sino también nuevos vínculos sociales», explica.

La Delegación de Gobierno para la Violencia de Género puso en marcha en 2012 la iniciativa «Empresas por una sociedad libre de violencia de género», cuyo objetivo es aprovechar el potencial que tienen las compañías como agentes de concienciación social. Actualmente son 129 las entidades públicas y privadas, procedentes de distintos sectores de la economía española, adheridas a la iniciativa. A pesar de esto, desde el Observatorio de Igualdad y Empleo de la Fundación Mujeres advierten de que existen incluso convenios colectivos y acuerdos laborales que «tienen mal conceptualizada la violencia contra las mujeres y que suponen un obstáculo para la aplicación incluso de las obligaciones legales en esta materia para las empresas». Por ese motivo, este Observatorio señala que las empresas deben establecer sus propios protocolos. «Tienen que ser proactivas en el cumplimiento de los derechos laborales de las víctimas y, en la medida de lo posible mejorarlos vía condiciones laborales».

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Es posible que las empresas puedan detectar casos de este tipo de violencia en algunas trabajadoras, por lo que «es necesario contar con mecanismos internos de prevención y procedimientos propios que dependan directamente del departamento de Recursos Humanos, al igual que en los casos de acoso, para que las mujeres que estén pasando por esa situación sepan que pueden contar con el apoyo de su empresa, la cual debe asegurar siempre la máxima discreción para evitar la revictimización de la mujer en su entorno laboral». Otro aspecto importante es la labor de las entidades en la sensibilización social. «Es muy buena idea incorporar, en el marco de los programas de formación interna, módulos que traten los aspectos básicos de la violencia contra las mujeres como uno de los contenidos básicos de la prevención de riesgos laborales relacionados con los factores psicosociales, si bien lo mejor que podemos hacer tanto las empresas como toda la sociedad es trabajar para que cada mujer en esta situación pueda recuperar su vida y deje de ser víctima lo antes posible», aseveran desde el Observatorio.

Ayudas a mujeres y empresas

Concienciadas con esta problemática, las empresas están incorporando múltiples actuaciones a través de las cuales implican a sus plantillas, clientes y ciudadanía para fomentar la sensibilización y bienestar de las víctimas de violencia de género. Además, el programa de inserción sociolaboral para estas mujeres incluye medidas como la creación de un itinerario de inserción individualizado realizado por personal especializado. También se llevan a cabo diversos programas formativos para favorecer su inserción o permanencia en el mercado laboral. Por otra parte, existen incentivos para favorecer el inicio de una nueva actividad por cuenta propia y ayudas para las empresas que contraten a víctimas de violencia machista. En el caso de que la mujer precise cambiar de comunidad autónoma, también hay incentivos para facilitar la movilidad geográfica.