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La sequía pasa factura al bolsillo

  • La sequía pasa factura al bolsillo

Tiempo de lectura 8 min.

26 de febrero de 2018. 12:27h

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26/2/2018

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C. ruiz

La sequía, la más grave de los últimos 22 años, ha pasado factura a la producción eléctrica española, especialmente a las renovables. Y es que éstas registraron su peor dato de los últimos cinco años, reduciendo su cuota en la generación de electricidad en 2017 hasta el 33,3%, frente al 40,8% en 2016, según los datos que recoge el avance del «Sistema Eléctrico Español 2017» elaborado por REE. Esta situación también ha pasado factura al bolsillo de los españoles. El recibo de la luz se incrementó el pasado año más de un 10% en relación al ejercicio anterior, tal y como advierte Facua. ¿Por qué si no llueve la luz nos cuesta más? ¿Cómo se forma el precio de la energía? Con un día de antelación, se casan la demanda prevista hora a hora con las ofertas. Los primeros megawatios que entran en el mix energético son los de origen hidráulico, nuclear y eólico, es decir, los más baratos. A medida que la demanda aumenta, se incorporan los generados por carbón y gas natural, las tecnologías más caras y que tienen mayores costes marginales. Anpier, la Asociación Nacional de Productores de Energía Fotovoltaica, considera que se podrían contener las tendencias alcistas que se producen cíclicamente en el mercado eléctrico español si el Gobierno ajustara el sistema de formación de precios de la energía, que retribuye todo el suministro al precio marcado en la última unidad necesaria para cubrir la demanda estimada para cada día. Actuar sobre el mecanismo diario de fijación de precios y evitar sobrerretribuciones supondría, según los cálculos de Anpier, una rebaja aproximada del 20% del precio del MW.

Pese a esta reducción, las renovables (fotovoltaica o termosolar, hidráulica, eólica y de biomasa) continúan siendo la principal fuente de generación de energía en nuestro país. Y eso que la falta de lluvia provocó una caída de la producción hidráulica del 48,4%, hasta los 16.270 GWh, lo que representa su valor más bajo de los últimos 12 años, pasando su cuota de cobertura en la demanda del 14,2% del año anterior al 7% de 2017. Las reservas hidroeléctricas del conjunto de los embalses finalizaron 2017 con un nivel de llenado próximo al 31% de su capacidad total. Este descenso de la hidráulica estuvo acompañado también de una caída de la generación eólica, que descendió un 1,6%. Así, la menor participación de las energías limpias tuvo un impacto negativo en las emisiones de CO2. Y es que para compensar la escasa aportación hidráulica se echó mano de una mayor generación con carbón para cubrir la demanda, que se situó en un 17,0 % –frente al 13,9%de 2016– y de los ciclos combinados , que pasó del 10,2% en 2016 al 13,9% en 2017.

Aumenta la demanda

A pesar de ello, la demanda de energía eléctrica aumentó en 2017, confirmando la evolución positiva iniciada en 2015. El año pasado se alcanzaron los 268.504 GWh, lo que supone una incremento del 1,3% en relación al año anterior. El máximo de potencia instantánea se marcó el 18 de enero a las 19:50 horas, con 41.381 MW, un 2,2% más que el máximo alcanzado el año anterior, pero aún lejos del récord histórico de 45.450 MW que se registró en diciembre de 2007. La demanda máxima horaria también se registró el 18 de enero, entre las 20 y las 21 horas. .

En cuanto a las tecnologías que más han contribuido a cubrir la demanda, la nuclear se sitúa en primer lugar, con una aportación del 21,5%, seguida de la eólica, con un 18,2%. Asimismo, cerca de un 4% de la demanda se cubrió con energía importada de otros países. Y es que España está conectada eléctricamente con Portugal, Marruecos, Andorra y Francia. Además, a través de las interconexiones existentes entre nuestro sistema eléctrico y el de Francia, intercambiamos electricidad con diversos países europeos.

En lo que se refiere a generación, ésta apenas tuvo variación, tan sólo un 0,2% con respecto a 2016, por lo que parte de la demanda se cubrió con el saldo importador de 9.220 GWh resultante de los intercambios de energía con otros países. El parque generador de energía eléctrica en España descendió el año pasado un 0,6% hasta un potencia instalada de 104.517 MW, debido especialmente al cierre definitivo de la central de Santa María de Garoña.

El sector eléctrico es uno de los motores de la economía española. Tal y como recoge Unesa, las empresas del sector son las que realizan mayores inversiones materiales de toda la economía española (entre 2000 y 2014, ascendió a 63.153 millones de euros), con unos retornos de las mismas muy elevados, entre 25 y 40 años. También son una importante fuente de empleo, ya que generan más de 50.000 empleos directos y unos de los 400.000 indirectos, además de ser el sector que más clientes tiene en todo el país. Por su parte, los recursos destinados a Investigación y Desarrollo (I+D) suman 203 millones, lo que representa el 3% del gasto público presupuestados por el Estado español en este capítulo para todo un año.

En los últimos 20 años, la industria ha vivido una importante transformación. La Ley 54/1997 liberalizó actividades hasta ese momento reguladas, permitiendo la entrada de nuevos operadores –actualmente, existen una cuarentena de empresas comercializadoras– y concentró en REE las tareas de transporte. Además, una parte del precio de la luz pasó a fijarse a través de una especie de subasta, lo que se conoce como «pool eléctrico». Sin embargo, todavía una parte de la tarifa está regulada por el Gobierno. La Ley 24/2013 vino a intentar atajar uno de los grandes problemas del sector: el déficit de tarifa. La decisión gubernamental de limitar la subida anual de la factura de la luz al 2% y unos costes de producción muy superiores provocaron un desfase que llegó a alcanzar los 30.000 millones de euros. La nueva norma repartía entre todos los agentes implicados en el proceso, incluidos consumidores, esta deuda. Aunque cada año se reduce paulatinamente, este déficit se situó en 1.443,6 millones de euros hasta octubre de 2017.

Avanzar en la liberalización, impulsar la innovación, gracias a redes inteligentes, de manera que el consumidor tenga cada vez un papel más activo a la hora de consumir y pagar por su energía, así como fomentar el uso del vehículo eléctrico, son algunos de los retos con los que el sector mira al futuro.

España reduce su consumo de energía

España es uno de los países que más ha reducido el consumo energético. Éste descendió en nuestro país un 15,4% entre 2006 y 2016, un porcentaje que es casi cinco puntos superior a la reducción media del conjunto de la Unión Europea, que fue del 10,8% en el mismo periodo de tiempo, según datos publicados por Eurostat. El recorte registrado en España contrasta con el incremento del consumo energético de la década anterior –entre 1996 y 2006 –, que fue del 45,5%, mientras que en el conjunto del bloque comunitario creció un 6,1%. La UE se ha comprometido a reducir su consumo de energía en un 20% para 2020, es decir, a conseguir un 20% de eficiencia energética al final de la década actual. En concreto, el bloque comunitario pretende lograr un consumo de energía primaria de no más de 1.483 millones de toneladas equivalentes de petróleo y un consumo final de energía de no más de 1.086 millones en dos años.

¿Por qué la luz es tan cara?

España es un país con una electricidad relativamente barata. No se puede decir lo mismo del recibo de la luz. Y es que, según Eurostat, los ciudadanos españoles pagan la quinta factura más cara de toda la UE y la cuarta si se compara con los miembros de la zona euro. Tan sólo nos superan Dinamarca, Alemania, Bélgica e Irlanda, según los datos de la Oficina Estadística de la UE, Eurostat. Mientras que el precio medio en la UE es de 20,4 euros por cada 100 kilowatios por hora, y de 22 en la eurozona, en España esta tarifa asciende a 23 euros. Pero ¿a qué se debe este elevado precio? Según Unesa, de la factura eléctrica, tan sólo el 39% corresponde al coste del suministro, siendo el resto debido a los costes de la política energética y los impuestos (la luz está gravada con un IVA del 21%, al que se une otro 5% en concepto de tributo específico). En los últimos años, los costes ajenos al suministro se han visto notablemente incrementados, pasando del 27% de 2005 al 55% en 2014. Así, en estos costes ajenos se incluyen tanto los impuestos como los llamados peajes de acceso, que incluyen la prima para el fomento de las energías renovables, la moratoria nuclear, los costes extraordinarios de las islas y de Ceuta y Melilla y el déficit de tarifa. Todo ello, son costes fijos, una «mochila» con la que carga el consumidor cada mes independientemente de las veces que le dé al interruptor.

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