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Las subidas de tipos incentivan el ahorro

Tiempo de lectura 8 min.

21 de marzo de 2017. 11:08h

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Raúl Salgado Madrid. 21/3/2017

Tras el portazo a la crisis que supone la recientemente anunciada subida de los tipos de interés estadounidenses, los ahorradores con mayor aversión al riesgo se frotan las manos. Es verdad que en Europa tardarán en subir. Pero también es cierto que las autoridades monetarias de aquellas economías que estén experimentando crecimientos y repuntes de la inflación terminarán transitando por el camino que ahora marca la Reserva Federal.

La Fed ha elevado los tipos de interés hasta el rango del 0,75%-1%. Y anticipa dos aumentos más a lo largo de 2017, lo que constataría la normalización monetaria tras nueve años de políticas expansivas. Más allá de que el sector bancario sea el principal beneficiado, que el dinero vaya recuperando valor es una noticia crucial para los ahorradores, quienes han sido castigados por las bajadas de los últimos ejercicios. Los más conservadores fueron expulsados de su zona de confort, viéndose obligados a invertir en activos de riesgo para obtener algo de rentabilidad. Ahora podrían empezar a cambiar las tornas. Y es que las alzas de tipos incentivan el ahorro. Por ello, el BCE los rebajó en aras de aumentar el consumo y la inversión de empresas y familias, lo que a la postre incrementa los precios, su principal objetivo.

Javier Santacruz, profesor del IEB, asegura que el hecho de que el dinero sea más caro mañana que hoy incita a las personas a ahorrar más y, con ello, a lograr algún rendimiento. Y afirma que ésta es una buena oportunidad para comprar renta fija a plazos más cortos para beneficiarse de las oscilaciones de los precios de los bonos; hacerse con renta variable de sectores cíclicos y fuertemente ligados a la actividad económica o, incluso, volver a decantarse por fondos de inversión más líquidos.

Sin riesgo

Los intereses del «ahorro sin riesgo», véanse depósitos bancarios o letras del tesoro de países solventes, dependen de los tipos de interés oficiales, ya que éstos sirven como referencia y el mercado exige una rentabilidad similar. Así, en cuanto suban, o incluso antes, auparán los rendimientos exigidos por los inversores para comprar deuda y más podrán pagar los bancos a sus depositantes. Por lo tanto, «el mero hecho de que se ofrezca más rentabilidad por este ahorro «sin riesgo» provocará que los ahorradores más conservadores tengan más facilidad para obtener rendimientos», explica Luis García Langa, director de aulafinanzas.com, quien opina que, a largo plazo, podrían verse tipos de interés al 3-4% y rentabilidades de deuda a una década del 6-7%.

En el tercer trimestre del pasado año, según los datos de Inverco, los depósitos y el efectivo copaban el 42,7% del ahorro de las familias españolas. La rentabilidad media de los productos más tradicionales con duración de hasta un año se ha desplomado al 0,08%, un nivel muy alejado del 2,83% que ofrecían al cierre de 2012. El rendimiento de los depósitos bancarios en España aumentaría después de que el BCE moviera ficha, lo que llevaría a los clientes más conservadores a volver a blindar sus ahorros en estos productos. Sin embargo, el volumen dependería de las rentabilidades que ofrecieran en relación a activos como las letras y los bonos. Y cuando los tipos ya hayan subido, lo razonable sería que el rendimiento de los depósitos fuera inferior al de los bonos. Progresivamente, con la normalización de la política monetaria, analistas encuestados por Bloomberg estiman que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años podría llegar al 2,8%.

Expertos consultados piensan que el volumen de depósitos no registrará la envergadura de antaño y que su rentabilidad, a una década vista, no alcanzará ese 4% de la década pasada. En cualquier caso, si las tasas de interés comienzan a subir y, por ende, los depósitos empiezan a ofrecer mayores rentabilidades, los inversores buscarán de nuevo operaciones con menor riesgo.

El dólar continúa siendo la divisa de reserva mundial, aunque poco a poco vaya perdiendo peso. Y si la Fed fue el primer banco central que puso en marcha, en diciembre de 2008, las medidas de expansión monetaria, ahora está volviendo a marcar el rumbo. La subida de los tipos esta- dounidenses condiciona por completo la política monetaria del BCE, debido a que, desde el momento en el que los bonos del Tesoro americano comiencen a elevar su tipo de interés, la rentabilidad de todos los demás activos de riesgo terminará aumentando. Máxime, en Europa, donde la mayoría de las compañías hace sus negocios en dólares. Y, por tanto, la evolución del valor del dólar afecta de forma directa a sus cotizaciones.

A ninguna de las dos zonas les interesa una moneda fuerte, así que si EE UU sube tipos, Europa debería tener menos miedo a hacerlo, ya que el euro no tendría que debilitarse por una diferencia de tasas. No obstante, la divergencia entre las políticas monetarias de los dos bancos centrales puede llevar a que sus monedas caminen en dirección opuesta. Así, la tendencia de la apreciación del dólar podría llevar el EUR/USD incluso por debajo de la paridad. Al menos, según José Lagarto, analista de Orey Financial, quien sostiene que este movimiento podría beneficiar al sector exportador europeo con respecto al estado unidense y, consecuentemente, a los niveles de crecimiento e inflación de la eurozona.

Viendo la evolución alcista de las bolsas americanas desde que eliminaron el QE y empezaron a subir tipos, y si queda demostrado que el mercado no es tan dependiente de la política monetaria, «el BCE puede animarse», piensa García.

Draghi, probablemente, tenga que «tragarse» las palabras que pronunció en su última comparecencia, en la que se resistió a emprender una vuelta a una política monetaria más convencional, incluso dejando la puerta abierta a nuevas bajadas. El presidente del BCE «ha llegado tarde a todo al momento en que debería haber detenido los estímulos monetarios y empezado a retirar la enorme cantidad de liquidez del mercado –hay más de 900.000 millones de euros sobrantes cada día en el interbancario–». Santacruz recuerda que sus tesis sobre la deflación se han disuelto como un azucarillo y que ya estamos experimentando incrementos de los tipos de interés en las subastas de bonos.

Los tipos subirán en la eurozona antes de lo que se cree. La inflación alcanzó el 2% en febrero, y en EE UU se sitúa siete décimas por encima. Pero mientras que el BCE mantiene los tipos en el 0%, la FED los ha subido 25 puntos básicos –el año que viene podrían situarse por encima del 2%–. Los niveles actuales en Europa no tienen sentido, porque el diferencial entre tipos e inflación es demasiado alto. Si bien es cierto que el volumen de compras de deuda se rebajará 20.000 millones de euros a partir del próximo mes, y aunque en la última reunión del BCE se habló sobre el tema, un alza de los tipos europeos antes del final del «tapering» resultaría incongruente. García revela que un calendario normal sería acabar con los estímulos antes de finalizar el año y empezar con subidas controladas, siempre que la inflación siga estable, a principios de 2018. Y augura que los tipos secundarios –como el Euribor o la rentabilidad de la deuda pública; es decir, los que realmente afectan al ciudadano– se anticiparán a la subida de los oficiales.

Santacruz, por su parte, considera que como muy pronto el BCE podría empezar a subir tipos en febrero de 2018, pero en octubre o noviembre -si no antes- tendría que retirar completamente todos los instrumentos de política expansiva: desde el QE hasta el TLTRO y otras subastas de liquidez a largo plazo. En cualquier caso, y según los datos de Bloomberg, las probabilidades de que se suban en la reunión de marzo del año próximo rozan el 80%.

El aumento de los tipos de interés devuelve la confianza a los diferentes actores del mercado financiero y beneficia, sobre todo, a la banca –el sector más castigado por la caída generalizada de los últimos años–, que podría trasladar el ensanchamiento de sus márgenes de beneficios al ahorrador final. Pero perjudica a aquellas empresas y economías más endeudadas. Lagarto puntualiza que daña, en especial, los balances de los países emergentes, «porque tienen la deuda contraída en moneda extranjera, incluyendo dólares».

Poder adquisitivo

El IPC se mantuvo en el 3% en febrero, mientras que los tipos en Europa permanecen en el 0%. Y el objetivo de ahorrar, no de invertir, debe ser al menos mantener el poder adquisitivo. Pero si una persona deposita sus ahorros en un banco sin obtener ningún margen de rentabilidad, necesitará añadir un 3% de dinero al ahorrado para comprar lo mismo que podría adquirir antes de contratar el depósito. «Si los tipos de interés suben, y el ahorro “sin riesgo’’ se pone al nivel de la inflación, se solucionaría el problema. Aunque esto sólo es válido para el ahorro a corto plazo, porque la inversión a largo plazo debería buscar más rendimiento», puntualiza García.

Futuro de la Fed

Ésta es la tercera ocasión en la que la Fed sube los tipos desde que en diciembre de 2015 los elevara por primera vez en casi una década. No obstante, Julien-Pierre Nouen, jefe economista-estratega de Lazard Frères Gestion, piensa que si la tasa de desempleo continúa cayendo y la inflación subiendo, podría verse tentada a apresurar el ritmo de las subidas.

En la Reserva Federal hay tres cargos de gobernadores por ocupar, así como el mandato de la presidenta, Janet Yellen, que terminará en enero de 2018. Así pues, dentro de un año el tablero será muy diferente al actual. Máxime, teniendo en cuenta que Donald Trump podría no querer que las tasas de interés se ajusten rápidamente por temor a una recesión durante su mandato.

Nouen explica que la política presupuestaria y fiscal del nuevo inquilino de la Casa Blanca podría servir de estímulo a una economía que ya está próxima al pleno empleo. Por lo tanto, es muy probable que cualquier alivio fiscal pueda conllevar una política monetaria más estricta.

La política de la Fed, tan laxa en los últimos años, y la urgencia de haber subido mucho antes los tipos de interés puede hacer que la Reserva Federal sea recuperada décadas después por gobernadores con un sesgo más heterodoxo (respecto al consenso inflacionista dominante) y más preocupados con la conservación del valor del dinero.

¿Podría Janet Yellen dimitir sin concluir su mandato? Sea como sea, «a partir de enero tendremos un nuevo candidato con una nueva «orientación»», asegura Nouen. Santacruz, por su parte, recuerda que Trump se ha mostrado más partidario de políticas monetarias neutrales y que las políticas de Greenspan, Bernanke y Yellen (los últimos tres presidentes de la Reserva Federal) «han tenido un sesgo pro-consumo y anti-ahorro bastante notable».

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