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Más diplomacia cultural para más presencia global

Ángel Badillo, investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor de la Universidad de Salamanca, analiza la el valor económico de la lengua y la cultura española y la importancia de impulsarla y extenderla

En los años 90 del pasado siglo, los académicos estadounidenses de las relaciones internacionales popularizaron el término «soft power» (poder blando o, mejor, poder suave) para referirse al papel del macrosector cultural en las relaciones internacionales. Frente a la coerción, ejercida con métodos militares o cualquier otros, la seducción resulta más efectiva y, además, más conveniente tanto en la esfera internacional como ante la opinión pública interna: mejor «convencer que vencer», ahora que el rector Unamuno vuelve a estar a la moda. Combinado, además, con otras herramientas, las potencias del espacio geopolítico pueden combinar recursos de influencia exterior convirtiéndose en «smart powers» (poderes inteligentes).

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En los últimos 25 años, cada vez más países han tomado conciencia de la importancia de la proyección cultural en las relaciones internacionales. Primero, como herramienta de promoción propia, lo que los franceses bautizaron como «rayonnement» (irradiación cultural, o «diplomacia de influencia»), construyendo una red de cultura y educación en todo el mundo que promueve desde el siglo XIX los valores culturales —y más allá incluso, civilizatorios— de Francia. La historia reciente ha hecho más difícil que todos los países puedan adoptar el modelo francés de irradiación, y se inclinen por otras formas de presencia internacional que subrayan la horizontalidad en la relación con otros países y culturas. La historia alemana de la primera mitad del siglo XX explica bien por qué Alemania apuesta, desde hace décadas, por una política cultural exterior basada en la cooperación. Junto a la irradiación cultural y la cooperación en cultura, el tercer paradigma dominante en los últimos años es el de la economía creativa (llamada últimamente «naranja» en Latinoamérica), en la que el peso del futuro crecimiento de las economías basadas en los servicios debe estar en el impulso a sus sectores culturales, tradicionales y nuevos, para proyectarse hacia mercados exteriores y contribuir así a mejorar la imagen de los países en el mundo, lo que hacen desde Estados Unidos a Japón.

Como muestra periódicamente el índice de reputación (RepTrak), la cultura es uno de nuestros atributos más reconocidos por todo el mundo, y la proyección internacional de España puede crecer aún más apoyada en la cultura, en la patrimonial y en la creación contemporánea en todos los campos. Cada día se abren en el mundo las puertas de los Institutos Cervantes en 87 ciudades del mundo a más de 140.000 estudiantes, atraídos por la pujanza de la lengua compartida por más de veinte países. El "panhispanismo"de García de la Concha, Bonet y García Montero promueve además una acción cada vez más coordinada con el resto de instituciones iberoamericanas (la nueva red "Canoa"); la agencia española de cooperación (Aecid) gestiona 19 centros culturales y, con Acción Cultural Española (AC/E), diseñan los contenidos que programan embajadas, consulados e instituciones de todo el mundo. Junto a la acción de Icex en materia de promoción exterior de las industrias culturales, todos suman la promoción, la cooperación y la economía creativa a la presencia global de España, que el Índice Elcano sitúa en 11ª posición mundial.