Economía

Profesiones que no sucumbirán a la cuarta revolución industrial

A pesar de la modernización de la industria –España está en el TOP 10 de países del mundo en número de robots– el mercado laboral todavía está demandando aprendices de oficios tradicionales

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Si hay algo que no cambiará en nuestras vidas es que los humanos seguiremos siempre necesitando del contacto personal para sobrevivir en este mundo. Sí, es irrefutable que la cuarta revolución industrial (la tecnológica) está alterando el mundo tal y como lo conocemos, y más rápido de lo que pensamos. Aun así hay profesiones que no sucumbirán a la rebelión de las máquinas (escenario apocalíptico clásico en la ciencia ficción en que las máquinas capaces de inteligencia artificial se rebelan contra su creador, el género humano), al menos de momento. ¿Por qué en los controles de calidad que hace una compañía, por ejemplo cuando una aseguradora nos llama después de haber gestionado el parte de un siniestro, hay siempre detrás una persona y no un contestador automático? Porque las respuestas automáticas y sin posibilidad de conversaciones improvisadas y naturales, no resuelven los problemas de los clientes. Y es que hay habilidades humanas como la empatía que difícilmente serán sustituibles por las máquinas.

Profesionales como el psicólogo, capaces de interpretar lo que explica el paciente, periodistas generadores de contenidos, humanistas, filósofos, escritores, pintores, antropólogos, profesores que estimulen al alumno a pensar serán imbatibles por una máquina. «Los trabajos que no podrán ser sustituidos en un futuro serán aquellos donde primen las habilidades humanas, donde se aporte más valor que una máquina. Hay muchos empleos que no sucumbirán a la cuarta revolución industrial, como aquellos que requieren del intelecto o los trabajos de tipo artesanal donde la personalización del trabajo juega un papel destacado. La tecnología nos puede liberar de tareas rutinarias, tediosas. Lo que sea digitalizable se digitalizará y lo mecanizable se mecanizará», apunta Ricardo Palomo Zurdo, catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad CEU San Pablo.

Los robots se quedan con tareas no con empleos, dicen los expertos. En la redacción del periódico «The Washington Post», los robots ya escriben noticias. Gracias a la inteligencia artificial, éstos pueden describir sucesos, por ejemplo el de un terremoto, como sucedió en el año 2014 o artículos sobre la situación del tráfico. Sin embargo no podrán sustituir a los generadores de opiniones. «El ser humano será valorado por su capacidad de análisis, de interpretación de los hechos, por su visión estratégica», añade el profesor Palomo Zurdo.

A pesar de la modernización de la industria –España está en el «TOP 10» de países del mundo en número de robots–, Angustias Pendón, directora de Formación de Audiolis, explica que el mercado laboral todavía está demandando aprendices de oficios tradicionales para que saquen adelante ese trabajo que todavía un robot no puede hacer. Es el caso del artesano de cuero, el operador de máquinas que fabrica monturas, collares o zapatos, profesiones que se han ido transmitiendo de generación en generación, en las que cada paso precisa de una técnica y una destreza que solo se pueden aprender practicando. «Los expertos en pieles no podrán ser sustituidos al cien por cien por máquinas. Al contrario, enriquecerán su labor con nuevas herramientas, máquinas y tecnología punta que les permitirá ser más rápidos y efectivos. Sin embargo, medir, tratar la piel o cortarla de la forma que exige la piel solo lo pueden hacer personas expertas», apunta Pendón. Albañiles, instaladores de cableado, fontaneros, diseñadores, asistentes de salud, consejeros médicos, nutricionistas, asesores de ventas, diseñadores de estilos de vida, consejeros espirituales, formadores de ética y valores, son profesionales que la cuarta revolución industrial no podrá doblegar. «Son profesiones en las que se requiere el intelecto, la capacidad de crear», añade Palomo.

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Acabar con los mitos

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Javier Blasco, director de Adecco Group Institute, advierte que hay que acabar con los mitos. «Tres de cada cuatro profesionales de Recursos Humanos cree que la robotización no destruirá puestos de trabajo. Corea del Sur o Japón son los países con el mayor número de robots del mundo y, sin embargo, tienen una tasa de desempleo bajísima y un alto índice de productividad». De hecho, una parte importante de los profesionales de RR HH (60%) asegura que dará lugar a la creación de nuevos empleos hasta ahora desconocidos. «El factor humano seguirá siendo esencial para el funcionamiento de las empresas. Por ejemplo, hay países como Australia en los que en el sector bancario, claro ejemplo del poder de la automatización, los clientes pagan desde hace tres años a consultores bancarios. Lo que refleja que el valor humano es irremplazable. Donde hay un componente emocional, como en el sector sanitario, las personas no podrán ser sustituidas por máquinas», añade Blasco.

Aunque a largo plazo las previsiones son pesimistas con escenarios en los que la tecnología destruirá nuestros empleos y los robots reemplazarán a taxistas o recepcionistas como ya lo están haciendo en Japón, Singapur o EE UU, incluso podrían hacer desaparecer a pilotos de aviones, camioneros, repartidores, auditores de cuentas, bibliotecarios, agentes de aduanas, árbitros, guías turísticos, etc. se crearán otros para los trabajadores del futuro. La mayoría de los directivos cree que la digitalización representará una ganancia neta para el empleo a corto plazo. Sólo un 3% piensa en reducir su estructura como resultado de la automatización, según un estudio de ManpowerGroup en el que se ha preguntado a 20.000 directivos de 42 países sobre el impacto de la automatización sobre sus equipo. A medida que las empresas se digitalicen, la mayoría necesitará más empleados, no menos. El 81% de los directivos españoles piensa que su equipo permanecerá igual o aumentará dentro de los próximos dos o tres años. También, debido a que las habilidades están cambiando con mayor rapidez, las empresas no siempre saben qué habilidades necesitarán, incluso dentro de 18 meses. «En este mundo digital, el éxito no siempre dependerá de un título universitario, sino que se basará en gran medida en la voluntad por desarrollar las competencias permanentemente. Debemos promover la curiosidad y la capacidad de aprendizaje en las personas para que tengan el deseo y la posibilidad de desarrollar sus habilidades continuamente», señala Jonas Prising, presidente y CEO de ManpowerGroup.

El progreso no se puede parar, por eso hay que reconducir a las personas para que desempeñen tareas de mayor valor añadido. «La sociedad es consciente de que hay que prepararse, estar abierto a los cambios y las empresas tendrán que ir visualizando cómo adaptarse a los mismos», sostiene el profesor Palomo. Blasco añade que hay que invertir en dotar a los empleados de las competencias para alejarse de ese paro tecnológico que algunos ya vaticinan. «Debemos reorientar la formación porque de aquí a 10 años estaremos plenamente condicionados por la conectividad, la inteligencia artificial y el blockchain», apunta el profesor de tecnología de ESIC, Alberto de Torres. Los optimistas vislumbran un mundo feliz donde la tecnología liberará al hombre de trabajar y podrá disfrutar de tiempo libre. Ver para creer.