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Un Brexit duro, otra losa para el sector del automóvil español

El Banco de España alerta de la fuerte caída de las exportaciones por el bloqueo británico

Vehículos fabricados por el Grupo Volkswagen en su factoría de Martorell
Vehículos fabricados por el Grupo Volkswagen en su factoría de Martorell

El Banco de España alerta de la fuerte caída de las exportaciones por el bloqueo británico

El temor a un Brexit duro está disparando todas las alarmas de las principales economías europeas. Y el mayor temor se centra en la industria automovilística. Si el mercado ya se ha visto sacudido por la caída de sus ventas por culpa de la incertidumbre sobre el futuro del diésel, por la menor demanda del mercado asiático y por la caída de la confianza en empresas y consumidores, ahora ha impactado un nuevo elemento distorsionador: el Brexit. El sector del automóvil necesita seguridad y buenas perspectivas económicas para su buena marcha, además de certidumbre y paso libre transfronterizo. Pero todo eso puede perderse si la ruptura entre Reino Unido y sus antiguos socios comunitarios se hace si acuerdo.

Y este temor tiene camino de ida y vuelta. El sector de automoción británico vive una crisis que nos retrotae a la que se vivió a los convulsos años 80 del siglo pasado. En 2018, según la Sociedad de Productores y Vendedores de Automóviles, las inversiones en proyectos automovilísticos se hundieron un 46%, la producción de vehículos se desplomó un 9,1% y las exportaciones al resto de la Unión Europea se contrajeron un 9,6%, indicadores suficientes para percibir un tsunami en ciernes que impactará de lleno en el empleo y los resultados de las compañías. Y para muestra, un botón. La industria del automóvil británica tiene una dependencia casi absoluta del mercado exterior. Así, el 80% de los vehículos matriculados cada año en Reino Unido proceden de la UE, el mismo porcentaje que suman los componentes utilizados para su construcción, que llegan a la frontera británica en más de 1.000 contenedores diarios; todo para que el 55% de los vehículos ensamblados cada año se exporten al mercado comunitario. Y eso puede reducirse por debajo de la mitad en la mejor de las previsiones.

Además de en Reino Unido, un Brexit sin acuerdo impactaría de lleno en otros cuatro países: Alemania, Francia, Italia y España. La economía española podría verse especialmente perjudicada por los efectos derivados de esta salida desordenada de la UE y, de forma generalizada, por las perturbaciones negativas sobre la demanda de automóviles en los países comunitarios. Según el último artículo publicado por el Banco de España sobre este asunto, si bien una eventual imposición de aranceles a la importación de automóviles europeos por parte de Estados Unidos afectaría "más que proporcionalmente"a Alemania y a Italia, un Brexit desordenado afectaría más a España. Esta diferencia de impacto se debe a la dependencia que cada país presenta respecto al exterior. En Alemania, alrededor del 70% del valor añadido de la industria del automóvil se genera internamente, mientras que el 30% restante es de origen foráneo. En el caso de España, el peso del valor añadido nacional es "sustancialmente menor", en concreto del 48%, frente al 52% que se genera principalmente en Alemania, Francia e Italia, junto con otros países de la Unión Europea. "En esta situación, cabría esperar que una perturbación a la producción en Alemania y España de una determinada magnitud afectara con mayor intensidad a la economía nacional en el caso alemán y a otros países en el caso español", explica el artículo.

Además de por el Brexit, los cambios en los modelos de movilidad urbana, la restricción generalizada de emisiones y la nueva fiscalidad que se plantea para el diésel amenazan con remover los cimientos de un sector que genera en España dos millones de empleos (directos e indirectos) y que representa el 10% del PIB. La comercialización de vehículos mantiene su cuesta abajo desde septiembre de 2018 y el consumidor no sabe ya qué comprar, diésel o gasolina, o esperar a los eléctricos. Y ahora, con el Brexit, el mercado puede contraerse aún más y deberá enfrentarse a retos difícilmente asumibles a corto plazo, derivados de los cambios en las preferencias de los consumidores, las restricciones medioambientales y el cierre del mercado británico, causas que ya estarían afectando a cada país productor en función del peso de la producción sobre la exportación. Y España tiene todas las papeletas para sufrir una profunda crisis.