Un escaparate de la empresa española

El 53% de nuestras compañías la aplican, el mejor dato de toda Europa

Los Premios Tu Economía, cuya entrega fue presidida por la ministra Calviño, son un reflejo fidedigno de la vida económica de nuestro país. Compañías grandes y pequeñas, emprendedores audaces, profesionales cualificados, iniciativas disruptivas, mujeres luchadoras... En estas páginas relatamos sus historias, y hacemos un chequeo de su presente y futuro.

Las empresas de todo el mundo pasan por un momento convulso. La revolución tecnológica ha ido más rápida de lo que se pensaba y toca adaptarse para no quedarse atrás. Con todo lo que eso implica: ser innovador, saber manejarse en un entorno globalizado, buscar los perfiles profesionales adecuados, digitalizarse, impactar en la sociedad... A todo ello hay que sumar los dos retos más tradicionales de las compañías, generar riqueza y empleo para la nación. Pues bien, las corporaciones españolas, como diríamos aquí, han cogido el toro por los cuernos, asumiendo los cambios significativos que está experimentando el tejido empresarial.

Las empresas españolas han entrado en la ola de la revolución del siglo XXI. Para demostrarlo, están los datos de Randstad, según los cuales nuestro país es el segundo país del mundo con mayor porcentaje de compañías que apuestan por la tecnología, con un 53%, sólo superado por China, con un 66%. Por lo tanto, nuestras corporaciones son las líderes europeas en fomento del uso de la tecnología, mientras que en países como Francia o Alemania no llegan ni al 40% de las empresas que lo hacen.

Principalmente, han sido las grandes sociedades las que han colocado a España en esa posición privilegiada dentro de Europa. No obstante, todas las compañías no tienen la misma capacidad para acceder a la innovación. Además de para emprender el proceso de digitalización que demanda la manera actual de consumir y de ser competitivos en un mundo globalizado en el que las corporaciones de distintos países conviven en los mismos mercados. En este contexto, cuando más pequeña sea una empresa, contará con menos capacidad de inversión y bastante más difícil lo tendrá.

En ese sentido, el tamaño de las compañías españolas resulta un grave problema de competitividad. Según los datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, en abril de este año casi el 86% de las empresas de nuestro país eran «micro», es decir, contaban con entre uno y nueve asalariados. Otro 11,71% son «pequeñas», con entre 10 y 49 empleados. En definitiva, más del 97% de las corporaciones tienen un tamaño reducido. Al contrario, sólo el 0,36% del total son grandes, que cuentan en plantilla con más de 250 trabajadores.

Eso sí, la situación está cambiando porque en los últimos años, ya que en 2013 las microempresas representaban cerca del 88% del total y las que poseen mayor capacidad simplemente el 0,30%. Este fenómeno se debe a que algunas microempresas han logrado generar más empleo, aumentar su capacidad, y han subido un escalón, sumándose al grupo de pequeñas compañías, que han aumentado en cinco años más de 1,5%. A su vez, en el mismo periodo las medianas también han incrementado su representación en un 0,4%.

La escasa capacidad de las compañías está conectada con uno de los retos futuros, mejorar la productividad. En un informe de la Fundación Faes sobre «los tres desafíos de la empresa española» se indica que «tanto la teoría económica como la evidencia empírica sugieren que el tamaño empresarial está directa y positivamente relacionado con la productividad, de modo que una empresa tenderá a ser más (menos) productiva cuanto más grande (pequeña) sea».

Sectores

No sólo ha variado el tamaño del tejido empresarial. El protagonismo de los diferentes sectores se ha modificado desde 2013. El agrario ha sido el que más ha perdido y cuenta con menos de 100.000 compañías por primera vez desde hacce seis años. Por su parte, la industria ha disfrutado de un ligero repunte, insuficiente para la importancia que le dan los expertos a esta actividad para generar productividad y valor añadido. En abril del presente ejercicio se situaba en las 109.757 empresas, según datos del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, aumentando en poco más de 2.500 corporaciones desde 2013.

El incremento es escaso, sobre todo, si se compara con el que han experimentado la construcción y los servicios. El primero de estos sectores posee más de 26.000 nuevas compañías respecto a hace seis años, una demostración de la buena salud que atraviesa después de haber sido el que más se desplomó con la pasada crisis.

Mientras, la «serviciosdependencia» continúa siendo una de las lacras de nuestro país, que va camino de convertirse en un estado de camareros, acomodadores y repartidores. Las empresas de este sector han superado el millón en 2019. Y es que desde 2013 ha sido el que más compañías ha creado, más de 75.000.

Exportaciones

Estos años de recuperación de la actividad empresarial tras la recesión vienen marcados por un importante incremento de las exportaciones. Las corporaciones españolas nunca se habían caracterizado por pensar demasiado en vender lejos de nuestras fronteras, pero la caída de la demanda interna fue una razón de fuerza mayor, y se vieron obligadas a diversificar los destinos de su oferta para poder sobrevivir.

Así, a día de hoy podemos asegurar que el tejido emrpesarial español es exportador. A cierre del año pasado se registraron 204.196 compañías que habían vendido sus productos o servicios fuera de nuestro país, una cifra récord. Por lo tanto, 15,16% del total de las corporaciones españolas exportaron durante 2018, una representación bastante abultada y que nos indica que las pequeñas y las microempresas también se lanzan al exterior.

El comercio electrónico («e-commerce») ha provocado que encontrar clientes lejanos sea más sencillo. Y el crecimiento de la oferta logística global ha eliminado los obstáculos para vender fuera y hay compañías de tamaño reducido a las que les sale rentable hacerlo aunque sea un par de veces al año. Sin embargo, también se batió el récord de exportadores regulares, es decir, que lo han sido durante los últimos cuatro años, alcanzándose las 51.768, aunque si es verdad que en este dato el porcentaje de grandes empresas es mayor, pues son las que cuentan con un negocio internacionalizado.

Responsabilidad social

El papel de las compañías en la sociedad ha cambiado radicalmente. Los ciudadanos han tomado la conciencia de que los beneficios de las empresas proviene del consumo que ellos mismos hacen y, de ese modo, reclaman algo a cambio. Esto ha llevado a que en los últimos años explote lo que se llama responsabilidad social corporativa.

El vicepresidente ejecutivo del Instituto Coordenadas, Jesús Sánchez Lambás, señala en un informe de dicha organización que «la conciencia social y sostenible se abre paso de forma inexorable en el mundo corporativo. Ya no es posible hacer negocios al margen de la sociedad y de los grupos de interés que rodean a cada empresa. Responsabilidad Social y Sostenibilidad van a ser, en breve, elementos de competitividad y es necesario que las empresas se impregnen de sus principios esenciales y los incorporen a sus modelos de gestión».

El mismo informe detalla que el 29% de las compañías reconoce que el cambio climático tiene un impacto en su negocio. Igual que los ciudadanos coinciden en que el deterioro del medio ambiente afecta a su bienestar. El restultado es que el cuidado del entorno se ha convertido en una de las acciones preferidas de responsabilidad social corporativa, pues se trata de lo que la sociedad demanda y lo que más repercusión mediática tiene dada la gravedad del problema que enfrenta.

No obstante, cada empresa elabora una estrategia de RSC particular intentando que, de alguna manera, esté ligada a su negocio. Lo que está claro es que el modelo ha cambiado. La revolución no es simplemente tecnológica, también hay una vertiente humanitaria. Ya no se trata sólo de crear beneficio, sino de impactar en la sociedad. Y es que si algo positivo se destaca de las nuevas generaciones de empleados es precisamente eso, que con su trabajo no sólo ganen un sueldo, sino que ayuden a cambiar para mejorar el mundo que les rodea.

El Ibex 35 y los 10.000

Las empresas españolas que componen el Ibex 35 tienen un reto entre ceja y ceja, que el colectivo supere los 10.000 puntos. 2019 estaba siendo un buen año y se parecía que la tendencia alcista podía acabar con el logro de ese objetivo a final de año. La Bolsa nacional comenzó el ejercicio en 8.550 puntos y el pasado 30 de abril había alcanzado los 9.570. La euforía se había instalado en el parqué. Sin embargo, a partir de ese día estalló un brusco descenso debido, sobre todo, al recrudecimiento de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que el pasado lunes sele desbrodó a Donald Trump cuando Google anunció su veto a Huawei, lo que afectará a millones de usuarios. Así, en sólo dos semanas, el Ibex 53 redujo su valor en más de 500 puntos, acercándose de nuevo a la barrera de los 9.000. En lo que queda de año, toca remontar.