«El caos soy yo»

Definir la situación política que estamos viviendo tras las pasadas elecciones generales de abril no es tarea fácil. Desde entonces, hemos tenido ya una investidura fallida por parte del candidato Pedro Sánchez, y lo único que sabemos es que anteayer –tras el tradicional despacho en Marivent con el Rey–, después de reunirse con diversos interlocutores políticos y sociales, declaró que «hay que crear las bases de un programa abierto para una propuesta progresista de gobierno». A fin de aclarar dudas, afirmó que no necesariamente «será un gobierno de coalición, ni una fórmula a la danesa, ni a la portuguesa» y, para que no quedara margen a la imaginación, dejó constancia de que la desconfianza con Podemos «es mutua e importante». Entre tanto, ha pactado nada menos que el gobierno de Navarra con Bildu, pidiendo la abstención del PP y C’s para «evitar tener que echarse en brazos de los independentistas». Llegados a este punto, uno no sabe si se encuentra ante el guión de una película de los hermanos Marx, o en la realidad de tener que formar un gobierno sólido y estable, frente a un otoño complejo con el Brexit amenazando la estabilidad de la UE, y el fallo del TS con los independentismos calentando ya la calle. «El caos o yo» –dijo De Gaulle en 1958. Pero ni Sánchez es De Gaulle, ni estamos en 1958. Más bien estaríamos ante «el caos soy yo».