El inoportuno referéndum irlandés

Algo más de tres millones de irlandeses deciden hoy en referéndum si apoyan el Pacto Fiscal europeo, que impone duras sanciones para los países que incumplan los límites de déficit público. Lo paradójico es que los ciudadanos acuden a ratificar un texto que Francia se ha negado a firmar mientras no incluya un capítulo sobre crecimiento y empleo. ¿Alguien cree que vaya a prosperar un tratado europeo sin el concurso de París? Entonces, ¿por qué se obliga a los irlandeses a pronunciarse sobre un texto que puede quedar en papel mojado en unos meses?

Tras cuatro años de recesión, la población irlandesa puede, como siempre que se convoca un referéndum, aprovechar la cita con las urnas para castigar al Gobierno de coalición entre conservadores y laboristas, que ha puesto en marcha duras medidas de austeridad a cambio del rescate financiero de 78.000 millones de euros concedido en diciembre de 2010 por el FMI y la UE. Para Gerry Adams, líder del Sinn Fein, que encabeza la campaña por el "no", "este tratado no es bueno para Irlanda, no es bueno para la Unión Europea, es establecer la austeridad a perpetuidad, es renunciar a derechos democráticos".

Con fama de euroescepticos por haber votado en contra de sendos tratados comunitarios en 2001 (Maastricht) y 2008 (Lisboa), los irlandeses no pueden paralizar como entonces el proceso de construcción europea. Tras descolgarse la República Checa y Reino Unido del Pacto Fiscal, el resto de socios comunitarios aceptó redactar un tratado intergubernamental que sólo necesita la ratificación de doce países para su entrada en vigor. Grecia, Portugal y Eslovenia ya lo han hecho por vía parlamentaria. En esta ocasión, en cambio, los primeros perjudicados por una victoria del "no"serían los propios irlandeses, que no podrían acceder a los fondos del Mecanismo de Estabilización Financiera (ESM) o a futuros rescates en el futuro. Una espada de Damocles que pesará sin duda sobre los votantes y que no se ha cansado de esgrimir el primer ministro. "Mi mensaje al pueblo de Irlanda es pedirle por el interés del país que vaya a votar por un rotundo 'sí'; que mande ese mensaje no sólo a la Unión Europea, sino al mundo entero", asegura Enda Kenny.

Las útlimas encuestas concedían al "sí"un 39% y al "no"un 30%, pero, como en plebiscitos anteriores, los indecisos (22%) y la participación determinarán el resultado de la séptima consulta que celebra Irlanda desdes que ingresó en la Comunidad Económica Europea en 1973. Entonces, el 83% de la población votó a favor de sumarse al Mercado Común. ¿Dónde ha quedado ese euroentusiasmo?

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