La CUP se independiza de Mas

Antonio Baños, durante la comparecencia de los dirigentes de la CUP.
Antonio Baños, durante la comparecencia de los dirigentes de la CUP.

Exige una declaración institucional de ruptura en el Parlament y «gestos de ruptura irreversibles» antes de negociar la presidencia. La número dos de la formación, Anna Gabriel, reitera que rechazan al líder de Convergència.

Tras una semana de «apagón informativo», había mucha expectación ayer con la conferencia que la CUP celebró en el auditorio de la Universidad Pompeu Fabra para dar a conocer cuáles son las condiciones que pone para negociar con Junts pel Sí los votos que necesita para arrancar la legislatura. Aunque el interés mediático está puesto en si apoyará la investidura de Artur Mas, antes de debatir sobre quién será el próximo president de la Generalitat, la formación anticapitalista e independentista dejó claro que primero negociará «qué se quiere hacer, cómo y cuándo». «El quién sólo puede llegar después, no fiamos el acuerdo a una persona», avisó la número dos de la candidatura, Anna Gabriel, que abrió la ponencia en la que, fiel a su condición asamblearia, se sucedieron cinco parlamentos para detallar las demandas a Junts pel Sí.

Antes de llegar a negociar los detalles sobre la investidura o no de Mas, la CUP plantea demandas que no serán fáciles de aceptar para Junts pel sí, al margen de una declaracion institucional de ruptura con el Estado en el Parlament. Cabe recordar que en la UE, Convergència, cede sus diputados a la Alianza de los Liberales y Demócratas por Europa. Y por mucho que Mas hiciera un corte de mangas a la banca en campaña, cuando avisó de que se marcharía de una eventual Cataluña independiente, el president de la Generalitat en funciones es un europeísta convencido.

La CUP exige pasos irreversibles hacia la independencia antes de pasar al siguiente debate, el de Mas sí, Mas no. Sus condiciones se resumen en tres puntos: la ruptura democrática con el Estado, la aprobación de un plan de choque antirrecortes y a la apertura inmediata de un proceso constituyente en el Parlament de Cataluña, una cámara que, por cierto, proponen que sea asamblearia. «Diga lo que diga la legalidad española, el Parlament tendrá que convertirse en una asamblea constituyente», avisaron. «No habrá un gobierno autonómico. No será una legislatura convencional. Disculpad las molestias. Estamos constituyendo una nueva república y queremos hablar del qué, del cómo y del cuándo», subrayó Gabriel. Y sólo si se cumplen estas condiciones «con cuerpo y alma colectiva», la CUP se sentará a negociar quién debe ser el próximo president de la Generalitat.

Pese a no dar detalles sobre si apoyarán o no a Mas, sí ofrecieron pistas. El número tres por Barcelona, Josep Manuel Busqueta, que cerró la ponencia, dijo que pese a que en Madrid y también en Cataluña «trabajan para asociar este proceso a una sola persona, llevándolo hasta el ridículo con apuntes como que es una manía personal o una huida hacia delante (...) se equivocan, sabemos que el proceso es colectivo y profundo». La persona en cuestión es Mas. Como también se refería a Mas, la número dos de la candidatura cuando avisó de que «no podemos fiar el futuro del país a una persona». Aunque insistió en que la CUP se mantiene firme en lo dicho durante la campaña –que no apoyaría la investidura de Mas–, añadió que el partido «actuará con generosidad, altura de miras y estrategia ganadora».

Pese a que Anna Gabriel censuró que «se han dicho muchas mentiras sobre la CUP», del centenar de asambleas que celebraron la semana pasada se ha dicho que una parte del partido avalaría una presidencia simbólica para Mas, ofrecería sus votos a cambio de delegar parte de sus funciones en dos o tres vicepresidencias. Otro bloque se niega de todas todas y no rechaza nuevas elecciones. Mientras que una tercera corriente avalaría la figura de Raül Romeva. Precisamente, ayer a su llegada a la conferencia fue recibido con gritos de «president, president».

Para allanar el camino, Mas lanzó ayer un guiño a los de Antonio Baños. Tras reunirse con la coalición de Junts pel sí , aseguró que lo primero que hará el nuevo Parlament será «una declaración pública anunciando el principio de un proceso político que culminará en la plena independencia».

Más difícil será aceptar el plan de choque social de la CUP porque entre las 39 medidas que propone, además de frenar los desahucios y aprobar una renta mínima vital, habla de frenar un total de diez privatizaciones. El mandamiento de esta negociación parece claro, amarás la independencia por encima de todas las cosas.

Busqueta también dijo que la única candidatura que puede y debe formar gobierno es Junts pel sí. De esta manera descartó cualquier cargo en el futuro gobiernod e la Generalitat para la CUP.

«No queremos ni cargos ni privilegios de ningún tipo», subrayó el diputado electo de la CUP, una de cuyas condiciones a Junts pel sí es que aplique desde ahora mismo la «desobediencia» ante las decisiones del Tribunal Constitucional que afecten a competencias catalanas: «Disculpen las molestias, estamos construyendo la república», apostilló Benet Salellas, que expuso la propuesta de los independentistas de extrema izquierda para romper con el Estado.

«Ipso facto» reclaman desobedecer las últimas sentencias del Constitucional, como la que deroga la iniciativa catalana para luchar contra la probreza energética. «Será legal, pero no legítimo, no ofrecer a las familias, agua, un hogar caliente y con luz, mientras las compañías de hacen ricas de manera pornográfica», espetó Eulàlia Reguant. También reclama desbedecer la Ley Wert, la Ley de Seguridad Ciudadana y la modificación de la Ley del Aborto.