Doma, rejoneo y aceros sin filo

Andy Cartagena y Sergio Galán pinchan el triunfo en la primera de rejones de este San Isidro.

Andy Cartagena se adorna con «Luminoso», en el cuarto toro
Andy Cartagena se adorna con «Luminoso», en el cuarto toro

Andy Cartagena y Sergio Galán pinchan el triunfo en la primera de rejones de este San Isidro.

Las Ventas. Cuarta de San Isidro. Se lidiaron toros, reglamentariamente despuntados para rejones, de Benítez Cubero y Pallarés (3º y 4º), de correcta presentación. Les faltó raza en líneas generales. El 1º, con fijeza y prontitud, se vino a menos, pero duró lo suficiente; el 2º, agarrado al piso, manejable; como el 5º, el de más movilidad, también se dejó; 3º y 6º, deslucidos, buscaron la querencia en cuanto pudieron; el 4º, parado. Tres cuartos de entrada: 14.631 espectadores.

Andy Cartagena, pinchazo, rejón entero (saludos); tres pinchazos, rejonazo de efecto fulminante (saludos).

Sergio Galán, dos pinchazos, rejón trasero, pie a tierra, descabello (silencio); pinchazo, rejón desprendido, pie a tierra, descabello barrenando (vuelta al ruedo).

Manuel Manzanares, pinchazo, rejón trasero (silencio); cuatro pinchazos, rejón caído y trasero (silencio).

De un tiempo a esta parte se ha alimentado el debate en los festejos a caballo: doma frente a rejoneo. Interesante disyuntiva que ayer Andy Cartagena convirtió en simbiosis. Fue en el cuarto del primer paréntesis ecuestre de este San Isidro. La retina de unos se quedará con la pureza del alicantino toreando de costado sobre «Iluso». Lo llevó cosido a la grupa a milímetros. O con sus reunidas banderillas al violín sobre «Luminoso». Otros, por el contrario, saldrían calle Alcalá arriba relatando que vieron, porque se pellizcaron para creerlo antes de jalearlo, a ese mismo albino, «Luminoso», andar erguido sobre los cuartos traseros por media plaza. La humanización animal también ha llegado a los equinos. O que otro caballo de Andy, «Bandera» citaba a ese berrendo cuarto de Benítez Cubero –que envió un encierro con un par de toros manejables, pero con apenas unas astillas de casta– a la pata coja, apoyando sólo tres de sus extremidades. Puro efectismo. Cartagena ha sabido dar equilibrio a ambas, doma y rejoneo, y sólo el uso de los aceros –romos en los seis capítulos de la tarde– emponzoñó una faena que podría haber valido la Puerta Grande. Antes también marró una buena labor con el escurrido de carnes primero, que tuvo fijeza, prontitud y duró lo suficiente antes de aplomarse. Destacó en banderillas con el «Appaloosa» «Picasso».

Sergio Galán buscó con ahínco su octava Puerta Grande y recibió a portagayola a su primero. Un toro manejable, pero agarrado al piso, con el que dejó pinceladas de su monta clásica sobre «Ojeda» y «Titán», que se adornó con elásticas piruetas, pero no hundió en rejón de muerte y se enfrió el tendido. Y es que el conquense también tuvo los trofeos al filo... de los aceros. Especialmente en el quinto, el de mayor movilidad de los de procedencia Hidalgo Barquero. Lo desengañó en un palmo de terreno con el bayo «Artista» y luego el perla «Apolo» hizo el resto. Lo templó a milímetros, fijo a la grupa, a dos pistas. Después, clavó sendos pares a dos manos. El primero, inverosímil, con el toro arrancándose cuando aún se preparaba el manchego. «Óleo» dejó la rúbrica con una rosa final. Pero el acerado destino volvió a topar en hueso. Necesitó también de un golpe de verduguillo, pero se pidió el trofeo con fuerza. Mucha. El presidente se aferró a la mácula de la suerte suprema. Justa vuelta al ruedo.

Manuel Manzanares tuvo el peor lote. Dos toros que marcaron repetidamente las querencias. SI el tercero se acunó en tablas, el sexto barbeó cuanto quiso. Pese a ello, pareció ver más maduro al alicantino que en anteriores, y bisoñas, tardes anteriores. Silencio en ambos. También de vacío. Sin acero, no hay orejas.