17-A: el día de la «unidad precaria»

Moncloa cree que los atentados «empequeñecen la ofensiva rupturista», pero dan por hecho que mantendrán la hoja de ruta: «No hay voluntad de cambiar nada»

Los trágicos atentados de Cataluña han alterado la agenda política inmediata y han dejado en evidencia otros agujeros del proceso soberanista.

Los trágicos atentados de Cataluña han alterado la agenda política inmediata y han dejado en evidencia otros agujeros del proceso soberanista. La fotografía del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el presidente de la Generalitat, juntos el día después de la tragedia se queda en una imagen, «necesaria», según Moncloa, pero que no altera el problema de fondo, la ruptura entre el Gobierno central y la actual dirección de la Generalitat. La fuerza de lo ocurrido obligó a Puigdemont a aceptar participar en esa imagen de unidad dentro del «empequeñecimiento de la ofensiva rupturista provocada por los acontecimientos», según fuentes gubernamentales. Pero detrás no ha hay más que eso, una imagen, que no ha servido para «cambiar nada» ni van a tener continuidad en los próximos meses.

El presidente del Gobierno cree que la situación, por ese sentido común al que apela continuamente, pone en evidencia la necesidad de que siga funcionando la coordinación policial entre los Mossos y el resto de cuerpos de seguridad. Y los últimos acontecimientos en la dirección política de la policía autonómica, con el relevo de su máximo responsable como símbolo principal, apuntan justo en la dirección contraria. Ayer saltó la primera prueba de que no todo es coordinación y buen trabajo conjunto, como el viernes habían coincidido en subrayar Rajoy y Puigdemont. Y en Moncloa tomaron buena nota. El ministro del Interior aseguró que los terroristas no localizados carecían de capacidad operativa y dio por desarticulada la célula. Sin embargo, el portavoz de los Mossos recordó que son ellos quienes dan todos los datos del caso. «Nosotros informamos del atentado y nosotros concluiremos el resultado de la investigación».

Rajoy ha trasladado a sus colaboradores en las últimas horas que los atentados en Cataluña imponen como prioridad la necesidad de trabajar conjuntamente para preservar los valores esenciales de la democracia, y que entre ellos el más importante en estos momentos es la buena gestión de la seguridad pública y la atención a todas las víctimas. También considera que si la acción coordinada de los cuerpos policiales ha ayudado a evitar consecuencias mayores de los planes de los terroristas, este marco debe preservarse al margen de las diferencias políticas y de procesos de ruptura «que no llevan a ninguna parte». Que la policía catalana haya sido colocada en el centro del debate soberanista y la intención independentista de modificar su modelo es, según Moncloa, «otra irresponsabilidad más» que deja en evidencia los objetivos y las consecuencias del proyecto de autodeterminación que lideran Carles Puigdemont y el líder de ERC, Oriol Junqueras. Es un hecho que Cataluña es la «cuna del salafismo en España», apostillan.

La situación política y la ruptura de las relaciones entre Madrid y Barcelona han hecho que se observen con normalidad pautas de comportamiento en la relación entre las dos Administraciones inconcebibles en la relación institucional entre el Gobierno central y cualquier otra comunidad autónoma. La forzada obligación de aparentar normalidad en la reunión de los dos gabinetes de crisis, el pasado viernes, no altera la realidad. Como, por ejemplo, que los representantes del Gobierno tienen que medir cada paso que dan en Cataluña, incluso en una situación excepcional como ésta, y que la colaboración está más que limitada. Pero aun así «ha funcionado lo que tenía que funcionar y eso es positivo para todos».

De hecho, Rajoy prefiere resaltar lo positivo y no los déficits que deben ser reparados de manera urgente, como que ningún cuerpo detectara a tiempo la actividad del grupo terrorista o el error de no instalar bolardos en la Rambla. A su juicio, los Mossos actuaron de manera rápida en la gestión de una crisis muy grave, y pese a todo, los dos gobiernos fueron capaces de mantener en las horas clave una colaboración que sirvió para controlar la situación y evitar que la acción terrorista fuera a mayores y tuviera consecuencias mucho más graves. El presidente considera que esto es una nueva prueba de que la coordinación de actuaciones es positiva para Cataluña y para España, y que los planes independentistas de acabar con ella son una amenaza para el interés general de los catalanes.

Mariano Rajoy insiste estos días en que no deben relacionarse los atentados de Barcelona con el proyecto secesionista, pero también plantea que es evidente que los hechos deberían acelerar la revisión de las prioridades con las que se mueve el independentismo. Ahora bien, el jefe del Ejecutivo también es profundamente escéptico sobre que vaya a haber ninguna revisión estratégica por parte del soberanismo, y cree que en cuanto se enfríe la situación seguirán con su hoja de ruta, «que frenará la legalidad». «Hay una unidad muy precaria, y aunque estos atentados marcan un antes y un después lo más previsible es que saltará por los aires porque no hay voluntad de la otra parte de entender que no hay espacio para la ruptura en ningún plano, ni en el político ni en el económico ni en el de la seguridad pública», sostienen en fuentes del Gobierno.