España

Un polizón a la Antártida (Crónicas desde el Hespérides): Vuelta al continente helado

"Nuestro trabajo consistió en la recuperación de los aparatos “OBS”, Ocean Botton Sismometer: Sismómetros de fondo del océano, que se encuentran desde hace 2 años bajo el mar, recogiendo datos oceanográficos y sismológicos

Damos comienzo a nuestro artículo semanal partiendo desde Ushuaia el pasado viernes, poniendo rumbo de nuevo a las aguas más australes del planeta. La dotación tiene las pilas cargadas de nuevo tras 32 singladuras en la mar, el barco vuelve a estar hasta arriba de material y víveres para nosotros y para las Bases Antárticas Españolas, y ya tenemos a bordo a los científicos y técnicos que llevarán a cabo los proyectos durante esta nueva bajada a la Antártida.

Tras realizar nuestro paso por el Canal Beagle, de madrugada llegamos a primera hora del sábado al Mar de Hoces, dispuestos a atravesarlo por quinta vez en lo que va de campaña. En la memoria quedan las olas que nos barrían la cubierta, llegando incluso a impactar contra los cristales del puente de gobierno, o las escoras de más 30 grados debido a los golpes de mar y viento, pues este tránsito por las aguas a las que el marino español Francisco de Hoces da nombre, transcurrió con una mar inusualmente tranquila y viento que solo comenzó a hacerse notar cuando ya teníamos las primeras islas del archipiélago de las Shetland del Sur a la vista.

Como venimos haciendo desde que comenzó la campaña, cada vez que bajamos al continente helado, nuestra primera misión es la logística. Recordemos que en esta campaña somos el único barco en la zona encargado de ello. Ponemos rumbo al enorme volcán de Isla Decepción, donde nuestros compañeros del Ejército de Tierra nos esperan en la Base Antártica Española “Gabriel de Castilla” para recibir material de construcción que les permita seguir trabajando, así como víveres para el próximo mes. Como ya hemos comentado alguna vez, la única apertura en el anillo que forma la isla es conocida como los Fuelles de Neptuno. La niebla nos llevaba acompañando desde nuestra salida de tierras argentinas, y ya en la Antártida se hizo más densa si cabe, impidiendo que pudiésemos visualizar la entrada a la isla hasta casi encontrarnos en ella. Una vez dentro, el horario era muy apretado: teníamos aproximadamente 5 horas para fondear, enviar pasajeros a tierra, recoger a los que se iban y entregar todo el material y víveres, antes de que según nuestra previsión meteorológica, el viento arreciase hasta el punto de no poder seguir dando nuestro apoyo logístico. Como no podía ser de otra manera, estábamos realizando el último viaje en embarcación con material para la base cuando el viento comenzó a crecer en intensidad, tras lo cual y con la satisfacción de haber cumplido nuestra primera tarea, nos dirigimos hacia Isla Livingston.

Una vez allí comenzamos nuestra descarga de material, víveres y combustible, y transbordo de personal para la Base Antártica Española “Juan Carlos I” y la base búlgara “St. Kliment Ohridsky” que finalizamos en apenas 3 horas.

Nuestra próxima cita era en la Isla Rey Jorge, donde hasta veinticinco pasajeros que llevábamos a bordo esperaban coger un vuelo rumbo a Punta Arenas, y dieciocho harían el camino inverso para subir a bordo. Por el camino, y ya que no nos podemos permitir desaprovechar ni un segundo de trabajo, comenzamos con nuestros primeros objetivos del proyecto BRAVOSEIS, proyecto principal durante este mes que pasaremos en aguas antárticas. En este caso nuestro trabajo consistió en la recuperación de unos aparatos (“OBS”, Ocean Botton Sismometer: Sismómetros de fondo del océano) que se encuentran desde hace 2 años bajo el mar, recogiendo datos oceanográficos y sismológicos, y guardándolos para su posterior análisis. Desde el barco se les da la orden de subir a superficie y una vez a la vista, el barco, literalmente, los pesca y los sube a bordo con ayuda de nuestra grúa de popa para posteriormente poder extraer los valiosos datos que albergan en su interior.

Tras un primer intento fallido de que se pudiesen realizar los vuelos previstos debido a la meteorología, volvimos a pasar la noche en el Estrecho de Bransfield recogiendo tantas de estas “boyas” submarinas como nos fuese posible. En la mañana de hoy sí que tuvieron lugar los vuelos tanto de ida como de vuelta en isla Rey Jorge, por lo que pudimos despedir a la gente que se iba y dar la bienvenida a territorio antártico a los que llegaban.

Finalizamos el artículo en las inmediaciones de la Base Coreana “King Sejong”, donde recogeremos material científico de los programas polares coreano y portugués con destino a Punta Arenas.