Tiempos de tribulación

Hace un mes, contemplábamos con espanto las imágenes de Wuhan en plena contención de la epidemia. Hoy Wuhan vuelve a la normalidad y el «gran éxito» del Gobierno es obtener un contrato de más de 400 M€ en material de protección sanitaria procedente de China. El Ministro de Sanidad reconoció ayer que el salto en la cifra de contagiados y fallecidos del día 9 de marzo –justo al día siguiente de las manifestaciones del feminismo marxista oficial–, respecto a los datos de los días anteriores, indicaría que esos contagios se habrían producido en la última semana de febrero.

Por esas fechas, la OMS ya había anunciado una previsible pandemia y el portavoz sanitario del Gobierno –que, por respeto, debería ser apartado– estuvo afirmando que no había ningún problema que requiriera la adopción de medidas de emergencia sanitarias. Habrá que exigir responsabilidades en su momento, pero la situación por la que atravesamos «clama al cielo» contra quienes hicieron caso omiso de las advertencias recibidas en aquellas fechas. Superemos esta situación, y ojalá que –aunque doloridos y heridos– salgamos de la prueba fortalecidos, y priorizando lo auténticamente importante. ¿Quién se preocupa ahora del Procés? ¿Dónde está la anunciada «gran demanda social» por la eutanasia? Los ancianos y enfermos crónicos están en la primera línea de las víctimas mortales de esta peste del siglo XXI, «eutanasiados» contra su voluntad por ese virus maldito. Son momentos para mirarnos a nosotros mismos y hacia arriba.