Iglesias logra un asiento en la negociación con Ciudadanos

El vicepresidente consigue una mesa a tres con el PSOE y los naranjas, en la que el redactor del programa económico de Podemos será quien «vigile» los pactos con los de Arrimadas

Unos presupuestos progresistas, pero no excluyentes. Con esa meta, el presidente Pedro Sánchez y su Gobierno de coalición tratarán de avanzar en la negociación de los apoyos necesarios para sacar adelante unas cuentas que se adapten a la situación generada por la epidemia sanitaria y la crisis económica. Serán progresistas, aseguran desde Moncloa, porque partirán de la base acordada entre el PSOE y Unidas Podemos. Y no podrán ser excluyentes porque Sánchez y Pablo Iglesias necesitan el apoyo de, al menos, 21 diputados que no sean socialistas ni morados.

Ayer, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero (PSOE), y el secretario de Estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez, (Unidas Podemos) se reunieron y abordaron las líneas generales del anteproyecto de esos presupuestos generales del Estado para 2021. Serán precisamente Montero y Álvarez las personas encargadas de sentarse con los grupos del Congreso para la negociación de las cuentas.

De esta forma, en el tira y afloja que PSOE y Podemos han venido manteniendo en los últimos días en torno a cuál debía ser la manera con la que encauzar las conversaciones con el resto de partidos, los socios de coalición han llegado a una situación de empate: Iglesias renuncia a vetar a otras formaciones y Sánchez transige para que los morados participen de manera activa, con asiento propio, en las reuniones con las demás formaciones parlamentarias. «Somos un Gobierno de coalición, no somos un Gobierno monocolor. Por tanto, todos los interlocutores tienen que reconocer que este es un Gobierno de coalición. Éste es un hecho indiscutible», aseguró ayer el jefe del Ejecutivo en torno a esta cuestión. La cuota socialista en Moncloa da así su brazo a torcer y rectifica respecto a lo que venía siendo habitual hasta ahora, por ejemplo, en las reuniones entre el Gobierno y Ciudadanos, a las que nunca ha sido convocado un ministro morado.

Los de Iglesias logran con este giro que el levantamiento de su veto a la formación de Inés Arrimadas –que hoy se verá con Sánchez en Moncloa– se vea de alguna manera compensado con su presencia en el diálogo con los naranjas. En este escenario hay que situar que Álvarez, secretario de Estado en la Vicepresidencia de Iglesias, es una persona de la máxima confianza del líder morado. Ya fue clave su participación en la elaboración de los acuerdos que alumbraron la coalición en enero y, también, el proyecto de presupuestos para 2019 que finalmente no fue aprobado y precipitó los comicios generales del 28-A del pasado año. El también redactor de la parte económica de los programas electorales de Podemos tendrá así voz en la mesa que trate de acompasar las exigencias que Arrimadas y su grupo formulen con la letra de lo firmado entre PSOE y Podemos. No se trata, ni mucho menos de un equilibrio sencillo, pero los de Iglesias evitan el escenario que más temían: verse en la tesitura de tener que aceptar unos acuerdos con el partido de Arrimadas sin haber tenido la ocasión de ni siquiera modularlos, especialmente en materias en las que unos y otros mantienen, a priori, posiciones poco conciliables.

Fricciones en lo concreto

Al margen de la entente escenificada ayer por Montero y Ávarez a la hora de definir las líneas generales del anteproyecto no evitarán las fricciones en el momento en el que se aborden detalles concretos, especialmente los relativos a las líneas rojas que los de Iglesias tratarán de defender antes de dar su «ok». En el Miniesterio de Hacienda no prevén acometer grandes reformas fiscales dentro del borrador, sino aprobar una senda de la estabilidad adaptada a la situación económica derivada de la pandemia. Máxime cuando una mayor progresividad fiscal contaría con el probable rechazo de Ciudadanos.

Si bien el programa de coalición ratificado por PSOE y Unidas Podemos debe ser la pauta inicial sobre la que gire el borrador, lo cierto es que desde Moncloa apuestan porque se adopte al momento concreto que atraviesa España por la crisis sanitaria. Y es que aunque seguirá sirviendo de «guía» para las negociaciones iniciales, entre los ministerios socialistas se enfría la posibilidad de que a día de hoy se puedan realizar reformas fiscales de gran calado como se reflejaron en el pacto de la coalición. Los morados, por su parte, no han ocultado nunca su disposición de negociar con Hacienda la aprobación de un impuesto a la riqueza, que supondría, en el impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas incrementar dos puntos los tipos impositivos sobre la base general para los contribuyentes que tengan rentas superiores a 130.000 euros y cuatro puntos para la parte que exceda de 300.000 euros. Con la medida defendida desde Podemos, el Estado pasaría a recaudar un montante equivalente al 1% del PIB, unos 11.000 millones de euros, con un nuevo tributo de entre el 2% y 3% a los grandes patrimonios que superen el millón de euros. Fue éste, de hecho, uno de los puntos que causó divergencias entre ambos partidos en la comisión de reconstrucción que acogió el Congreso de los Diputados el pasado mes de junio, y que finalmente no se incluyó en el preacuerdo entre ambos. Entonces, Unidas Podemos, lejos de guardar en un cajón su demanda, avanzó que volvería a reclamarla en la negociación de los presupuestos. O sea, ahora.

Sin embargo, desde Hacienda rebajan las intenciones moradas y pretenden desarrollar durante la legislatura una fiscalidad «justa y progresiva» por la que «los que más tienen, más aporten», y apuestan por la revisión de las figuras tributarias existentes, sin necesidad de una nueva figura expresa, o por el establecimiento de un tipo mínimo del 15% en Sociedades.

La propia ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, mandó un recado previo en esa dirección a sus socios en la coalición antes de entrar en la reunión con Nacho Álvarez. Verbalizó un cierto malestar al señalar que la fiscalidad pactada en el acuerdo de coalición «se tendrá que modular» en los nuevos Presupuestos para 2021 por la situación económica provocada por la Covid-19. «No podemos ser ciegos a la situación económica. Tenemos a lo largo de la legislatura toda una agenda para una reforma fiscal progresiva», zanjó, despejando el balón de las exigencias de Podemos a la segunda parte de esta legislatura.