¿Neutralidad política?

No habíamos vivido un suceso tan grave –desde la aprobación de la Constitución– como el vivido estos días. Con el telón de fondo del veto de Sánchez a que el Rey, como es lo propio de quien ostenta la Jefatura de nuestro Estado democrático y de DERECHO y en cuyo nombre se administra justicia por los jueces y tribunales, presidiera el tradicional acto solemne de entrega de Despachos a los integrantes de la última promoción de jueces. Ha sido determinante de ello que el acto se celebrara en Barcelona con los socios separatistas del Gobierno en plena operación de acoso y derribo hacia la Corona. Que además sean jaleados nada menos que desde el Gobierno por los socios comunistas de Sánchez, supera lo que podíamos imaginar de un gobierno como el actual. ¡Un ministro acusando al Rey de violar la Constitución y de actuar contra el gobierno! La vicepresidenta Calvo ha puesto la guinda: «El rey no ha ido a Barcelona para no romper su deber de neutralidad». ¡Menudo concepto de la «neutralidad»!

Entre la defensa de la Constitución y la unidad de España y el separatismo que atenta contra ella no hay neutralidad posible, señora Calvo: eso es lavarse las manos como Pilatos. Entre el delito y la víctima no hay equidistancia ni neutralidad. Tampoco entre la verdad y la falsedad... ni entre España y los separatistas. Un gobierno «neutral» con el separatismo incumple su misión constitucional: «Cumplir y hacer cumplir la Constitución... con lealtad al Rey». A eso además se comprometieron públicamente al asumir esa elevada dignidad y responsabilidad.