Un órdago a la grande en el mundo independentista

JxCat apuesta por otro referéndum y e intentará arrastrar a ERC

Acto protagonizado por el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, junto a los también eurodiputados de JxCat, Antoni Comín y Clara Ponsatí, en un parque de la localidad francesa de Perpiñán.
Acto protagonizado por el expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, junto a los también eurodiputados de JxCat, Antoni Comín y Clara Ponsatí, en un parque de la localidad francesa de Perpiñán.David BorratEFE

El Govern de la Generalitat es inexistente desde 2015 como mínimo. El conflicto independentista llega a punto más álgido en octubre de 2017. Intento de golpe secesionista, aplicación del 155 y nuevas elecciones. Volvieron a ganar y formaron, JxCAT y ERC, un gobierno de coalición presidido por Joaquim Torra que se rompió en sus primeros compases, saltó por los aires en febrero de este año, cuando el president proclamó la deslealtad de Esquerra Republicana, implosionó con la crisis que provocó el propio Torra semanas antes de su sustitución. El president salió por la puerta de atrás. Apenas hubo protestas. Todo el independentismo pensaba en las elecciones porque se dirime, ahora más que nunca, quién liderará el discurso independentista y, por ende, el escenario político en Catalunya y en España. Torra fue su víctima colateral. Apenas se le lloró.

Pere Aragonés será el candidato de Esquerra Republicana de Catalunya. Es un pragmático. Cercano y de la confianza de Oriol Junqueras, ha impuesto, con el apoyo del líder desde la cárcel de Lledoners, un discurso que ha virado de la confrontación a la resituación del independentismo ante el nuevo escenario político.ERC no quiere repetir los errores del 2017. La división social debe ser superada y los independentistas deben ampliar su base para forzar un nuevo debate que abra las puertas a la independencia. No renuncian a conseguirla, no renuncian a ser independentistas, pero mientras llega este anhelado momento “hay que gobernar el mientras tanto”, dicen en la dirección republicana. Un “mientras tanto” que cambia a velocidad de vértigo. El debate político se ha situado ahora en la gestión de la pandemia, la crisis económica, el paro, quitando el protagonismo al procés. Y la gestión de la crisis no ha sido el punto fuerte del independentismo, varado en un gobierno inoperante y que ha llevado sus luchas cainitas a decisiones muy impopulares.

Este posicionamiento político ha hecho bascular al partido. ERC fue fundamental para la moción de censura en España, para que Pedro Sánchez pudiera formar gobierno y para aprobar los presupuestos. Es decir, “el mientras tanto” de ERC empieza por facilitar la gobernabilidad, hacerse determinantes en Madrid para influir en la política española. La alianza táctica con el PSOE es inherente a que los independentistas prefieren a la izquierda, que consideran dialogante, que a una derecha que favorecería la confrontación, lo que beneficiaría a Junts per Catalunya que se encontraría en su escenario soñado de pulso permanente. Y en Catalunya, el “mientras tanto” abre las puertas a un cambio de eje. Del independentismo al catalanismo de PSC y Comunes. Un gobierno de izquierdas que si se produce no será de coalición. Como máximo un acuerdo de legislatura que en campaña nadie reconocerá salvo los Comunes.

Frente al posibilismo de ERC, la radicalización de Junts per Catalunya, que tendrá como cabeza de lista a Carles Puigdemont. Liderará la formación como presidente legítimo, aunque descarta ser el candidato. La presidenciable será Laura Borrás, la ganadora de las primarias de JxCAT, un partido fundado para mayor gloria del líder. Los sondeos no les son favorables pero la figura de Puigdemont ha sido decisiva para ganar. Lo fue en 2017 y en las europeas del 2019. Aglutina un sector electoral nada despreciable pero que necesariamente debe movilizarse. Y eso, solo lo puede hacer Carles Puigdemont.

Con su presencia, Junts per Catalunya quiere hacer bascular el eje del debate y volver a emplazar como principal al procés. Su tesis sigue siendo la misma. Confrontación con el Estado para forzar un referéndum de independencia, acordado o no, para doblegar a las instituciones europeas a favor de la secesión. Un objetivo que desde JxCAT lo consideran asumible, aunque los imputs que vienen de la Unión Europea lo hacen poco creíble e improbable.

En estas elecciones, Junts per Catalunya se erigirá en únicos representantes legítimos del 1 de octubre y los únicos independentistas “pura sangre”, dejando el papel de traidores “a la causa” a los republicanos que además “pretenden” pactar con la izquierda no independentista, lo que paralizara el procés y los convierte directamente en “colaboracionistas”. Impregnados de populismo, porque todo vale para desestabilizar al Estado, no han dudado en votar con la derecha española contra el Gobierno. Incluso, algunos espacios de crítica a Pedro Sánchez nadan en los mismos argumentarios antisistema. Su propuesta estrella: volver a empezar si se alcanza el 50% de los votos. ERC no está dispuesta a ir por este camino, pero si JxCAT les gana en diputados será el sustento para forzar de nuevo la situación. Incluso lo será si pierde por poco. ERC si quiere gobernar con su apoyo deberá asumir la fecha de un referéndum. Si no lo hace, y si no hay mayorías alternativas para formar gobierno, JxCAT podría forzar un nuevo proceso electoral.

La radicalización de la formación que defiende postulados de izquierdas, cercanos a la CUP y Comunes, y el hiperliderazgo de Puigdemont ha roto el partido que se autoproclama unitario de Puigdemont. El PDeCAT ha saltado del barco y se presenta a las elecciones con la exconsejera de Empresa, Àngels Chacón, una candidata apenas conocida. De número dos, irá la que fuera vicepresidenta de la Generalitat con Artur Mas, Joana Ortega.

Su gran activo es la fuerza en el territorio. En juego está saber si será suficiente para entrar en el Parlament. Las encuestas los dejan en puertas. Si logran representación no la pondrán al servicio de Puigment, porque los restos del naufragio de Convergència aspiran a repetir su papel en Catalunya y en el Congreso de los Diputados. Quieren ser los representantes de la derecha catalana que, aunque se ha apuntado al carro del independentismo, no quiere volver a estrellarse contra un muro porque la inestabilidad no es buena consejera en un escenario de pandemia sanitaria, y económica.

La extrema izquierda independentista, y anticapitalista a partes iguales, mantiene un discurso semejante a JxCAT. De hecho, la pugna por el voto más radical tendrá a ambos por protagonistas. Los “cupaires” han movido sólo una pequeña pieza. Si el independentismo gana debe formar un gobierno unitario y, esta vez sí, la CUP quiere formar parte.