Podemos, año VII: de la calle a Moncloa con «oxígeno artificial»

Ex dirigentes de la formación morada valoran la pérdida de simpatizantes a lo largo de todo este tiempo: la mitad de apoyo respecto a 2014

Los fundadores de Podemos: Luis Alegre, Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, en «Vistalegre I» (2014)
Los fundadores de Podemos: Luis Alegre, Carolina Bescansa, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, en «Vistalegre I» (2014)Jesús G. FeriaLa Razón

De las calles al Gobierno. De contar con un impulso ciudadano firme que le llevaría a irrumpir en el Parlamento Europeo y a despuntar en 2015 en las elecciones generales con 69 diputados, a entrar en el Gobierno en 2020 con 35, pero enfrentándose a la pérdida de músculo electoral que hoy, según las encuestas, desdibujan a la entonces Unidas Podemos que llegaba para ser la «palanca del cambio». Es el gran logro del partido, llegar al Ejecutivo a pesar de la perdida de apoyo electoral. Hoy, siete años después de su fundación, a pesar de su presencia en el Ejecutivo y de haber liderado la agenda social del mismo, los morados siguen aislados como la cuarta fuerza política en el Congreso, asumiendo incluso desde su dirección que, a pesar de estar instalados en Moncloa no han podido cambiar todo aquello para lo que estaban llamados. «Me he dado cuenta que estar en el Gobierno no es estar en el poder», reconocía ayer el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias en Salvados.

17 de enero de 2014. Teatro del Barrio vs. 17 de enero 2021. Palacio de La Moncloa. En una sala pequeña en Lavapiés se alzaba como iniciativa popular bajo el lema de ¡Sí se puede! y con el ánimo de despertar a una mayoría social que se agrupaba en las calles bajo el paraguas del 15-M. Un desconocido Pablo Iglesias se arrojaba sobre las grandes élites y el bipartidismo, dibujaba un nuevo tablero político en el que las mayorías absolutas serían parte del pasado. Primer as para los morados.

Sin embargo, durante este tiempo, el partido del ahora vicepresidente ha pasado de un discurso radical, aprovechando el descontento popular debido a la inestabilidad económica, a navegar en un mar de contradicciones al entrar en el Gobierno, donde, según ha reconocido el propio partido no ha podido siempre torcer el brazo a los socialistas.

En el camino, el partido ha dejado atrás a parte del equipo cofundador, bien por descontento con la hoja de ruta morada o por peleas internas de poder. Atrás queda la mítica imagen de Iglesias junto a Carolina Bescansa, Íñigo Errejón, Luis Alegre o Teresa Rodríguez, entre otros.

No solo se analiza la desvinculación humana de Podemos, también la perdida de apoyo de sus simpatizantes. Si en 2014, la primera asamblea ciudadana de Podemos, Vistalegre 1, elegía a su secretario general, así como su Consejo Ciudadano Estatal y su hoja de ruta con la participación de 107.488 personas, seis años después, en 2020, Iglesias saldría reelegido en una votación con escasa colaboración; tan solo 59.201 militantes de un total de 516.492 se interesaron por el proceso asambleario, -marcado, eso sí, por la Covid-. Solo la mitad de las bases moradas de 2014 respondieron a la llamada del partido. Unos datos que analiza un ex dirigente morado a LA RAZÓN, quien asegura que Podemos funciona «con oxígeno artificial». «No hay más que ver los datos de las consultas internas o los resultados electorales en Galicia y País Vasco. No hay proyecto autonómico, todo se dirige desde Madrid», zanja.

La perdida de voto la analiza en este aniversario el consultor del Centro Internacional de Gestión y Marketing Político (CIGMAP) de la Universidad Camilo José Cela, Eduardo González Vega, quien asegura que Unidas Podemos ha vivido un “efecto gaseosa”, es decir, subidón inicial tras su irrupción pero, ahora, remarca, “se han empezado a desinflar”. “La realidad es caprichosa, el tiempo desgasta. estar en la oposición es cómodo hasta que cuando llegas a un cargo de responsabilidad”, asegura para clarificar con un ejemplo, el de la subida de la luz. “Unidas Podemos criticó en la oposición la subida de la luz, a la que ahora mismo se enfrenta bajo la gestión de su Gobierno”, recuerda.

Para el politólogo, la bajada en las encestas del partido se debe a que al estar en el poder se visibiliza más la “diferencia entre el story telling y el story doing (lo que dices que vas a hacer y lo que finalmente haces). Es decir, si todo lo que prometías en oposición no acaba siendo real, esto genera una gran decepción y hace que el voto menos ideológico pueda fugarse”. Además, entra en riesgo el factor del voto útil, ver que si no votas al PSOE puede gobernar la derecha, zanja. . Analiza el experto que la comunicación política tan efectiva con la que crecieron en 2014, ahora está desapareciendo. “No están comunicando de forma efectiva y por eso bajan en las encuestas”, apostilla.