«Operación empatía» para que Sánchez conecte más con la calle y presentarle como un «Bambi»

Retoma su plan para que el presidente se acerque más a los ciudadanos y venda los logros. Buscan presentarle como un político con talante, una especie de Bambi

Pedro Sánchez interviene en un acto en Gijón
Pedro Sánchez interviene en un acto en Gijón FOTO: Paco Paredes EFE

«En España habrá cambio en 2015» y «en España el cambio se llama PSOE», porque la prioridad del Partido Socialista es «preparar el cambio político que tiene que haber en España en 2015». Así se expresaba hace siete años el entonces secretario de Organización del PSOE, Óscar López. El hoy jefe de Gabinete del presidente del Gobierno, presumía que para conseguir ese cambio el secretario general del PSOE debía salir a la calle a explicar cuál era la alternativa socialista y conectar con los deseos y las aspiraciones de los ciudadanos. Resultado, tres derrotas: elecciones generales 2015 y 2016, y elecciones municipales y autonómicas.

En 2022, Óscar López no ha cambiado su esquema. No innova, mismo librillo. Desde Moncloa ya se lanzó el mensaje de que el presidente saldría más a la calle, dando a entender que en la etapa anterior, en plena pandemia, Pedro Sánchez estaba encerrado en los despachos monclovitas por el entonces jefe de Gabinete, Iván Redondo, el mismo que le llevó a La Moncloa en 2018 y le permitió ganar dos elecciones generales en 2019, amén de autonómicas, municipales, europeas y las catalanas de hace un año. No debió funcionar mucho esta ocurrencia en verano porque ahora Moncloa nos obsequia de nuevo con el manido plan: «Operación empatía». Pero Sánchez no es Bambi.

El objetivo de esta «operación empatía» es vender los éxitos, comunicarlos mejor, explicar la senda de la recuperación, conectar con los ciudadanos para evitar el desgaste y retomar la iniciativa política y ciudadana. Se quiere presentar a un presidente del Gobierno con talante, lo que recuerda a aquel Bambi que diseñó Miguel Barroso, la almohada en la que descansaba José Luís Rodríguez Zapatero. Ser almibarado no parece la solución para hacer frente a la batalla cultural que está planteando la derecha y casa poco con el carácter del presidente, teniendo en cuenta que las encuestas dicen aquello de no lo hacen mal, pero tienen mala imagen y hasta el momento en democracia no parece que la mala imagen atraiga votos.

“Agenda de proximidad”

Esta línea de trabajo se explica en estos días en los aledaños de La Moncloa, pero cualquier observador de la política española puede comprobar, y la hemeroteca es una fuente inagotable, que estos objetivos son los mismos que se marcaron el 10 de julio con la remodelación del Gobierno. La «agenda de proximidad» del presidente no ha funcionado y la última visita a Palencia fue todo un ejemplo. Si ahora, este argumentario se repite siete meses después la conclusión es evidente: el cambio de Gobierno fue todo un fiasco. La preocupación va en aumento en el mundo socialista. Se prometió un nuevo impulso bajo el eslogan «el PSOE ha vuelto» y lo único que se constata es descoordinación, además de ausencia de ideas. La derecha ha ganado todos los debates desde hace siete meses. Los «facedores» del golpe de Palacio no han podido ni sabido recuperar el ímpetu del Gobierno ni del presidente. De nuevo, se rememora aquel ya lejano 2015 de «el cambio se llama PSOE».

La pasada semana, Sánchez modificó además el organigrama de su equipo. Óscar López cedió el mando de la Unidad de Estrategia a Antonio Hernando. De alguna forma, «el gafe», como lo tildan muchos en Castilla y León, trata de salirse del medio ante la previsible derrota en su tierra. Él mismo se presentó en 2011 y el PSOE perdió cuatro diputados. Su estrategia en 2015 y 2016 llevó al PSOE al ostracismo y sus años junto a Rubalcaba no fueron mejores, aunque siendo secretario de Organización no soltó prenda y siguió liderando el grupo socialista en la Junta. El resultado, cuatro diputados menos en 2015.

Óscar López quiere compartir el «marrón» con su segundo, Antonio Hernando, compañero de fatigas, y derrotas, durante años. No ha sido el único movimiento. Comunicación con los ciudadanos que se había separado con la crisis de gobierno del departamento de análisis vuelve a sus orígenes, al departamento de análisis. Y Moncloa, ojo, ha creado una Dirección General de Coordinación Informativa tras constatar que nadie en siete meses ha sido capaz de detectar que el Gobierno no se coordinaba. Tuvo que suceder la polémica de la carne para que Moncloa detectara que tras la marcha voluntaria de Redondo nadie se encargaba de la coordinación. Como muestra, el botón Garzón que ha roto las entretelas del Gobierno de coalición, tensionándolo al máximo y con un añadido: la polémica ha dado vida a Podemos en Castilla y León y ha dejado al PSOE dando trompicones a un mes de las elecciones.

Bolaños, la estrella de la campaña

«Una de las cosas que más ilusión me hacen en la vida política es ver un cambio en Castilla y León, porque nunca lo he visto», decía Óscar López en 2015. No parece que ahora lo vaya a ver y por si acaso se ha puesto a buen recaudo. Según fuentes socialistas, López intervendrá en la campaña castellanoleonesa para coordinar los mensajes del presidente. Su entorno trata desentender a López de los resultados y quiere señalar como responsables de la campaña a Ferraz. En concreto a Javier Izquierdo situado a la sombra de Santos Cerdán, actual secretario de Organización, que en estos días ha visto mermadas sus competencias en favor de Adriana Lastra, que dirigirá la comunicación del partido –otro movimiento– y tutelará la acción parlamentaria. Con estos cambios, Lastra se pone en primera línea en la campaña de Castilla y León, al igual que el ministro de la Presidencia con aspiraciones vicepresidenciales, Félix Bolaños, que será la estrella de la campaña junto a Reyes Maroto y Margarita Robles.

Su primera intervención en un mitin fue un homenaje al lingüista George Lakoff: «No pienses en una vaca». Bolaños, en un alarde, dijo en su primer mitin «que hablen las vacas y no el PP», en un intento de acallar los ataques de los populares que pueden aspirar a gobernar incluso sin Vox, dejando sin argumentos a un PSOE acorralado que mira con preocupación al mes de abril porque Moreno Bonilla ya tiene deshojada la margarita. Si la preparada frase de Bolaños en un mitin es la alternativa al PSOE le espera una camino lleno de espinas. Además de que ahonda en el marco que ha instalado la derecha.

Mientras, el enésimo error lo ha protagonizado el secretario de Estado de Comunicación poniendo en marcha su propia estrategia, con el aval del autocalificado «hombre fuerte de Moncloa», Félix Bolaños. Se explican los fondos europeos, un briefing pero solo para algunos medios. Otros ni son convocados hasta que la polémica estalla, LA RAZÓN entre ellos, y ante las airadas protestas se les convoca 48 horas después. La justificación del secretario de Estado, Francesc Vallès, «Moncloa solo dejaba la sala, convocaba Economía». Tan surrealista versión solo sería aceptable si Francesc Vallès presentara su dimisión por incompetencia manifiesta y Félix Bolaños asumiera su responsabilidad.

En sus manos está la Comunicación y, visto lo que ha pasado en estos siete meses, se nota, y encima quieren presentar a Sánchez como Bambi. Cosas veredes que no son crederes, amigo Sancho. En varias federaciones del PSOE, incluso ministros del Gobierno, no se entienden estos errores propios, ven al presidente al descubierto, sin escuderos políticos y hay quienes empiezan a abogar por nuevos cambios en el Ejecutivo antes de lo que muchos pueden pensar porque los nuevos timoneles han dejado el barco a la deriva.