El efecto Feijóo se hace carne

Feijóo tiene, de momento, el viento a favor y puede permitirse algún error o desliz, a no ser que se meta en un charco

Toni Bolaño

¿Considera el presidente del Gobierno que su ejecutivo está a la altura de las necesidades de las familias españolas? Con esta pregunta se estrena el líder del PP en el Senado. Después de varios meses sin líder, el efecto Feijóo se hace carne en el hemiciclo senatorial. La pregunta es genérica muy del estilo de Rajoy que inició la legislatura de 2008 hablando de economía, aparcando el leif motiv de la anterior que versó sobre terrorismo. En la segunda, el 94% de las 83 preguntas versaron sobre economía, el punto débil del presidente Zapatero. Ahora, 14 años después la debilidad del Gobierno es la economía y Feijóo se ha instalado en ella sabiéndose fuerte porque la percepción social es negativa y porque las encuestas le han subido a un tren que puede llegar a la primera estación en Andalucía dentro de apenas 12 días.

Feijóo y Sánchez se batirán en un duelo de siete minutos. El reglamento les permite dividir el tiempo en dos intervenciones. La pregunta es breve, concisa, amplia. Apenas le consumirá tiempo formularla. El líder del PP dejará que juegue el balón el presidente Sánchez, a sabiendas que su papel es endemoniado. No lo tiene fácil, mientras que Feijóo puede detallar los fracasos del ejecutivo como la energía y su impacto en la inflación, sabiendo que son caballos ganadores. El Gobierno ha hecho muchas cosas en materia económica positivas. La subida del SMI, la reducción del paro, la contención de la temporalidad, los ERTE’s, los planes de recuperación……. pero la percepción en la calle es negativa. Las familias piensan que la cosa no va bien. Lo piensan porque el gobierno hace políticas, pero no tiene política. Le falta política y, en consecuencia, comunicación. No falla la comunicación, eso es falaz. Le falla el relato, el Storytelling, pero, sobre todo, le falla construir el Storydoing, pasar de la palabra a la acción, hacer fuerte el valor marca PSOE. No basta con hacer cosas, contar historias, hay que conectar con los ciudadanos con osadía y valentía. Este escenario aúpa por sí mismo a Feijóo que solo tiene que subirse a la ola. No hace falta que ejerza un liderazgo desmesurado. Sánchez sí.

Ambos se verán un día después del primer debate en Andalucía. Será visto también como una segunda vuelta. Los dos dirigentes se la juegan en las próximas autonómicas y saben que sus palabras tendrán repercusión mediática en el sur de España e impacto en la campaña porque tertulianos y analistas debatirán sobre la versión moderna de “Duelo a muerte en Ok Corral” en el Senado. Feijóo tiene, de momento, el viento a favor y puede permitirse algún error o desliz, a no ser que se meta en un charco como la pasada semana en Alsina con el apartheid lingüístico o la falsedad de los datos de paro. Sánchez lo tiene más complicado. Tiene que aprovechar su oportunidad para movilizar a su electorado. El PSOE andaluz no es que esté desmovilizado, es que no está siquiera movilizado, está cuasi aletargado. El presidente del Gobierno sabe que tiene complicado ganar pero también sabe que no puede perder.

Lo más seguro es que Feijóo apunte algún acuerdo sobre las medidas para paliar los efectos contra la guerra. Esta vez lo hará en la Cámara Alta, no ante los medios de comunicación, y el presidente no podrá refugiarse solo en el pacto para renovar el Constitucional, ni ser agresivo, ni insultante, ni condescendiente y, menos, irónico. Tendrá que rehuir el debate para salir vivo. Feijóo puede echar mano de la última pregunta de su paisano y expresidente ante Zapatero en septiembre de 2011. Rajoy acabó así “deja usted una herencia envenenada. Tendremos que hacer un gran esfuerzo, pero estoy convencido de que España es un gran país y que va a superar esta situación”. Bien podría ser un punto y final a la intervención del presidente del PP.