Tras las elecciones

Sostenella y no enmendalla

El PSOE debe acabar haciendo de verdad la autocrítica necesaria tras el resultado del 19-J

El secretario general del PSOE de Andalucía, Juan Espadas (c), con los compañeros de partido, ayer en Sevilla
El secretario general del PSOE de Andalucía, Juan Espadas (c), con los compañeros de partido, ayer en SevillaRaul CaroAgencia EFE

La digestión de una derrota electoral siempre es muy ácida. Hay que poner buena cara al mal tiempo y eso no es fácil. La rueda de prensa de Juan Espadas en Sevilla rodeado de los pesos pesados del PSOE andaluz, todos con cara de funeral lo dice todo. La dimisión del candidato, que algunas voces críticas han pedido, no tiene demasiado sentido porque dejaría al Partido Socialista con más jirones de los que ya tiene. Conviene que el tiempo amaine, volver a pertrechar al partido y definir la estrategia. Todo sin prisa, pero sin pausa, para acabar haciendo de verdad la autocrítica necesaria, y nunca acabar con un «sostenella y no enmendalla».

A esta frase del castellano antiguo se han aferrado los líderes socialistas. «No se pueden extrapolar los resultados de las autonómicas a las españolas», dicen con firmeza, con esa idea de construir un muro de contención en Despeñaperros. Saben que no es cierto, pero se empecinan con esa ilusión que en palabras de Adriana Lastra queda en «el PSOE sigue liderando las encuestas en España». No se conforma quien no quiere, sin duda.

Desde el año 19, tras las generales, autonómicas, europeas y municipales, el Partido Socialista solo ha ganado en Cataluña. Cayó en Galicia, Euskadi, Madrid, Castilla y León y ahora en Andalucía. Cierto que la extrapolación mimética no existe –que se lo digan a Vox que ha aumentado 100.000 votos comparando con las autonómicas del 18, pero que ha perdido 400.000 con respecto a las generales– pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Andalucía es el máximo exponente de una tendencia que empieza a ser apabullante, que requiere movimientos audaces y no inmovilismo, porque sino te mueves ya sabes lo que va a pasar: perder. Convendría, que los dirigentes socialistas analizarán que no han ganado en ninguna provincia y eso implica que la ventaja del PSOE al PP en Andalucía desaparece, y sin este superávit, la victoria se complica en las generales.

La complejidad sube de nivel ante las previsiones económicas. Todo será más difícil tras el verano y eso lo saben bien en Moncloa. Cada día en el Gobierno puede significar más pérdida de apoyos. Un detalle. El PSOE no ha recuperado ni un voto perdido en 2018 y ha perdido cien mil más. ¿Qué necesitan para darse cuenta de que se está mascando una tragedia en dos actos: autonómicas y municipales, primero, y generales, segundo?

En el PP, euforia desmedida. Es para que estén entusiasmados pero el camino hacía las generales será un camino lleno de espinas. Que Vox se haya quedado en la estacada andaluza es un revulsivo, pero el pulso con la extrema derecha no está visto para sentencia, como tampoco se quedará en el rincón de pensar la líder de Madrid. Isabel Díaz Ayuso no es de las que se queda a verlas venir y eso en Génova, bien lo saben, porque Ayuso no cambiará su estrategia ni su lenguaje radical. Que Ciudadanos esté en fase de desguace también ayuda, pero Feijóo tendrá que esforzarse en convertirse como Moreno en el «pal de paller», o sea, el eje de todos los votantes conservadores e incluso de los otrora de izquierdas.

La izquierda del PSOE también tiene deberes. Han pagado su división y sus peleas, y le ponen cuesta arriba a Yolanda Díaz su proyecto de escucha. De entrada, la vicepresidenta debería hablar y escucharse, mutuamente, con el presidente del Gobierno. Pasar página de Andalucía sin más es sinónimo de ruina para las fuerzas progresistas. Sánchez, de momento, no moverá pieza. Ciertamente, las decisiones deben tomarse en frío, pero deben tomarse. Sin mover pieza el desastre está cantado, sin políticas de izquierda la desmovilización se consolidará y sin alternativas ilusionantes la travesía del desierto se hará interminable. Sánchez tiene la palabra se presente él o no. Y debe hacerlo pronto, porque otro tsunami está en el horizonte: Valencia. El carpetazo al sostenella y no enmendalla debe ser más pronto que tarde.