26-M: Batir al PSOE, ¿misión imposible?

La sangría de votos de la formación que lidera Pablo Iglesias y la advertencia de Vox marcan unas elecciones que se miden, una vez más, en clave nacional

PSOE y Cs buscan reeditar los resultados de las generales. El PP ansía recuperar su electorado. Podemos se enfrenta la sangría de votos de su formación y Vox, esencial en muchos pactos, no dará su apoyo a cambio de nada.

Aún con la resaca de las elecciones generales hoy los españoles volvemos a las urnas. Tres papeletas, tres sobres que decidirán si la segunda vuelta reedita los resultados de la primera. O lo que es lo mismo, si el avance del "sanchismo"no tiene límites. Y es que por mucho que los candidatos europeos, municipales y autonómicos hayan echado el resto en su campaña, el escrutinio se medirá en clave nacional.

Y aquí los que más se juegan son Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y el recién llegado Santiago Abascal. En el punto de mira, las de siempre: Madrid y Cataluña, las dos plazas más importantes en la que todos quieren reinar. Y en este tumulto de pactos y cifras, cualquier cosa puede pasar. Las mayorías absolutas con cosas del pasado.

Las encuestas parecen tener claro dos cosas. La primera es que Unidas Podemos pierde fuerza. Todas las encuestas auguran una sangría de votos de la formación morada y no se sabe bien si es debido al llamado "voto útil"de la izquierda que favorece a los socialistas o por la pérdida de credibilidad de sus líderes y sus políticas. El hecho de que Iglesias "mendigue"ministerios ante la indiferencia del Gobierno de Sánchez no ayuda mucho.

Unidas Podemos quedaría relegada al papel de "colaborador necesario"para aupar al PSOE en muchas regiones. Según la última encuesta de NC Report para La Razón, el batacazo electoral de la formación morada se ve claramente en la Comunidad de Madrid donde pasarían de los 27 escaños actuales a entre 14-15, Castilla y León, donde pasarían de 10 a 4 diputados, o Aragón, donde perderían hasta cinco escaños. Y si no, no hay más que mirar los resultados de las elecciones generales para ver que no pasan por su mejor momento.

Pero esto va más allá de la fortaleza de Podemos para ayudar al PSOE a sostener determinados gobiernos autonómicos y municipales. La pérdida de fuerza de Pablo Iglesias resta su capacidad para negociar el pacto de investidura de Pedro Sánchez y sus exigencias. No olvidemos, que los socialistas podrían mirar también hacia Ciudadanos, que si bien dejó clara su postura a nivel nacional, no lo ha hecho en esta ocasión.

En la Comunidad de Madrid, la situación es aún más dura para la formación morada, ya que parte de su electorado se ha volcado con la marca de Carmena, Más Madrid, y su candidato Íñigo Errejón.

Si bien es cierto que en las elecciones generales se habló del tsunami Vox ahora, con las cosas más claras, hay que hablar simplemente de la "irrupción"de la formación que lidera Santiago Abascal. Las encuestas no le otorgan un número de escaños considerable, ni siquiera destacado, sin embargo serán imprescindibles para que el bloque de la derecha forme mayorías.

Así, por ejemplo, a pesar de que todo apunta a que los socialistas serán los más votados, no conseguirían los gobiernos de Madrid, Castilla-La Mancha y Extremadura dado que la suma de PP, Ciudadanos y Vox se lo impedirían.

Pero en esta ocasión hay una variante. Reeditar el pacto andaluz se antoja lejano, ya que los dirigentes de Vox han dejado claro que esta vez no darán su apoyo a cambio de nada, su objetivo ahora es formar parte de los gobiernos regionales y municipales. No se lo pondrán fácil a quien quiera pactar con ellos. Su presencia en ayuntamientos como el de Madrid y Valencia será muy relevante.

Los de Pablo Casado son los que más se juegan en estas elecciones, no sólo está en juego su liderazgo sino la posibilidad de perder alguno de sus feudos. Si bien es cierto que mantendría Murcia, Castilla y León y la Comunidad de Madrid, necesitará repetir el pacto andaluz para que esto suceda.

En esta carrera se mide a los socialistas para luchar por los gobiernos regionales y municipales y se mide a los de Ciudadanos para evitar que su ascenso les reste votos. O lo que es lo mismo, cuanto peor para Ciudadanos, mejor para el PP. Aún está por verse cómo interactúa Vox en esta relación a tres.

Su objetivo es evitar la sangría de votos de las generales y recuperar a su electorado. Evitar el avance socialista es una guerra más ardua y complicada.

Mucho se ha hablado de que el bipartidismo es cosa del pasado, pero el mapa territorial se tiñe de rojo o azul. Es verdad que necesitan de pactos, pero los gobiernos siguen siendo, en su mayoría, de PSOE o PP. Y decimos en su mayoría porque hay dos claras excepciones en estas elecciones: Navarra y Cantabria.

El porcentaje de votos de los socialistas será el más alto en casi todas las autonomías excepto en estas dos. En Cantabria, el partido más votado es la formación regionalista que preside Miguel Ángel Revilla. En Navarra, hartos de la confluencia independentista, la victoria sería en esta ocasión para Navarra Suma, la fórmula de UPN, PP y Ciudadanos. Según la última encuesta de NC Report para La Razón, obtendrían 18 escaños, aunque no le garantiza presidir el ejecutivo. Geroa Bai y Bildu bajan (ocho y siete respectivamente), al igual que Podemos. El PSOE obtendría 11 escaños.

Los denominados ayuntamientos del cambio, Madrid y Barcelona, siguen siendo objeto de deseo de todas las formaciones políticas. En ambos casos todo se decidirá por un puñado de votos.

Este resultado ajustado deja escenas como el empate técnico entre Ada Colau y el líder de ERC, Ernest Maragall. Según la última encuesta del CIS, los Comunes obtendrían hasta once concejales con el 23% de los votos, frente al 22,9% de los republicanos, que lograría entre 9 y 11 escaños. Tras ellos PSC, JxCat, Cs, PP y la CUP... y una calculadora para no equivocarse a la hora de pactar.

En el Ayuntamiento de Madrid la situación no es muy distinta. El partido más votado sería Más Madrid, la plataforma creada por la alcaldesa Manuela Carmena, que acapararía el 27,5% de los votos. Eso sí, se dejaría 51.000 apoyos y tres concejales respecto a las elecciones de 2015: de 20 a 17, cuando se presentó bajo las siglas de Ahora Madrid. Le seguiría el PP liderado por José Luis Martínez-Almeida: un 21,5% de las papeletas, aunque se trata de la formación que más votos –alrededor de 197.000– y representantes pierde, pasando de 21 a 13. El tercer puesto refleja prácticamente un empate técnico entre el Cs de Begoña Villacís y el PSOE de Pepu Hernández: la primera obtendría un 19,4% de los electores y 12 concejales; el segundo, un 18,5% y 11 ediles. En todo caso, ambas formaciones mejoran sus resultados en relación a hace cuatro años.

Vox, liderado en la capital por Javier Ortega Smith, irrumpiría en Cibeles con 134.000 votos –un espectacular aumento del 1.200%– que posibilitaría su desembarco con cuatro ediles.

Con estos datos, la suma de la derecha obtendría 29 concejales y el bloque de la izquierda, 28. Con un escenario tan reñido, el voto indeciso se antoja clave a la hora de dilucidar la victoria en este y otros muchos lugares de España.

A nivel europeo los dos bloques llegan con un empate técnico. A diferencia de otros países, los populismos se desinflan y no consiguen el respaldo que sí consiguieron en otros países. Podemos pierde presencia y Vox consigue escaños pero se queda muy lejos de lo obtenido por la ultraderecha en otros países de nuestro entorno.

El PP, de nuevo, perderá votos pero se verá reforzado por el apoyo de Ciudadanos. El PSOE, imparable, le arrebatará la hegemonía a los populares. Nota aparte merece la llegada del debutante Carles Puigdemont que lograría escaño en el Parlamento europeo. Esó sí, aún está por ver que recoja su acta.