Nosotros los del 68

Nacieron en pleno «babyboom», esa generación que dejó una cohorte de 14 millones de niños en España entre 1957 y 1977

Crecieron con Los payasos de la Tele y gozaron del despertar de la democracia al tiempo que llenaban la banda sonora de su vida con Alaska y Serrat y leían con fervor «Caballo de Troya». Rupturistas, aventureros, llenos de incertidumbres e internacionales. Así son los coetáneos del Rey.

En sus «walkman» sonaban casetes de Mecano y en los guateques de juventud se ponía a todo trapo en los comediscos a los Bee Gees y a los Jackson 5. La generación del 68, que hoy se une en sus felicitaciones al Rey Felipe, fueron los «babyboomers», un hito de la sociología que ha sido objeto de estudio en todo el mundo. Fueron los niños del despertar de la guerra, la máxima expresión de la libertad y los jóvenes de la Transición, preparados, con ganas de volar y soñar. En España, la horquilla engloba a aquellos nacidos entre 1957 y 1977, según el Instituto Nacional de Estadística. En total fueron más de 14 millones de bebés, que se dice pronto, lo que supone un 2,5 millones más de todos los partos que tuvieron lugar en los 20 años anteriores y 4,5 millones más de los que vendrían en los 20 siguientes. Las guarderías colapsaron y las universidades se abarrotaron. Esta cohorte es el ejemplo del aperturismo de España que trajo consigo también un lado oscuro como el auge de las drogas, que impregnó la mítica «Movida» y otras más positivas como el despertar sexual que durante todos los años previos había sido censurado y perseguido. «A esta generación les define sin duda alguna el cambio, el paso de la certidumbre a la incertidumbre. Van de la idea de previsión a una indefinición sobre su futuro y el de sus hijos. Se produjo una ruptura con los padres, con la autoridad que representan, una escisión que años más tarde se recuperará, pero que entonces marcó un patrón de conducta», explica a LA RAZÓN Roberto Luciano Barbeito, sociólogo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

Para hablar de lo que define a esta generación, este diario reúne a varios «babyboomers» que ha su vez han dejado una huella en la historia de España y que ahora recuerdan con nostalgia su juventud al tiempo que miran con optimismo el futuro. «Despertamos a la libertad con la inocencia de los ignorantes y fuimos capaces de responsabilizarnos de que no daríamos un paso atrás», explica el juez Fernando Grande-Marlaska, que para la banda sonora de su generación elige a Antonio Vega, «La chica de ayer», por supuesto, o «The whole of the moon» de Waterboys. «Si tuviera que elegir la literatura que me marcó me quedaría con ‘‘Rojo y «Negro’’, de Stendhal o ‘‘Memorias de Adriano’’ de Marguerite Youcenar», dice el juez.

Por su parte, la ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, hace un guiño a los padres de los «babyboomers» por «habernos regalado la democracia y años de progreso y paz». No olvida recordar cómo para conseguir estos avances «la Monarquía contribuyó de manera decisiva». «Tenemos la suerte de tener un Rey que seguro continuará con esa tarea, al haber heredado de su padre los valores de sentido del deber, amor a España, tolerancia y compromiso; a lo que suma ser un hombre de su tiempo, que combina lo mejor de ambas generaciones», dice.

«Para mi, el rey Felipe es ese niño que veía por la televisión cuando era pequeño. Nuestra generación siente una simpatía muy grande por él porque forma parte de las imágenes de nuestra vida. Todos somos los niños de los payasos de la tele y de los programas de televisión con nombres propios», reflexiona el periodista y escritor Javier Sierra. Si ahora arrasa Operación Triunfo y Gran Hermano, antes lo hacían Félix Rodríguez de la Fuente y Miguel de la Quadra-Salcedo. «En una entrevista del Rey, le escuché decir que estaba leyendo ‹‹Caballo de Troya, de J.J. Benítez. Una novela que probablemente le facilitó su madre, la Reina Sofía. A mí también me marcó ese libro», afirma. Sierra aprovecha la ocasión para también reconocer el papel de «las madres» en la formación de los niños «babyboom» y, en especial, a la Reina Sofía «que siempre ha estado a su lado y le ha educado tan bien».

«Esta generación es en la cual se alarga el periodo de juventud. Antes, ésta era sólo una antesala para entrar en la vida adulta, pero en ese momento cambió», argumenta el doctor en Sociología del Consumo de ESIC Juan María González-Anleo. «No teníamos miedos, éramos aventureros pero a la vez inocentes», destaca Flavia Hohenlohe, presidenta de Sotheby’s España. Si la adolescencia de esta «camada», la cual es mayoritariamente urbana y volcada en la incipiente tecnología, fue clave para la internacionalización de España (fueron los primeros en disfrutar del interrail), su madurez ha estado marcada por la exportación y ósmosis de esos valores a descendencia. «Sin embargo, considero que nosotros fuimos unos niños que mirábamos mucho más al cielo que ahora», apunta Sierra. Con la llegada de los smartphones los ojos pasaron hacer foco en las estrellas a posarse en las pantallas LCD. Pero esos jóvenes, hoy padres y madres (o solteros, que también los hay) seguirán reivindicando su lugar en el mundo y su legado formará parte indiscutible de nuestra Historia.

Javier Sierra

«Somos la generación del cambio, más evolucionaria que revolucionaria; de los misterios y enigmas, aventureros y poco acomodados, con ganas de descubrir. Nos caracteriza la familiaridad y los eternos viajes de carretera, las comidas en el campo y los baños en el río. Nuestra obsesión era sacarnos el carnet y evitar como fuera la ‘‘mili’’»

Amaya Arzuaga

«Vivimos una avalancha de nuevos estímulos tanto sociales como culturales. Una época de continuos cambios que nos abrió un mundo lleno de posibilidades, información y vanguardias. En la moda, Jean Paul Gaultier revolucionó su visión tanto del hombre como de la mujer, al igual que Francis Montesinos en España»

Juanjo Artero

«Tuvimos todo por descrubrir y por hacer. Mi banda sonora era Serrat y mis libros de cabecera los que me regalaba Antonio Mercero como las Obras Completas de Shakespeare, otros de Lorca, Machado, Miguel Hernández... Estábamos llenos de ilusión y felices con cualquier cosa, hasta jugar con una piedra y una lata de Cocacola».