Así ordenó el etarra «Kantauri» el asesinato de Miguel Ángel Blanco: «Si no podéis hacer un secuestro, dadle en toda la cabeza»

LA RAZÓN accede a dos cartas inéditas del entonces jefe de los «comandos» de ETA, en las que el dirigente terrorista propone aprovechar un funeral por un concejal asesinado para disparar con un fusil de largo alcance contra el Rey, el Príncipe de Asturias o Aznar

Reproducción de dos cartas en las que el entonces dirigente etarra José Javier Arizcuren «Kantauri» insiste al «comando Vizcaya» en que «es muy importante darles a los políticos del PP»
Reproducción de dos cartas en las que el entonces dirigente etarra José Javier Arizcuren «Kantauri» insiste al «comando Vizcaya» en que «es muy importante darles a los políticos del PP»

LA RAZÓN accede a dos cartas inéditas del entonces jefe de los «comandos» de ETA, en las que el dirigente terrorista propone aprovechar un funeral por un concejal asesinado para disparar con un fusil de largo alcance contra el Rey, el Príncipe de Asturias o Aznar.

El secuestro y asesinato del concejal del partido Popular en Ermua Miguel Ángel Blanco –crimen del que se han cumplido 19 años esta semana– tenía una segunda parte, según los planes de ETA. Asesinar con un fusil de largo alcance a una de las personalidades que acudieran al funeral, entre ellas el entonces Príncipe de Asturias, hoy Felipe VI, la personalidad más relevante en las exequias tras el entonces Rey de España Juan Carlos I.

Así se revela en sendas cartas a las que ha tenido acceso LA RAZÓN, que el jefe de los «comandos» en esas fechas, José Javier Arizcuren Ruiz, «Kantauri», remitió a las distintas células que dependían de él. Al ser desarticuladas por las Fuerzas de Seguridad la mayoría de ellas, se pudo evitar el magnicidio, que el «comando Donosti», autor del asesinato de Blanco, no pudo llevar a cabo por razones que se desconocen pero que pudieron estar motivadas por no contar con un militante «legal» (no fichado) dispuesto a ello o por no llegar a tiempo el rifle o G-3 necesario para perpetrar la acción criminal.

El 24 de septiembre de 1997, la Guardia Civil desmantelaba en Bilbao el «comando Vizcaya». Al enfrentarse a tiros con los agentes de la Benemérita, morían los dos etarras que componían la célula: Salvador Gaztelumendi y José Miguel Bustinza. En el registro efectuado en una vivienda de la calle Basconia de Basauri, cerca de Bilbao (que había sido utilizada por los miembros de ETA) se encontraron dos cartas manuscritas firmadas por «Kantauri».

El cabecilla, tras informar a los terroristas de que les enviaba dinero (500.000 pesetas) mostraba su preocupación por un asunto que desbordaba el «modus operandi» de la banda. Buztinza y Gaztelumendi le habían informado en un mensaje que uno de sus colaboradores en Vizcaya estaba dispuesto a perpetrar una acción «kamikaze» (suicida) para favorecer la libertad de los presos.

La contestación del jefe de los «comandos» era clara y contundente: «En relación a la carta del militante que se propone para hacer cosas más fuertes (tipo kamikaze). En primer lugar, deciros que no (subrayado) estamos de acuerdo en que un militante explote con un coche. Dicho esto, paso a comentaros otras posibilidades. Un militante que está dispuesto a coger una serie de riesgos suplementarios, está la posibilidad de hacer una acción después de un secuestro».

«Plantearle que después de una acción y en el sitio donde va a ser el funeral, con la ayuda de vosotros, secuestrar a los habitantes de una casa donde se vea la entrada de la iglesia o cementerio y con el rifle o el G-3 (fusil de largo alcance) tirar contra uno de los políticos que estén en el funeral (el Rey, el Príncipe, el ministro del Interior, Aznar). Yo pienso que dejando el fusil o G-3 abandonado en la casa y siendo ese militante “legal” (sin antecedentes) y saliendo limpio (sin nada) con la confusión, hay posibilidades de salir de esa acción y esto es muy importante como acción y no se utiliza la palabra kamikaze. El militante tiene bastantes posibilidades de salir en la confusión que se origine. Bueno, ya me contaréis como veis el tema (como lo ve él) y si lo va a intentar».

En otra carta, les informaba que de momento no les podía mandar el fusil ni una pistola del calibre 22 que le habían pedido, pero que, en cuanto pudiera, se las enviaría. Insistía en esta misiva en el plan de utilizar el funeral o el entierro para cometer un nuevo atentado, aunque el asunto central de ambas cartas era, precisamente, el que dio origen al secuestro y posterior asesinato del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco.

Decía «Kantauri» en una de esas cartas que no sólo envió al «comando Vizcaya», sino a las otras células que dependían de él (entre ellas la que operaba en Guipúzcoa) e insistía en la importancia del momento era «inmensa».

«Lo que os pedimos es que las acciones que realicéis sean directas contra las fuerzas de ocupación (Guardia Civil, militares, Policía Nacional) y un esfuerzo enorme con los políticos. Es muy importante el darles a los Políticos del Partido Popular. Deciros que cualquier político del PP es objetivo, repetiros lo importante de estas acciones. Otra cosa, poned toda la fuerza posible en levantar a un concejal del PP, dando un ultimátum de días para que los presos estén en Euskadi. En relación a este tema (secuestro) hacedlo lo antes posible y, si no podéis secuestrarlo o hay un problema en el intento, le dais kaña y a por otro. De todas formas, intentad levantar a uno. Haced acciones directas y sobre todo el tema de secuestros de concejales, dar a los políticos del PP y los de la lista que os mandé y dar a las Fuerzas de Ocupación».

Arizcuren Ruiz dejaba clara cuál era la estrategia que había marcado el «comité ejecutivo» de ETA, –formado por, además de este individuo, por Ignacio Gracia Arregui, «Iñaki de Renteria», Miguel Albisu Iriarte, «Mikel Antza», y Soledad Iparraguirre, «Anboto», que cumplen condena en la prisión francesa de Reau Sud Francilien, mientras que «Kantauri» esta en el centro penitenciario pontevedrés de A Lama.

Como los resultados no llegaban y el secuestro y posterior asesinato de un concejal del PP no se producía, el cabecilla instó a las células en otra carta a que no se olvidaran de un asunto «tan importante». «Con el tema de los concejales y políticos me figuro que en el mes de agosto habréis tenido problemas para encontrarlos por las vacaciones, pero vuelvo a insistiros sobre la importancia de este tipo de acciones. Poned toda vuestra fuerza, ganas y militancia en levantar un concejal del PP. Espero vuestra contestación sobre este tema tan importante. Vosotros podrías hacer la parte de levantar al concejal y, una vez ejecutado, en el funeral habrá un montón de políticos. Coged una casa que dé a la iglesia y el “laguntzaile” que dispare con el G-3 al político de más alto nivel que vaya (el Rey, Príncipe, Aznar, Mayor Oreja, Atutxa, etcétera). Bueno espero vuestra contestación a este tema y que ya estéis trabajando en ello».

Y subrayaba «sobre la coyuntura»: «En estos momentos lo más importante es seguir la línea que hemos comentado... Tenemos que ver lo importante de dar directamente a los políticos y el tema de los secuestros. Como ya os comentaba anteriormente, no hagáis sabotajes. Hacer acciones directas y sobre todo secuestro de concejales. Dar a políticos del PP y de la lista que os mandé y dar a las fuerzas de ocupación... Ver lo importante de la coyuntura y haced vosotros y todos los militantes que están con vosotros el esfuerzo necesario para atacar los objetivos que os comento. Eskideak, entre todos tenemos que sacar esto adelante. Vamos a ganar. Darles caña lo más fuerte posible».

Estas dos cartas, junto con el resto de documentos manuscritos incautados tras la desarticulación del «comando Vizcaya», fueron remitidas al Servicio de Criminalística (Departamento de Grafística) de la Guardia Civil con el fin de determinar la autoría de las mismas. Los agentes elaboraron un informe pericial en el que se concluía que el autor de las mismas era «Kantauri», aunque la única muestra de su letra que se tenía era su firma en el DNI

No obstante, según un informe de la Guardia Civil al que ha tenido acceso este periódico, se puede afirmar que el autor de ambas cartas fue, sin duda alguna, «Kantauri», puesto que este individuo ha sido el único dirigente de ETA que ha utilizado ese alias, con el que las cartas estaban firmadas. Además, el propio contenido de ambas misivas permite afirmar que su autor fue Arizcuren Ruiz, puesto que las dos tratan de las instrucciones que el responsable de un comando «ilegal» remite a sus integrantes, función que era desempeñada por «Kantauri».

Por ello, la Benemérita concluye que mediante las citadas cartas Arizcuren ordenó a los integrantes del «comando Vizcaya» que, como prioridad, cometiesen atentados contra cargos del PP, e incluso proponía un secuestro con la pretensión de coaccionar al Gobierno español y obligarle a trasladar a los presos de ETA a cárceles del País Vasco y Navarra, de forma similar a como pretendieron conseguir con el secuestro y posterior asesinato del concejal del PP en el Ayuntamiento de Ermua (Vizcaya) Miguel Ángel Blanco, que ETA llevó finalmente a cabo en julio de ese mismo año, 1997.