Aznar: «Hay que poner fin al desfalco de soberanía»

Llama a «afirmar la realidad de España ante las grotescas deformaciones» nacionalistas

De izquierda a derecha, las víctimas del terrorismo Íñigo Gómez Pineda y Ana Velasco, José María Aznar, Ángeles Pedraza y María San Gil
De izquierda a derecha, las víctimas del terrorismo Íñigo Gómez Pineda y Ana Velasco, José María Aznar, Ángeles Pedraza y María San Gil

El ex presidente del Gobierno, José María Aznar, reapareció ayer en San Sebastián para, además de apoyar a las víctimas del terrorismo, denunciar en términos contundentes el «desfalco de soberanía nacional que se está llevando a cabo por parte del nacionalismo». Aznar apuntó además que «cuando se ganan las elecciones autonómicas se gana el poder constituido, no un poder constituyente», en clara alusión al presidente de la Generalitat, Artur Mas, y al órdano independentista que mantiene actualmente con el Gobierno. Ante la tentación de pasar por «apátridas o gentes sin arraigo», el ex presidente ha propuesto que «debemos actuar como españoles tranquilamente orgullosas de serlo, porque la nación que defendemos nada tiene que ver con el proyecto nacionalista de involución». El presidente de FAES contextualizó el desafío nacionalista que amenaza la unidad de España afirmando que «no estamos ante una pugna entre territorios. Estamos ante un desafío que opone a la cultura cívica europea propia de nuestra Constitución el nacionalismo más reaccionario y destructivo». Y continuó: «Estamos ante un desafío al valor de la libertad, del pruralismo, de la ley y de la igualdad (...). Palabras que para el nacionalismo no valen nada, pero que para nosotros lo valen todo».

Aznar realizó estas declaraciones durante su intervención en la presentación del libro «Cuando la maldad golpea», que recoge testimonios vitales de personas golpeadas por el terrorismo etarra. Al acto, organizado por la Fundación Villacisneros, también asistió María San Gil, ex presidenta del PP vasco, y Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. El ex presidente habló también sin ambages sobre las víctimas del terrorismo. Sobre ellas recordó que «su testimonio nos da fuerza y claridad moral para continuar una tarea inacabada aún: la victoria de la democracia española y la derrota completa e incondicional del terrorismo». A este respecto, Aznar quiso prevenir a su audiencia de «tanta retórica envolvente de informes, proyectos y planes que eluden las verdades esenciales» al tiempo de recordó que el camino que ha cosechado más éxitos contra el terrorismo se basa en tres condiciones: «aplicar la Ley con todas sus consecuencias», «impedir que el terrorismo encuentre en sus socios políticos el oxígeno que le permita sobrevivir a su derrota operativa», y afirmar sin descanso que «el terrorismo ni tiene ni ha tenido justificación». «No vamos a aceptar el olvido», insistió Aznar en San Sebastián, y subrayó: «Hacer justicia es entender que unos merecen vencer y otros merecen ser derrotados». En alusión a las peticiones desde colectivos proetarras para el acercamento de presos al País Vasco, el presidente de FAES también apuntó que «no puede haber equiparación entre las consecuencias de la violencia que elige el terrorista –la clandestinidad y la cárcel– y el sufrimiento de la víctima, que no elige serlo». Así mismo, Aznar describió el fin al que deben encaminarse todos los esfuerzos contra ETA con estas palabras: «una victoria en nuestros propios términos, en los de los demócratas, y no en los suyos, en los de los terroristas».

El discurso de ayer tuvo lugar después de que el pasado sábado Aznar asistiera, por primera vez desde que es ex presidente del Gobierno, a la recepción oficial del Palacio Real tras el desfile militar del Día de la Hispanidad. Lo hizo, afirmó entonces, porque España vive un tiempo de «extrema gravedad» y porque es necesario «defender la democracia, la unidad nacional y la monarquía constitucional».

A este respecto ahondó ayer en San Sebastián cuando afirmó que «frente a un proceso inútil de centrifugación del Estado, hay que fortalecer las instituciones y ordenar la vida del Estado del modo que mejor convenga a la nación».

Y cerró su discurso alertando sobre unos de los principales peligros que corre el país tanto frente al desafío nacionalista como en relación al respeto a las víctimas: «El silencio puede matar a la verdad tanto como la mentira misma».