Política

Aznar marca la línea en Génova contra la abstención de Feijóo

El ex presidente marca el «no» a la abstención con condiciones a Sánchez en contra del sector que defiende esa solución de Estado.

El ex presidente marca el «no» a la abstención con condiciones a Sánchez en contra del sector que defiende esa solución de Estado.

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El presidente del PP, Pablo Casado, calla en los últimos días, mientras el PP suena como un coro de voces con opiniones distintas sobre dónde debe estar el partido ante el complicado escenario político que han dejado las elecciones del 10-N. El debate está abierto en canal y va más allá de las voces que sí han dado el paso en público. Ahora en él irrumpe precisamente el ex presidente del Gobierno José María Aznar, y no por casualidad ni sin una intencionalidad bastante clara. Aznar marca límites en el discurso del partido y la lectura interna es que lo hace en oposición al criterio señalado por el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.

Ante la discusión abierta, Aznar defendió un discurso que coloca frente a los barones, alcaldes y otros dirigentes nacionales que creen que el PP debería tomar la iniciativa de proponerle a Pedro Sánchez una salida alternativa al Gobierno con Podemos y en manos de ERC. Una abstención negociada y sometida a importantes condiciones, que aunque sea desatendida por Sánchez y no lleve a ninguna parte, confirme que el PP es un «partido de gobierno», que «está a la altura de las circunstancias» y que «ofrece soluciones de Estado».

Aznar rechazó ayer la abstención y salió con el mantra del Gobierno de concentración, igual que había hecho en el primer Comité Ejecutivo postelectoral Cayetana Álvarez de Toledo, portavoz en el Congreso y «número uno» por Barcelona. Álvarez de Toledo trabajó en FAES mano a mano con Aznar y es un trasvase del «aznarismo» hacia la nueva etapa popular. La portavoz parlamentaria pidió el Gobierno de concentración en la resaca electoral, lo mismo que exigió Aznar, cobrándose además la cabeza de Sánchez.

Como discurso político, esta posición sirve para agitar en teoría la bandera de la unión constitucionalista, pero desde dentro del PP advierten de que «suena más a política de oposición que a voluntad real de buscar una salida que evite el Gobierno con Podemos y en manos del secesionismoo. Aznar quiere presentarse como hombre de Estado, pero no propone una solución viable y él lo sabe porque ha estado muchos años en política. Lo que dice vale como pancarta, pero ni nosotros mismos podríamos sostener un Gobierno de concentración con el socialismo que deje la oposición libre a Vox», explicaban ayer en el partido. Para intentar una solución «hay que dejarle una alternativa a Sánchez, todo lo demás es mera retórica sin más, y ni siquiera cuela ante la ciudadanía».

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Nada es casual en política. El ex presidente Aznar desapareció en la campaña electoral. Ni un solo mitin ni una declaración política de calado ni mensajes tampoco de interés a través del vehículo de FAES. Esto no quiere decir que hubiera un distanciamiento entre Pablo Casado y Aznar, sino solo una puesta en escena para avanzar en la estrategia de comerle el terreno por el centro a Ciudadanos. La dirección del PP sí coqueteó más con Mariano Rajoy, y aunque no hubo mítines conjuntos entre Casado y él, Génova utilizó sus instrumentos para vender la idea de que tenían una relación estupenda y trabajaban codo con codo. Todo en su justo término porque en realidad ni Aznar dejó de estar ni Rajoy tampoco estuvo en las decisiones preelectorales de la cúpula popular. Simplemente a Casado le venía bien servirse de la imagen de moderación del «marianismo», y ahí cuadra la utilización que también hicieron del perfil de Ana Pastor, ex presidenta del Congreso y ex ministra de los Gobiernos de Rajoy. A ese objetivo de ir a por Ciudadanos respondió la decisión de colocarla como «dos» de la lista de Casado.

Pero pasada la campaña y con el nuevo resultado las piezas se recolocan en el tablero. Pastor no está en el núcleo de decisión de Casado, como tampoco Rajoy. Y Aznar vuelve a ser escuchado y tiene sus vías directas de penetración, o asesoramiento, en el círculo de confianza de Casado. En primer lugar, por la estrechísima relación que sigue uniéndoles. Pero, además, están los mediadores con poder orgánico en la nueva dirección popular, como Álvarez de Toledo. O los que no tienen cargo en Génova, pero como si lo tuvieran, como es el caso de Carlos Aragonés, poderoso jefe de Gabinete de Aznar y que en estas elecciones del 10-N ha conseguido escaño en la Cámara Baja por la circunscripción de Madrid.

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De Aragonés dicen que es «la mano que mece la cuna» de Casado, el hombre que le susurra en la sombra, con criterios a veces distintos a los del actual director del Gabinete de Casado, Pablo Hispán. Este último fue repescado por Casado de la «fontanería» de Moncloa de la etapa del Gobierno de Rajoy. Hispán es el representante perfecto de lo que en teoría debía ser el nuevo PP con el que Casado se presentó al Congreso que decidió la sucesión de Rajoy. Sin ataduras con el pasado, partidario de que el nuevo PP no tenga tutelas de Aznar ni de nadie, e identificado dentro del partido con quienes creen que el éxito depende más de la moderación que de anular por la derecha la competencia de Vox.

Aznar alertó ayer prácticamente del advenimiento de las siete plagas con el nuevo Gobierno. «Conducirá a una crisis constitucional de consecuencias devastadoras». «La alianza de los comunistas y los independentistas» con Sánchez resultará, a su juicio, «terminal» para la democracia española. Y su solución pasa, en primer lugar, por que se marche el líder del partido más votado. «La alianza de los partidarios del actual sistema político no puede estar encabezada por quien está haciendo la contra alianza, por la misma persona que negó que fuera a pactar con los independentistas y que ahora lo está haciendo».