Ballester: «El Palma Arena o el equipo ciclista fueron buenos para Baleares»

El ex director balear de Deportes responsabiliza a Matas de los convenios con Urdangarín y Torres

El ex director general de Deportes, José Luis Ballester abandonan la Audiencia de Palma tras sus declaraciones en la jornada de hoy.
El ex director general de Deportes, José Luis Ballester abandonan la Audiencia de Palma tras sus declaraciones en la jornada de hoy.

El ex director balear de Deportes responsabiliza a Matas de los convenios con Urdangarín y Torres.

El ex presidente balear Jaume Matas no paró ayer de tomar notas durante la declaración del que fuera director general de Deportes en su último mandato al frente del Ejecutivo insular. Y a juzgar por las palabras de José Luis «Pepote» Ballester, que le responsabilizó de un rosario de supuestas irregularidades en la contratación con el Instituto Nóos de Iñaki Urdangarín y Diego Torres, Matas hizo bien en pertrecharse de bolígrafo y papel. El ex medallista olímpico –quien tras decidirse a colaborar con Anticorrupción se enfrenta a una petición de dos años de cárcel por parte de la Fiscalía por prevaricación, malversación y fraude a la Administración– achacó en todo momento al ex político del PP la decisión de autorizar la organización de sendos foros sobre turismo y deporte en 2005 y 2006, por los que el Ejecutivo balear pagó 2,3 millones de euros a la asociación sin ánimo de lucro del ex duque de Palma y su entonces socio.

«El objetivo era contratar con Urdangarín y todo lo que viniera de él», dijo Ballester, quien confirmó que los primeros contactos entre el marido de la Infanta Cristina y Matas se gestaron en el Palacio de Marivent en septiembre de 2003. El procesado confirmó las tesis del fiscal Pedro Horrach, aunque rememorarlo terminó por abochornarle. «¿No se da cuenta de que me enfado cuando me pide que le cuente lo que he hecho mal?», le reprochó en un exceso de calculada inocencia.

«Pepote» Ballester –que conoció al entonces duque de Palma en la residencia Blume de Barcelona, donde ambos coincidieron como deportistas de élite tras los Juegos de Seúl de 1988– explicó al fiscal Horrach que en los dos convenios firmados con el Instituto Nóos (por 1,2 y 1,1 millones de euros) «no hubo ningún expediente» y «nadie se planteó negociar el presupuesto» presentado por la asociación de Urdangarín y Torres. «No se discutía. A mí entonces eso me parecía de lo más normal», se excusó. Tampoco, añadió, se pidió ninguna justificación de los gastos realizados. «Si te dicen “contrata y ése es el precio”, y nadie duda de eso, yo no voy a decir más. Todos teníamos esa orden», insistió. Se trataba, expuso gráficamente, de «vestir el santo».

Durante dos horas y veinte, Ballester respondió a las preguntas del fiscal Anticorrupción, al que le recordó, por si acaso, su colaboración «a pecho descubierto» con la Fiscalía y que su intención nunca fue «saquear las arcas públicas». Y, como queriendo excusarse de los daños colaterales de su testimonio, hizo hincapié en que su propósito siempre ha sido «esclarecer la verdad» y no «dañar a la gente».

El ex director general de Deportes en Baleares contó que fue el propio Urdangarín quien, en la primavera de 2006, le contó que se había desvinculado del Instituto Nóos (en marzo de ese año el conde de Fontao, asesor jurídico del Rey, le instó a apartarse de la asociación sin ánimo de lucro y a dejar de contratar con las administraciones a instancias de Don Juan Carlos). Sin embargo, según él, el entonces duque de Palma le aclaró que «iba a continuar todo igual y que sería Diego Torres quien liderara todo el trabajo del segundo foro». De hecho, recordó, después de que se paralizaran pagos pendientes a Nóos por el incumplimiento de compromisos pactados en el segundo convenio, fue el propio Urdangarín quien le llamó varias veces (al menos cinco, según el fiscal) para reclamarle esos desembolsos. «¿Por qué llamaba el señor Urdangarín si ya había abandonado Nóos?», le preguntó Horrach. «Ésa fue mi extrañeza y así se lo dije tras insistir en que se pagaría al acabar el trabajo –aseguró el procesado–. No recibí más llamadas».

Incluso llegó a trasladar a Matas su insatisfacción por esos incumplimientos, según explicó, en una recepción celebrada en la sede del Govern en mayo de 2007, una semana antes de las elecciones. «Paga –le habría dicho el presidente balear–. Mi preocupación es ganar las elecciones el domingo, no me líes». El primer contacto con Urdangarín, recordó, se produjo en el verano de 2003 en Palma, cuando el yerno de Don Juan Carlos le propuso que el Govern balear patrocinase al Banesto, el equipo ciclista, que estaba a punto de quedarse sin su patrocinador principal. «Me pide que se lo traslade al señor Matas y me propone hacer un seguimiento de la repercusión de ese patrocinio a través de una oficina», una labor, añadió, que «iba a hacer con su gente».

A preguntas de la abogada Virginia López-Negrete, de la acusación popular que ejerce Manos Limpias, Ballester confesó haberse sentido «utilizado», aunque no engañado, por Urdangarín y Torres para poder acceder a Matas. «Pero de eso te das cuenta con el tiempo», lamentó.

Tras trasladarle la propuesta al presidente balear se produjo la reunión, con una partida de pádel como pretexto, en Marivent. Nóos Consultoría cobró 300.000 euros a través de Ibatur y de la Fundación Illesport y el Ejecutivo de Matas aprobó un desembolso de 18 millones de euros en tres años para patrocinar al equipo ciclista. «Hagámoslo», ordenó Matas, según Ballester. No obstante, preguntado por el abogado del ex político, sí aclaró que «los trabajos se ejecutaron» por parte del Instituto Nóos, aunque ignora si se justificaron.

El abogado de Urdangarín, Mario Pascual Vives, insistió en que esos 300.000 euros eran fundamentalmente para pagar a proveedores. «¿Esa cantidad se la metió en el bolsillo (Urdangarín), era una comisión?», le preguntó a Ballester. «No», contestó éste. El letrado hizo hincapié en que los pagos a Nóos eran «precios de mercado» y que Baleares obtuvo, como reconoció el propio acusado, «una rentabilidad importantísima» con el patrocinio del equipo. «¿Valió la pena ese esfuerzo económico?», le inquirió. «Creo que sí –contestó Ballester–, a día de hoy sigo viendo maillots del llles Balears, y no sólo en la isla».