Bares y tiendas convertidos en búnkeres contra el terror

Comerciantes y hosteleros se volcaron para proteger a los testigos del atentado. «La gente ha comenzado a entrar gritando y corriendo. Ha sido bestial», aseguraba uno de ellos

Decenas de personas se resguardaron del atentado en el interior del edificio de Zara en la Plaza de Cataluña
Decenas de personas se resguardaron del atentado en el interior del edificio de Zara en la Plaza de Cataluña

Comerciantes y hosteleros se volcaron para proteger a los testigos del atentado. «La gente ha comenzado a entrar gritando y corriendo. Ha sido bestial», aseguraba uno de ellos.

El atentado de la Rambla no sólo afectó a los transeúntes que fueron sorprendidos por la furgoneta de los terroristas. Los atropellos provocaron que el estado de excepción se instalara en el corazón más comercial y turístico de Barcelona e, igual que en situaciones similares, provocó una oleada de solidaridad por parte de los vecinos de la zona. Raúl fue uno de los comerciantes que vivió más de cerca todo el terror. «Oímos disparos» y pocos segundos después «comenzó a entrar mucha gente al bar gritando y corriendo, ha sido bestial», explicó aún bastante alterado. La peor escena de horror que ha vivido España en los últimos años se produjo a apenas veinte metros del escaparate de su establecimiento. A través de la cristalera del mismo, el Café de L’Ópera, este trabajador vivió la tragedia minuto a minuto. Así, explicó que cuando se asomó a los ventanales de su local se dio cuenta de que había «mucha gente herida en el suelo». «Todo ha pasado muy rápido», relató.

Los clientes que estaban en el interior del establecimiento en el momento del ataque se quedaron resguardados tras el cierre del café después de que Raúl decidiera bajar su persiana hasta que todo pasara. «Hemos esperado a que la Policía nos dijese algo, no entendíamos nada», añadió.

«Estamos bien, no os preocupeis», repetían uno por uno clientes y «refugiados» en nerviosas llamadas de teléfono –en las que apenas se permitían levantar la voz– y mensajes de Whatsapp con la intención de tranquilizar a sus familiares una vez se percataron de que los peores momentos ya habían pasado.

No fue el único caso de solidaridad ante la tragedia. Durante varias horas, portales, restaurantes, tiendas y todo tipo de locales a pie de Rambla sirvieron de guarida de emergencia para barceloneses y turistas. Algo similar a lo ocurrido en el Café L’Ópera se produjo en un local cercano: «Está todo cerrado, la gente estaba muy nerviosa, acaba de entrar la Policía aquí para ver si había puertas traseras por las que puedan entrar los terroristas», relató soltando el telefóno durante la conversación una trabajadora del Pita Inn. Aníbal Rodríguez trabaja en un Pans & Company cercano: «La gente está muy asustada, nos han obligado a bajar el cierre. Varios testigos cuentan que vieron a gente corriendo y que una furgoneta iba a toda velocidad siguiéndolos y arrollando a los que pillaba», explicó.

«Es una cosa increíble, no he visto nada parecido en mi vida. Yo trabajo en la cocina y cuando he escuchado los gritos he salido corriendo a ver qué pasaba, me he encontrado con una escena durísima: estaba la furgoneta justo enfrente, había gente sangrando en el suelo, otros corriendo, cuerpos tirados y mucha sangre, así que cerré la persiana corriendo para proteger a los clientes», aseguró en declaraciones a LA RAZÓN el cocinero de Maccabi, un restaurante de comida israelí que también permaneció cerrado mientras se mantuvo la alerta policial.

Afortunadamente en los locales más cercanos al epicentro del atentado la situación fue tan imprevista e increíble que la gente que estaba en su interior apenas tuvo tiempo de reccionar y comprender qué estaba pasando, explicaron los testigos.

Mayores escenas de pánico se produjeron en otros centros comerciales más grandes que también sirvieron de refugio para los viandantes a los que sorprendió la furgoneta. Al grito de «¡atentado!, ¡atentado!» entraron en la Fnac de El Triangle algunas de las personas huyendo de los terroristas. Los que estaban en el interior de la Apple Store se quedaron dentro cuando los responsables de este comercio decidieron echar el cierre por seguridad.

La evacuación tardó algunas horas en llegar. La normalidad a la Rambla tardará aún más tiempo en regresar.