Carlos Iturgáiz: La injusticia de la Justicia

La Razón
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Fue para muchos como el título del famoso libro de Gabriel García Márquez, «Crónica de una muerte anunciada»; lo intuíamos y lo sabíamos, y aún así, no lo queríamos aceptar. Sé por experiencia que en la lucha contra el terrorismo nunca ha pasado lo peor, y el tiempo desgraciadamente me suele dar la razón. La derogación de la doctrina Parot por el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo ha sido un nuevo paso en aquel proceso de negociación que Zapatero puso en marcha antes de perder las elecciones. Ya se encargó el ex presidente Zapatero, con otros ilustres socialistas, para que llegase en estos días una sentencia en estos términos. Y todo tiene un porqué, y el porqué estaba integrado en aquel vergonzoso proceso de negociación que se entabló desde aquel Gobierno socialista con ETA, donde Zapatero colocó varios peones para que así la banda terrorista se viese beneficiada en diferentes ámbitos.

Y así lo hizo colocando peones en el Tribunal Constitucional para volver a legalizar al brazo político de ETA, en contra de la tesis del Supremo, lo que significa que hoy ETA esté gobernando en 77 de los 88 municipios de Guipúzcoa, además de la Diputación de esa provincia y decenas de pueblos de Álava, Vizcaya y Navarra. Y en la continuación de ese proceso, con el fin de poner precio político a la paz, el propio Zapatero volvió a colocar a un magistrado de su cuerda y sus planteamientos en el Tribunal de Estrasburgo, un nuevo peón para que ETA obtuviese otra victoria internacional, en este caso derogándose la «doctrina Parot». Todo esto, aderezándolo con que los socialistas han sacado estos últimos días al presidente de los socialistas vascos, Eguiguren, en los medios de comunicación, para que vocifere en todos los sitios la necesidad de excarcelar cuanto antes a Otegi, hace seguir el proceso para que ETA esté relajada y animada.

Es sin duda un proceso perverso que ha originado que hoy nos encontremos con que aquellos polvos trajeron estos lodos.

Desgraciadamente los socialistas no estaban solos en la culminación de este proceso, han tenido y tienen como siempre la inestimable ayuda del PNV, de esos nacionalistas que tienen que agradecer a ETA tantos años de mover el árbol para que ellos mismos recojan sus frutos. El PNV de siempre se ha vuelto a retratar en palabras de Egibar, su portavoz, diciendo que «un fallo contra la "doctrina Parot"oxigenaría el ambiente», el PNV de siempre que nos viene a recordar que si un terrorista sale a la calle tras cumplir su condena íntegramente es una provocación y un parón al proceso de paz que ellos quieren pero en cambio, avanzaríamos hacia la paz si los criminales etarras estuviesen en la calle antes de terminar su condena y así ser recibidos como héroes en sus municipios. Es demencial que desde esos ámbitos nacionalistas se nos pida que hagamos un trágala con una injusticia como la ocurrida en Estrasburgo. Es injusto y abominable asesinar a cualquier persona, pero es todavía más injusto que asesinar a una persona se castigue lo mismo que matar a 24 como lo hizo la sanguinaria Inés del Río, es injusto que el Estado, es decir, todos los españoles, tengamos que indemnizar a estos criminales, y es todavía más injusto e inaceptable que los terroristas sean los amparados y resarcidos en vez de las víctimas. En definitiva, lo injusto es que la Justicia se vuelva injusticia.

Espero, deseo y confío en que el Gobierno pueda mitigar esta sentencia con la ley en la mano, como no puede ser de otra manera. Y tengo confianza, que se les aplique la ley antiterrorista por apología del terrorismo a aquellos que tengan la tentación de hacer akelarres proetarras de las excarcelaciones y homenajes prohibidos. Debemos recordarles y advertir a todos aquellos que hoy tiran cohetes desde Estrasburgo que se anden con cuidado, no vaya a ser que se les moje la pólvora como en Oslo. Ni creo en esa justicia que dice que por la paz cualquier medio es justificable, como en el «caso Faisán», ni creo tampoco en esa justicia que dice que matar a uno es igual en penas que asesinar a diez, cien o mil inocentes; porque no puedo creer en justicias que dañan y maltratan a las víctimas del terrorismo. A todas ellas, a todas las víctimas de la barbarie terrorista, que se las ha vuelto a humillar con esta sentencia, todo mi afecto, comprensión cariño y apoyo.