La estrategia para frenar a Vox en la recta final de campaña divide al PP

Maroto eleva el tono contra el partido, al que vincula con la financiación europea de extrema derecha.

Maroto eleva el tono contra el partido, al que vincula con la financiación europea de extrema derecha.

A cuatro días de que se cierre la campaña andaluza, Ciudadanos baja en el ranking de las preocupaciones del PP y sube Vox. A Génova le basta con conseguir mantener el segundo puesto en el Parlamento andaluz para salvar la cara en las elecciones del próximo domingo, y esta hipótesis hoy la dan prácticamente por cumplida. En su análisis, mantienen que no habrá reproches porque pierdan en Andalucía, «como siempre», y además valoran que el PSOE también bajará en apoyos. Cuentan con que la confianza ha ido creciendo alimentada por los sondeos externos y por los datos que manejan dentro de la estructura electoral. Pero a medida que se rebaja la preocupación por la competición con Ciudadanos ha ido creciendo la alerta por «el problema» de Vox y sus consecuencias más allá de estas elecciones andaluzas.

El partido está dividido en cuanto a la estrategia. Hay reproches a la dirección nacional porque no haga más explícita la descalificación de «extrema derecha» e ignoren a esta fuerza para todo lo demás. Pero el PP no está dividido en el acuerdo sobre el peligro que creen que representa que Vox entren en el Parlamento andaluz ni tampoco lo están en cuanto a la importancia que dan al objetivo de conseguir frenarles «ante la ocasión en la que más cerca hasta ahora han tenido entrar en el sistema parlamentario». En mayo, en las autonómicas y municipales, en las grandes circunscripciones Vox podría entrar con más facilitad aún si se crea la expectativa de que es un voto útil, reflexionan en el equipo electoral del PP.

Su líder nacional, Pablo Casado, ha decidido jugársela a intentar separar al posible votante de Vox, que era del PP, de la crítica al nuevo partido. No quiere ofender a los votantes desencantados porque no se resigna a perderlos. Pero ese equilibrio es muy difícil y conlleva, sin duda, importantes riesgos, ya que en temas como la inmigración o los valores le pueden alejar demasiado del centro. Y ahí está la discusión. En el entorno del líder nacional aseguran que «más riesgo tiene que se consolide una fuerza por ese lado». En su partido se escuchan otras voces que afirman que ya es tarde porque es seguro que van a sacar algún escaño, y que, por tanto, ese problema no lo pueden frenar, pero sí agravarlo sí se alejan del centro y pierden votantes por ese flanco.

No es posible extrapolar a unas generales lo que ocurra el domingo en Andalucía en cuanto a los resultados de los partidos ya consolidados, y mucho menos respecto a fuerzas de nueva irrupción y sin trayectoria parlamentaria como Vox, pero el miedo en el ámbito del PP es que cale la idea de la fractura en el centro derecha. «Al final se va a hacer cierta la profecía de Rajoy: si conservadores y liberales quieren hacer otro partido, que lo hagan», ironizan al hacer balance de la herencia dejada por el «marianismo».

La dirección nacional arengó ayer sobre la importancia del voto útil en Andalucía. «Un voto a Vox es cuatro años más de Susana Díaz», contestó el vicesecretario de Organización, Javier Maroto, tras la reunión del Comité de Dirección del PP que presidió Casado. En esta reunión analizaron precisamente la marcha de la campaña en Andalucía y el plan para aprovechar los días que quedan para incidir en el voto útil para sus siglas. Aunque en un principio se dejó en el aire la posibilidad de que Casado viajara a Sevilla para seguir desde allí la noche electoral, la decisión es que lo haga desde Génova, como es tradición. El desembarco del PP nacional en Andalucía durante esta campaña contrasta notablemente con la política seguida por Susana Díaz, que ha preferido hacer una campaña muy autónoma respecto a Ferraz. Ayer volvió a arropar al candidato popular, Juan Manuel Moreno, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo.

En la movilización por el «voto útil», Maroto recordó lo que ocurrió en Madrid en las elecciones de 2015, cuando los más de 9.000 votos que consiguió el partido de Santiago Abascal impidieron gobernar a Esperanza Aguirre y dieron el Gobierno del Ayuntamiento a Manuela Carmena. También subrayó que los socios de Vox en Europa llevan el «lacito amarillo», son la «extrema-derecha» y practican un «extremo discurso» que está dando «respaldo» y «aliento» al ex presidente catalán Carles Puigdemont. «Y de ellos obtienen financiación presuntamente. El enemigo de la política efectiva es el populismo, sea de izquierda o derecha, con recetas facilonas para problemas complejos». Ahora bien, pese a estas críticas Génova no puede anticiparse a escenarios futuros y cerrarse puertas como la del pacto con Vox. «Ni descartamos ni no descartamos», señaló Maroto. Esta incertidumbre sobre posibles alianzas también influye en los equilibrios del discurso oficial del PP sobre un partido cuyo líder se educó en política dentro del PP vasco en la etapa de José María Aznar. El «marianismo» rompió con el llamado PP «duro», y ahí estaba la semilla de Vox.