Daniel Galván: «Todo se consigue con dinero»

La Razón
La RazónLa Razón

Daniel Galván Viña, el pederasta español que fue indultado por error por el rey Mohamed VI de Marruecos la pasada semana y que fue detenido ayer en Murcia, estaba encarcelado desde el año 2011 por haber abusado sexualmente de hasta once niños y por haberlos fotografiado mientras los violaba.

Durante el juicio, en el que fue condenado a 30 años de prisión –la pena más dura jamás dictada en este país por un delito de esta clase–, Galván, de 65 años, reconocío haber ido específicamente a Marruecos porque allí los menores «no cuestan caro» y porque creía que «todo se consigue con dinero». Sus declaraciones causaron una gran indignación popular, que derivó en una gran severidad por parte del juez.

El pederasta, que vivía en la población de Kentira, a 40 kilómetros de Rabat, se dio a conocer socialmente como un acaudalado profesor jubilado que había llegado desde Murcia y que acababa de comprar dos viviendas en la ciudad.

Allí consiguió integrarse rápidamente en su comunidad y se ganó con facilidad la confianza de la gran mayoría de sus vecinos, hasta el punto de que éstos dejaban a sus hijos a su cuidado cuando tenían que ausentarse, momentos que aprovechaba para abusar de ellos.

Su batalla con la justicia comenzó el 28 de noviembre de 2010, cuando un comerciante presentó ante el abogado Hamid Kirari un lápiz USB que contenía multitud de fotografías de distintos menores en una variedad de situaciones obscenas.

Dicho «pendrive» con las imágenes había sido sustraído y posteriormente vendido al comerciante por un vecino de Galván que se ocupaba de regar las plantas de su casa cuando éste viajaba a España para renovar su visado temporal de turista, y al que le había pedido por teléfono que se deshiciera de una serie de CD que mantenía escondidos en su armario.

Daniel Galván, nacido en Basora y de familia iraquí, estuvo vinculado durante seis años, con la Universidad de Murcia, donde colaboró en el Área de Relaciones Internacionales, primero como becario y después como personal contratado. Allí impartió clases en varios cursos de árabe y ayudó en diversos proyectos de cooperación internacional.

Sus compañeros de departamento afirman que nunca habían visto en él nada que les hiciera sospechar, aunque le definen como una persona muy reservada a la hora de hablar de todo lo relacionado con su vida privada.