Ciudadanos

De Pizarro a Valls o el «espejismo Macron»

Rivera presenta hoy su Plataforma ciudadana entre grandes expectativas y un fuerte recelo interno

Rivera, a su llegada a la rueda de prensa que dio esta semana tras la reunión que ha mantenido con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy / Efe
Rivera, a su llegada a la rueda de prensa que dio esta semana tras la reunión que ha mantenido con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy / Efelarazon

Rivera presenta hoy su Plataforma ciudadana entre grandes expectativas y un fuerte recelo interno.

Mucho bombo y platillo. Mucho marketing y euforia por las encuestas. Pero lo cierto es que la Plataforma cívica impulsada por Albert Rivera al margen de su partido no está cumpliendo sus objetivos. El líder naranja ha intentado fichajes estrella en sectores empresariales de Cataluña, germen de Ciudadanos, pero hasta la fecha han resultado infructuosos. Según fuentes de la negociación, destacados empresarios que en sus inicios le apoyaron se desmarcan ahora de la oferta de Rivera. El tejido industrial catalán, muy potente en los sectores textil y petroquímico, ha sido pulsado por los emisarios de Rivera sin respuesta positiva: «Ni por el procés ni por la dureza contraria». Así de claro definen su postura destacados dirigentes de estos colectivos afincados con gran implantación en Sabadell, Manresa, Tarragona y Gerona. Muchos, contrarios al independentismo, critican el lenguaje de Rivera y Cs, que califican de «pétreo y oportunista».

Fuentes de Ciudadanos apuntan al conocido empresario Joaquín Gay de Montellá, actual presidente de Foment, como uno de los «embajadores» para lograr apoyos a la Plataforma cívica. Su mandato al frente de la patronal catalana finaliza tras el verano y, según las mismas fuentes, estaría en esta operación de búsqueda de nuevos apoyos empresariales y mediáticos a la oferta del líder naranja. Una estrategia «a lo Macron», en línea con lo realizado por el presidente de Francia bajo el lema «La República en marcha». Pero varios de los consultados se niegan a participar. «Ni Rivera es Macron ni Cataluña es la República francesa», aseguran. Las importantes compañías industriales, la gran potencia económica de Cataluña, no están por la independencia pero tampoco por la línea dura de Rivera. La mayoría apuesta por un diálogo constructivo dentro de la legalidad, que recupere las instituciones y las inversiones.

«No es hora de fuegos de artificio», añaden. Experimentos al margen de los partidos, tal como pretende Rivera, no son vistos con buenos ojos por el empresariado catalán. Tampoco existe unanimidad en el seno de Cs, donde muchos critican que Rivera «va por libre» y con demasiados anuncios de fichajes estelares. Particularmente molestos están en la organización catalana, cuya líder Inés Arrimadas no mantiene excesiva sintonía con Rivera y dónde, según varios dirigentes de la formación naranja, no gustan los movimientos de Joaquín Gay, a quien califican de «hábil, pero excesivamente ambicioso». Gay habrá de afrontar su sucesión en breve tras una gestión compleja, no exenta de críticas, dentro de la Junta Directiva de Foment. Sus dos actuales vicepresidentes, Ramón Adell y Joan Castell, ya han anunciado su negativa la reelección.

Dentro de esta estrategia de titulares y fichajes, un nombre que ha circulado en los últimos días es el de Manuel Pizarro, muy vinculado anteriormente al PP y ex presidente de Endesa. Es hombre de gran prestigio, actualmente tiene un alto puesto en el Consejo de El Corte Inglés y no parece que acepte en estos momentos incorporarse a la Plataforma. El ex primer ministro de Francia, Manuel Valls, tampoco ha dado todavía una respuesta positiva, mientras el Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, se ha desmarcado. En Cs comienza aflorar un sector crítico contra este foro al margen del partido, si bien en el entorno de Rivera insisten en que es un movimiento ideológico, cívico y para nada electoral. «Aquí todos tienen cabida», advierten en su defensa de principios transversales que abarcan un amplio espacio.

Lo cierto es que envalentonado por las encuestas, que PP y PSOE no acaban de creerse del todo, Rivera desea imprimir un nuevo giro con esta Plataforma, similar a los inicios de la formación naranja. El partido tiene su origen en la plataforma Ciudadanos de Cataluña impulsada por prestigiosos intelectuales como Francesc de Carreras, Félix de Azúa, Arcadi Espada, Xavier Pericay o Albert Boadella, con el objetivo de recoger el hartazgo hacia las formaciones tradicionales. El balance no ha podido ser mejor desde aquel 7 de junio de 2005 en que lanzaron su primer manifiesto y, un año después, su puesta de largo. Con una profunda ideología de centro puro, libertad e igualdad, bilingüismo y Constitución, Cs se extendió a todo el territorio nacional e irrumpe en Cataluña con dos líderes jóvenes: Albert Rivera e Inés Arrimadas.

¿Qué tiene Cs para convertirse en un fenómeno político? ¿Cuál es la clave de su éxito? Tal vez el secreto sea ese primer mensaje lanzado por Rivera el día que fue elegido presidente: «Ha nacido tu partido. Nos importa España». Ello provocó las iras del separatismo, pero Rivera cimentó una imagen joven y aseada, erigido en un cambio sensato, obsesionado con la figura de Adolfo Suárez y con un defensa de la unidad de España. Tras algunos coqueteos con el PP, e incluso con el PSC y UGT, sindicato dónde militó en su etapa como letrado en la Asesoría Jurídica de La Caixa, se dejó influir por algunos de sus profesores en la Facultad de Derecho de la Universidad Ramón Llull. Entre ellos, el peruano Juan Carlos Remotti, que le adiestró en la oratoria y, sobre todo, Francesc de Carreras, un catalanista moderado impulsor de la plataforma cívica Ciudadanos de Cataluña.

Pero ahora, diez años después, muchos de los empresarios e intelectuales que le apoyaron, detectan cierto oportunismo, falta de solidez y nula capacidad de gestión. Gran beneficiario de la corrupción del tres por ciento en Cataluña, y de otros casos que afectan al PP y PSOE a nivel nacional, para unos es un político veleta y para otros una esperanza de cambio. Dirigentes del PP y PSOE dicen con sorna que Ciudadanos es siempre campeón en las encuestas y derrotado en las urnas. Su reto es comprobar un conocido lema en política: Quien muy rápido sube, más rápido baja.