El enigma de una sentencia esperada

La Razón
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Ahora bien, la excarcelación de esta terrorista ha sido la consecuencia de una desafortunada decisión del TEDH. Cualquiera que pueda ser nuestra opinión acerca de ella, hemos de acatarla y cumplirla. Lo impone la configuración constitucional de España como Estado de Derecho. Ahora bien, la «doctrina Parot» en sí misma no ha sido rectificada –insisto- y más bien podría afirmarse que ha sido ratificada si se repara en que se censura tan sólo su aplicación retroactiva. Por otra parte, no tiene efectos expansivos. El Gobierno comunicó al Tribunal que su decisión afectaría a 93 presos, entre terroristas y otros delincuentes. Aquellos son 60, más 10 en libertad provisional, todos etarras, a quienes se añaden 6 del GRAPO y uno del «Exército Guerrilleiro do Povo Galego Ceibe». Los comunes son 14. Cuando escribo estas líneas se han presentado al parecer 36 reclamaciones, que habrán de ser estudiadas caso por caso, teniendo en cuenta todos los factores en juego, incluso la validez de los beneficios penitenciarios alegados. Aquí no funciona ya la presunción de inocencia, pulverizada por la condena tras un juicio público con todas las garantías por ser «malhechores» como los califica la judicatura francesa. Se puede dar la circunstancia paradójica de que Henri Parot no resulte beneficiario de la doctrina que lleva su nombre. La Sala de lo Penal será la competente para los convictos de terrorismo y las Audiencias Provinciales para los demás, con participación del Ministerio Fiscal a quien corresponde por su misión constitucional un papel relevante y también de las Asociaciones de Víctimas, a las cuales el Estatuto aprobado por el Consejo de Ministros el viernes concede legitimación para personarse en estos procedimientos. Como reflexión provisional en este momento parece natural la sensación de náusea frente a la sentencia de Estrasburgo que la gente de bien ha padecido, haciendo del Tribunal Europeo un monigote con el cual jugar al «pim-pam-pun» para desahogarse. Tal reacción sería estéril si no volviéramos la mirada al interior de nuestra propia sociedad que sigue siendo «invertebrada» como la calificó hace un siglo Ortega y Gasset, con dos partidos políticos nacionales y mayoritarios ocupan en 325 escaños de los 350 del Congreso- aun cuando incapaces de ponerse de acuerdo en las cuestiones trascendentales. Pero ésa es otra historia que algún día será necesario abordar.

*De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

Magistrado emérito del Tribunal Constitucional