El futuro del PSOE no está escrito

El cara a cara no ha supuesto el fin de los enfrentamientos ni de las dudas en el PSOE. Aún queda por saber cómo el futuro secretario general tratará de unir el partido. o el papel que jugarán los militantes.

El cara a cara no ha supuesto el fin de los enfrentamientos ni de las dudas en el PSOE. Aún queda por saber cómo el futuro secretario general tratará de unir el partido

o el papel que jugarán los militantes.

Pedro Sánchez perdió una gran oportunidad. Intentó que la abstención a Rajoy fuera el centro del debate y no se salió con la suya. Sus acusaciones sobre un PSOE subalterno a la derecha fueron placadas sin piedad, tanto por Díaz como por López, que recordaron sus continuas derrotas electorales y los 85 diputados del PSOE. «Tu problema no soy yo, eres tú», le afeó Susana Díaz. La líder andaluza era la que más arriesgaba y salió airosa, convincente y situada en buena posición en la recta final. Patxi López consiguió su espacio, equidistante entre los dos aspirantes con más posibilidades, repartiendo un par de duros golpes a Pedro Sánchez, y salió airoso, sorprendiendo a propios y extraños, lo que le ha llevado a ser el –pírrico– vencedor de un debate que ha puesto, negro sobre blanco, la complicada situación de un PSOE que sigue arrojando un buen cúmulo de incógnitas.

1 Congreso Federal. Con el secretario general elegido el domingo 21, los socialistas elegirán en los «congresillos» a los delegados que acudan al Congreso Federal. La batalla será dura porque se puede dar una paradoja: que el ganador no pueda imponer sus tesis políticas porque no tenga la mayoría y, lo que es peor, no pueda conformar su ejecutiva. Cada delegado valdrá su peso en oro.

2 Superar la discrepancia. Difícil se plantea esta cuestión si tenemos en cuenta una frase de Sánchez: «Estamos en una involución democrática». Sánchez sigue atizando un enfrentamiento entre «bases y aparato», lo que dificultará la unidad el día después. Patxi López puede ser la clave en este sudoku y se ha erigido en el hombre de consenso, en un momento de insultos y descalificaciones. La unidad del partido sigue en el aire. Sánchez ha dicho en dos ocasiones que respetará los resultados, pero las sospechas de una desbandada si pierde siguen latentes en el PSOE.

3 Congresos territoriales. La travesía del desierto no finalizará con el Congreso Federal. Cuando éste acabe se iniciarán los congresos de las federaciones que deben elegir sus nuevas direcciones. Si gana Pedro Sánchez las primarias, este proceso va a agudizar los enfrentamientos.

4 El papel de la militancia. Sánchez quiere un modelo sustentado en «ningún militante sin voz, ningún responsable sin control», o «abrir las puertas a los militantes y cerrarlas a los notables», mientras que Díaz aboga por «no me esconderé tras los militantes para eludir mi responsabilidad». López denunció insultos: «Estoy harto de que nos llamen traidores», abogando por «recuperar la ilusión». El congreso deberá abordar este debate que oscila entre el asamblearismo de Sánchez y las posturas más moderadas de Díaz y López que no quieren enterrar la democracia representativa.

5 Modelo territorial. Susana Díaz ha acusado a Sánchez de dar bandazos –en el debate se enredó con su «nación de naciones»–, y Patxi López lo ha puesto en cuestión por sus cambios de criterio con una pregunta demoledora: «¿Sabes lo que una nación?». Este rifirrafe evidencia que el PSOE tiene una asignatura pendiente, y que será diferente en función del ganador. «Hay que decir la verdad», dijo Díaz, y «lo mismo en toda España».

6 Política de pactos. Sánchez salió vapuleado de esta cuestión en el debate, pero su definición será el eje del congreso. Sus partidarios apuestan por un entendimiento de las fuerzas de izquierda –citó el modelo de Portugal– mientras que Díaz apuesta por un modelo autónomo netamente socialdemócrata apostando «antes que pactar, ganar». López se sumó a este modelo: «No es con quién se pacta, sino el qué». Y Díaz le recordó a Sánchez su responsabilidad, «que la abstención fue difícil porque el PP, tóxico e infame, nos derrotó».

7 ¿Qué es el PSOE? El modelo político del PSOE afectado por la crisis generalizada de la socialdemocracia fue el gran ausente del debate. Ciertamente, el tiempo marcaba las intervenciones, que no fueron más allá de pinceladas o eslóganes como el de Pedro Sánchez de «abstención o alternativa de gobierno»; el de Díaz: «El PSOE debe reivindicar la política de la izquierda útil», o el de López: «Ni centro, ni izquierda artificial. Izquierda necesaria». La ponencia política será la piedra filosofal del próximo congreso y conviene no olvidar que su autor intelectual es Eduardo Madina.

8 La relación con el PP. Sánchez apuesta por pedir la dimisión de Rajoy, aunque no aclaró si se sumará a la moción de censura de Pablo Iglesias o presentará una propia. López dejó claro que «mi objetivo es ganar al PP y no pactar con Podemos», mientras que Díaz dijo que la derecha prefiere un «PSOE que pierda y no uno que gane». La nueva dirección marcará la interlocución con los populares y, sin duda, la continuidad de la legislatura.

9 El futuro del PSOE. Gane quien gane, el PSOE debe superar el debate cainita sobre los sucesos de los últimos meses. Hacer política desde el rencor nunca es buena consejera. Ciertamente, el PSOE tiene una crisis de identidad que sólo se superará mirando al futuro y no al pasado, aunque también los socialistas deberán decidir qué quieren hacer con su pasado, con su obra de gobierno y con sus líderes. Sólo Susana Díaz defendió la gestión de Felipe y Zapatero.

10 El secretario general. El que gane no sólo tendrá que definir el modelo de partido, la estrategia y la táctica. Tendrá que unir un partido enfrentado. Difícil papeleta para quien no desautoriza los insultos, o para quien ha vuelto a hacer una OPA a Patxi López: «Tus propuestas son las mías». Con respuesta demoledora: «Me parece bien que si no tenías ideas cojas las mías». Los tres candidatos se han puesto a disposición del ganador, pero sólo Susana Díaz ha dicho que «si no mejoro resultados, me voy». Todo un recado envenenado a Sánchez, que en el debate fue a por lana y salió trasquilado.