El partido de Colau se postula para gobernar con ERC tras las elecciones del 21-D

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no ha querido expresar su opinión sobre la continuidad del pacto de gobierno con el PSC
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, no ha querido expresar su opinión sobre la continuidad del pacto de gobierno con el PSC

A 39 días de las elecciones catalanas, la alcaldesa de Barcelona se parapeta en las bases para romper, por 323 votos de diferencia, el pacto de gobierno con el PSC.

Ada Colau ha cruzado la frontera de su pretendida equidistancia y ha enfilado la senda hacia el independentismo. Aunque la alcaldesa de Barcelona ha buscado moverse en el terreno de la ambigüedad, sus últimos pasos delatan el rumbo que han emprendido los comunes de cara a los comicios del 21 de diciembre. Participó en el referéndum del 1-O, suspendió la actividad en el ayuntamiento en protesta por el envío a prisión de los líderes de ANC y Òmnium, asistió el sábado a la manifestación que pedía la liberación de los ex consellers presos y ayer rompió el pacto de Gobierno con el PSC que daba estabilidad a Barcelona. Lo hizo sin manifestar su opinión al respecto, parapetada tras el escudo de las bases y trasladando a la militancia la responsabilidad de la toma de decisiones que corresponde a un gobernante. Con una baja participación (38%) y por un escaso margen de 323 votos, los afiliados de Barcelona En Comú avalaron que Colau rompa su pacto con los socialistas catalanes.

Los comunes decidieron la semana pasada someter a consulta la continuidad del gobierno de coalición. La coartada: el apoyo del PSOE al Gobierno para la aplicación del 155 en Cataluña, a pesar de que en el pacto se especificaba que cada formación actuaría de manera autónoma en las decisiones que no atañasen a la ciudad. El trasfondo: las continuas presiones internas y externas que la alcaldesa estaba recibiendo para romper el acuerdo. A favor de hacerlo votaron 2.059 personas (54,18%); en contra, 1.736 (45,68%). Desde su cuenta de Twitter y a través de una cadena de mensajes, la alcaldesa aseguró que se trataba de una «decisión difícil», pero que se ha tomado «con radicalidad democrática». «Continuaremos gobernando en base a objetivos concretos. Con todo el diálogo que la ciudad se merece y buscando acuerdos con todos los grupos», explicó Colau, que también agradeció a Jaume Collboni, portavoz del PSC en el ayuntamiento, el trabajo conjunto al servicio de Barcelona. «Ojalá el PSC abandone pronto pactos con PP, Ciudadanos y Unión y recupere alianzas de izquierdas», escribió.

El resultado de la consulta demuestra que se ha primado el malestar por la actitud de los socialistas y el tacticismo político de cara al 21-D –donde los comunes se postulan ya como socios prioritarios de ERC para la Generalitat– sobre la estabilidad en el Ayuntamiento de Barcelona. Ambos partidos reconocían que el acuerdo «ha tenido muchos elementos positivos». Por tanto, luces cortas –a 39 días de las catalanas–, frente a las luces largas –cuando restan menos de dos años para las próximas municipales–. Las presiones a las que se ha visto sometida Colau en las últimas semanas no procedían únicamente de su gobierno, donde los independentistas son minoría, aunque se han significado públicamente en contra de los posicionamientos del PSC en la crisis catalana. Tanto la alcaldesa como el PSC, que también resistió sin romper la indefinición de Colau con el referéndum, eran partidarios de mantener el acuerdo, pero la semana pasada la regidora comenzó a ponerse de perfil y no respondió a los requerimientos de los socialistas catalanes a pronunciarse explícitamente en favor del pacto.

Críticas de los comunes

La ruptura del pacto con el PSC no ha sentado bien en algunos sectores de En Comú que ven como el partido se está alineando indiscutiblemente con los soberanistas. Dirigentes comunes calificaban el fin del acuerdo como «un tiro en el pie» o «un gol por la escuadra» de los secesionistas, «aquellos que sólo nos quieren divididos y peleados». De este modo, se consideran «víctimas» de la política de bloques que dicen combatir, porque aunque se manifiestan en contra de la declaración unilateral de independencia (DUI) y del 155, «siempre acabamos obedeciendo a los de la DUI». En la misma línea se expresó el líder de Catalunya Sí Que es Pot (CSQP), Lluís Rabell, en su cuenta de Twitter, donde calificó como una «pésima noticia para Barcelona y peor aún para Cataluña» la ruptura del acuerdo. Rabell quiso poner el acento en la falta de garantías de una consulta que –consideró– «condicionada, con un resultado previsible y destinada a vestir una decisión de ruptura tomada de antemano». «Una irresponsabilidad mayúscula», señaló. El líder de CSQP fue más allá y también criticó la actitud adoptada por Colau. «Que me perdonen los adalides de la “nueva política”... Una consulta sobre un pacto de gobierno en que el Gobierno “no tiene opinión” –pero no para de enviar mensajes contra los aliados– es un paripé demagógico promovido por gente que no se atreve a asumir sus decisiones».

Colau ganó en minoría las elecciones en 2015: obtuvo 11 concejales en un consistorio de 41 ediles. En mayo de 2016, alcanzó el acuerdo de gobierno con Collboni para paliar la falta de apoyos. Sumó a cuatro concejales socialistas que asumieron las áreas de Cultura, Urbanismo, Servicios Sociales y Comercio.