El PSOE se apunta el tanto pero no ve salida

Los socialistas aplaudieron efusivamente las intervenciones del líder del PSOE
Los socialistas aplaudieron efusivamente las intervenciones del líder del PSOE

MADRID- Saben que el presidente del Gobierno no va a dimitir y tampoco convocar elecciones; que la estrategia a seguir desde ahora dependerá en buena parte de la «munición» que tenga preparada -si es que la tiene- el ex tesorero del PP; que Rajoy ha podido calmar el desasosiego de los suyos por la ausencia de explicaciones pero, en absoluto, ha convencido a los españoles ni recuperado la credibilidad perdida. Una vez que Rajoy ha comparecido en las Cortes, el camino a recorrer por el PSOE no es fácil más allá de que pueda apuntarse el mérito de haber logrado con la amenaza de la moción de censura que el presidente acudiera al Parlamento. De hecho, hay quien apuntaba que para los intereses socialistas hubiera sido mejor que Rajoy no hubiera comparecido y se hubiera ido de vacaciones sin dar explicaciones. El hilo de la cometa hubiera dado para todo el verano.

Por más que Rubalcaba se conjurara ayer para no permitir que la sociedad metabolice este caso tras la comparecencia del presidnete, en la sede de Ferraz no saben muy bien cómo lo harán. De hecho hay división entre quienes presionan con la moción de censura y quienes, por otra parte, creen que ese in strumento aceleraría el calendario orgánico previsto por Rubalcaba porque el partido no permitiría que fuera él quien pidiera para sí el apoyo de la Cámara Baja.

Pese a todo ello, los socialistas salieron ayer satisfechos con el discurso de Alfredo Pérez Rubalcaba, si bien hubo quien echó en falta un cuerpo a cuerpo más intenso desde el minuto uno, mucho más tras ver cómo el presidente del Gobierno salió al ataque desde el comienzo. «Ha hecho bien en hacer un relato de los hechos y no entrar en opiniones políticas. Ha estado a la altura del mejor Rubalcaba», sostenía un destacado socialista que añadía acto seguido «lástima que nadie le escuche».

Esta es la sensación mayoritaria, la de que pese a que el secretario general del PSOE tiene «amortizado» su tiempo, se resista a renocer que su salida de la primera línea es inexorable e imperativa para que el PSOE recupere el pulso y la fuerza perdida con alguien que sea capaz de «ilusionar» a propios y a extraños.

Claro que todo esto lo piensan los críticos, porque los afines a secretario general y la Ejecutiva no tenían ayer más que buenas palabras para la «actuación» de Rubalcaba y reproches para el presidente del Gobierno que, a juicio, de muchos «no se ha dado cuenta de que tiene un problema muy grande» y en lugar de tomar decisiones y resolverlo se dedica a «arremeter contra todo el mundo».

«Tanto afán por demostrar seguridad desde la tribuna que la convirtió en altanería y prepotencia», se quejaba un miembro de la dirección del grupo socialista que a la vez advertía de que el caso Bárcenas no se acaba con la comparecencia del presidente porque varios de sus dirigentes tienen cita próximamente en la Audiencia y que el PSOE estará atento a los acontecimientos. Hasta entonces la pregunta más extendida era ayer: «¿y ahora qué?» Ahora, respondió un veterano diputado, «ni los españoles recuerarán la confianza en el Gobierno ni tampoco en el PSOE». Ese es el drama de los socialistas.