Embajadores en Madrid expresan sus recelos ante el desafío de la Generalitat

Los han trasladado de manera informal al Gobierno. El Ejecutivo de Mas mantiene «muy al día» al cuerpo consular

Mas viajó a Moscú a principios de noviembre para «situar» a Cataluña fuera de España
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Oficialmente antes de actuar el Gobierno está a la espera de conocer en qué se sustancia de verdad el plan rupturista en el que se sostiene la alianza de Gobierno de CiU y ERC. «Prudencia, política de Estado y buenas formas», explican en Moncloa cuando se les pregunta por las respuestas a los mensajes que llegan desde la elite dirigente catalana. Pero oficiosamente el Ejecutivo sigue tocando todas las teclas que tiene a su alcance y aprovechando las oportunidades que se le ofrecen para «hacer pedagogía» –sostienen– frente a la «propaganda» del presidente de la Generalitat, Artur Mas, y de sus compañeros de gobierno.

En Moncloa siguen confiando en que la incompatibilidad entre CiU y ERC haga saltar su pacto por los aires, y de ahí lo de ajustar su estrategia al lema de «esperar y ver». Y también creen que la salida puede llegar de la propia sociedad civil catalana, es decir, de la ruptura del silencio que hasta ahora han mantenido empresarios y otros agentes sociales.

Está por ver si a la Generalitat se le abrirá esa brecha, como también si Unió llegará a plantear problemas serios que trasciendan las declaraciones de advertencia y de distanciamiento sobre las decisiones de CiU y ERC. De donde sí están empezando ya a llegar mensajes de extrañeza y de recelo ante la deriva de la Generalitat es del exterior.

De hecho, de manera informal hay embajadores en Madrid que han trasladado a representantes del Ejecutivo su desconfianza ante las «rarezas» del Gobierno de Mas y ante el plan rupturista que se deriva de la declaración que CiU y ERC pretenden aprobar en el Parlamento regional el próximo día 23.

El mundo diplomático se rige por consignas muy estrictas y por el mandamiento superior de la corrección política, pero también tiene sus mecanismos, sin pasar por la consulta oficial al ministro de Exteriores, para trasladar mensajes cargados de contenido político.

Fuentes gubernamentales sostienen que entre las delegaciones diplomáticas hay «extrañeza y sorpresa» por algunas de las cosas que están viendo que ocurren en Cataluña. Y que si llega el momento, si hay decisiones sobre la mesa, ese «ruido» se materializará en pronunciamientos de las instancias comunitarias, como ya los ha habido «en el pasado» –recuerdan.

No hay que olvidar que hay varios miembros de la UE con procesos secesionistas dentro de sus propias fronteras que permanecen muy atentos a la evolución de los acontecimientos en nuestro país. Según fuentes diplomáticas, «hay varios países que ven lo que está pasando con miedo». Algunos, como Francia, tienen una implicación directa en las reivindicaciones soberanistas catalanas desde el punto de vista geográfico. Lo digan o no en voz alta, según las las mismas fuentes, es un tema que se trata a puerta cerrada porque hay mucho en juego.

Desde el punto de vista militar, por ejemplo, el «nuevo país» catalán no podría contar con un Ejército propio por razones numéricas y económicas, con la consiguiente preocupación de otros vecinos del Mediterráneo ante el flanco que quedaría descubierto. Resulta evidente que la Alianza Atlántica no prestaría su protección a un virtual nuevo Estado que no fuera contribuyente. Aunque existen otros países más al este de Europa que no observan la situación con tanta aprensión, la deriva nacionalista catalana preocupa a todos los grandes socios europeos porque las consecuencias afectarían a la UE en todo su conjunto.

En este sentido, las cancillerías también sirven de mensajeros de sus respectivos gobiernos para hacer llegar a la Generalitat su mensaje de malestar. Las citadas fuentes diplomáticas añaden que el Gobierno catalán continúa su particular batalla mediática y mantiene «muy informado» al cuerpo consular acreditado en Barcelona para tratar de contrarrestar los contactos que se producen en Madrid.