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Ferraz entra en pánico ante la desbandada de votos a Podemos

En el PSOE temen que el 26-J se materialice el «sorpasso» por estirar la entente con C’s, un partido «inequívocamente de derechas»

En el PSOE temen que el 26-J se materialice el «sorpasso» por estirar la entente con C’s, un partido «inequívocamente de derechas»

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«En mayo volveré como presidente del Gobierno». Con esas palabras, Pedro Sánchez persistía la semana pasada en Córdoba en su estrategia de tirarse de cabeza contra el muro. Alimentar la esperanza de un acuerdo que le lleve a La Moncloa, sin necesidad de pasar de nuevo por las urnas, va tan unido al líder socialista casi como su propia piel. Y ellopese a que son ya muchas las voces en la misma sede de Ferraz que creen llegado el momento de la reflexión y, lógicamente, de la inflexión. Pero no para Sánchez, que sigue empeñado en agarrarse al único clavo que le queda, por mucho que ardan sus manos. El secretario general del PSOE, erre que erre, continúa alimentando sus posibilidades de llegar al poder. Ignorando (o disimulando), tal como resalta algún vip socialista, que ese empecinamiento empieza a jugar en su contra... y no digamos ya en contra de su partido.

Más allá del reducido círculo de fieles a Pedro Sánchez, la verdad es que el desánimo y la impotencia se han instalado en las filas socialistas. Lo que quita el sueño a muchos dirigentes es que si al final el calendario marca finita la legislatura, se produzca un efecto bumerán, es decir, que el soufflé mediático, bien pergeñado estas semanas, se desinfle a las puertas de iniciar una nueva carrera electoral. «Lo que necesitan nuestras bases –avisan fuentes solventes– es un giro a la realidad». Y dejar de alimentar la expectativa de un cambio inmediato en la gobernabilidad del país sería sin duda una buena manera de iniciar ese giro.

Ocurre, sin embargo, que la dirección del PSOE no da con la estrategia que permita colocar a su formación en la casilla de salida a las urnas sin que cunda el desaliento entre los suyos. Más aún, los ecos que llegan hasta la dirección del partido sobre lo que se comenta en sus sedes territoriales constata lo escépticos que están los militantes socialistas al ver cómo se prolonga un acuerdo con Ciudadanos (una formación para ellos «inequívocamente de derechas») que no sólo no da frutos, sino que es considerado el gran obstáculo para sacar a Rajoy de La Moncloa. En Ferraz hay auténtico pánico a la desbandada de votos a Podemos que todavía puede llegarles por su izquierda, precisamente por estirar más de la cuenta la entente con Albert Rivera.

Con todo, la fiesta de presentar a Sánchez como presidente in pectore acabó hace tiempo. Al menos si el territorio que se busca explorar incluye a la formación naranja. Claro. Siendo coherentes con el camino emprendido, ahora lo que tocaría es recoger los restos y buscar recomponer los destrozos. «Cuanto antes», advierten esas mismas fuentes socialistas. Así pareció que iba a hacerse cuando el portavoz del Grupo Socialista, Antonio Hernando, retiró la posibilidad de ofrecer más ofertas o contraofertas a Podemos porque Pablo Iglesias, tras su sonoro portazo al tándem negociador PSOE-Ciudadanos, «no es de fiar». Aquella reacción gustó a buena parte de los barones de su partido, cansados de la insolencia de los dirigentes morados. Pero sólo un día después fue desautorizado en público por su líder, que volvió al discurso de intentar «hasta el último segundo», agarrado de la mano de Rivera, poner fin al mandato de Mariano Rajoy. Y ahí sigue. Pese a que su partido ha reactivado la maquinaria electoral. De hecho, Pedro Sánchez, tras su paso por Andalucía, tiene previsto desembarcar este mismo jueves en Vitoria y en San Sebastián, donde volverá a protagonizar encuentros con militantes.

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A escasos días de que el Rey vuelva a llamar a consultas a los líderes políticos los próximos 25 y 26 de abril, en la cabeza de los estrategas socialistas retumban insistentemente, sobre todo, dos elementos. De un lado, el sentimiento de engaño que se ha instalado en parte de la opinión pública española ante los partidos que han exagerado el «postureo» hasta el extremo, lo que beneficiaría electoralmente a quienes son percibidos como más auténticos, PP y Podemos. Del otro, los sondeos, que reflejan otra derrota socialista incluso más dolorosa todavía que la del 20-D. Ambos elementos, por supuesto, desembocan en el mismo mar: el que navega la desmovilización del electorado tradicional del PSOE. De ahí que a nadie pueda extrañar a estas horas que quienes viven de las cábalas electorales no descarten que si el 26 de junio se vuelven a desprecintar las urnas, el cacareado y temido «sorpasso» de Podemos al PSOE pueda ser una realidad política.